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El mexicano que fue albañil e intendente y ahora triunfa en Intel

Julio Zamora trabajó como albañil y fue intendente en las oficinas de Intel, en EU. El joven originario de Jalisco se propuso un día trabajar en la tecnológica que le dio nombre a Silicon Valley. Hoy lo ha logrado y su próxima meta es innovar para obtener más de 100 patentes en su historia.

15-08-2018, 9:56:05 AM
Julio Zamora, de Intel. Julio Zamora, de Intel.

Julio Zamora no pudo sobrevivir a la tarea de esparcir la arena y la grava ni empuñar el pico o la pala en su trabajo de albañil. Eran inicios del siglo XXI y el mexicano supo que con su poco conocimiento del idioma inglés no podía aspirar a un mejor empleo en California, Estados Unidos, pero un acontecimiento inesperado cambió su vida.

Una vecina lo acompañó a solicitar un nuevo empleo. El joven aspirante a ingeniero en electrónica descubrió asombrado que el lugar al que había llegado era la oficina de Intel y supo que ese era el lugar en donde siempre había querido trabajar. Hoy, Julio ya no carga una escoba ni limpia los laboratorios llenos de procesadores, pero sí trabaja en Intel y sueña con revolucionar a la empresa.

Hijo de padre agricultor y una madre dedicada a cuidar a sus seis hijos, Julio creció en Ciudad Guzmán, Jalisco, con una estrella que ni el mismo reconocía en un inicio.

Durante su carrera universitaria viajó a Estados Unidos para obtener recursos y mantener sus estudios en México. Fue albañil en la industria de la construcción estadounidense e intendente en Intel, lugar en donde descubrió que podría desarrollarse.

En la actualidad, Julio es científico de datos en el Centro de Diseño de Intel en Zapopan, Jalisco, y celebra 10 años de innovar en la empresa de sus amores.  La meta que se ha propuesto es lograr más de 100 solicitudes de patente para la firma estadounidense.

“Sería el logro de toda mi vida y sí me puedo ir con eso estoy bien”, dice Julio Zamora.

Julio no solo ha desafiado los retos que le ha impuesto sus propias circunstancias de vida, sino las cifras desoladoras de los egresados de ingeniería.

Cada año egresan 110,000 profesionistas cuando el país requiere más de 800,000, y se prevé que en los próximos cinco años la cifra de egresados vaya a la baja, de acuerdo con datos de la Coordinación General de Universidades Tecnológicas y Politécnicas.

Mientras que 6 de cada 10 jóvenes mexicanos no dominan conocimientos básicos de matemáticas, como problemas con fracciones, decimales o ecuaciones, de acuerdo con la prueba Planea 2017, que elabora el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

Julio Zamora cree que no existe un reto que sea insuperable y cuenta su historia como un testimonio del poder de sus creencias.

Julio Zamora, de Intel.

Al estilo Jalisco

Julio Zamora nació en el poblado de Zapotiltic, en Jalisco. Sin embargo, su niñez y adolescencia transcurrieron en un pueblo llamada El Tulillo, el cual solo le ofrecía al pequeño jalisciense la oportunidad de estudiar la educación primaria, puesto que la comunidad no contaba con secundaria.

El pequeño jugaba con cajas de madera a construir autos y trenes, mientras trataba de convencer a su padre para desarmar una lavadora que la familia había obtenido en esos años, para que pudiera avanzar. Ahí nació su curiosidad por la tecnología y el desarrollo.

“Mis papás decidieron que nos moviéramos a la ciudad para que nosotros pudiéramos estudiar y así fue como nos movimos a un lugar llamado Ciudad Guzmán, cuando solo tenía 8 años y estaba por cursar el tercero de primaria”, dice Zamora.

El joven científico recuerda que, en aquel lugar de Jalisco, en donde vivieron personajes como el escritor Juan José Arreola y el muralista José Clemente Orozco, la escuela era un mercado dividido en tres bodegas, de las cuales una de ellas era su salón de clases.

Un examen lo llevó ha ser reubicado del cuarto año al sexto año de primaria, y así fue como entró a la secundaria cuando era un estudiante de apenas 10 años, pero los conocimientos y méritos académicos vistos hasta ese momento serían opacados por las nuevas compañías de la nueva escuela.

“Agarre la pinta y empecé a bajar mis notas. En la escuela me empezó a ir muy mal y estuve a punto de ser expulsado de lo mal que me iba”, recuerda Julio.

Fue en ese momento que Ricardo Acosta, su maestro de matemáticas, decidió salvarlo, ya que se dio cuenta de que el entonces adolescente tenía una oportunidad en el mundo de la academia. La forma de rescatarlo fue que el docente se erigió como una especie de banco para prestarle puntos en sus evaluaciones.

Cuando Julio obtuvo un seis en uno de sus exámenes, el profesor le prestó un punto, el cual era pagado si el estudiante obtenía un ocho en sus evaluaciones, pero, en caso contrario de bajar su calificación le sería restado el préstamo.

Julio no falló y el préstamo del docente se fue incrementando hasta que su aprendiz obtuvo el 10 en sus exámenes. El financiamiento había surtido efecto y puedo demostrar que el originario de Zapotiltic tenía la capacidad para crecer académicamente, pero no se había esforzado lo suficiente.

“Ahí fue cuando empecé a echarle muchas ganas a la escuela, ya que antes creía que no tenía la capacidad”, dice Zamora, quien se volvió un participante recurrente en los concursos de matemáticas durante el bachillerato.

 

 

Julio Zamora, de Intel.

“Esto es fascinante”

A sus 14 años, el jalisciense dio clases de matemáticas a grupos de 50 personas. El camino hacia una carrera relacionada con las matemáticas estaba trazado.

Tiempo después, el joven decidió estudiar una ingeniería en Jalisco, Julio se dio cuenta que debía buscar los recursos económicos para acabar su carrera, ya que cubrir las necesidades de una familia numerosa solo deja espacio a desafiar las circunstancias y volverse un millonario de ideas.

Durante su carrera universitaria viajó a Estados Unidos para obtener recursos y mantener sus estudios en México. Fue albañil en la industria de la construcción estadounidense e intendente en Intel, lugar en donde descubrió que podría desarrollarse.

Limpió botes de basura, oficinas, escritorios y lámparas. Su pasado no le causa ni un mínimo asombro, sino que describe meticulosamente cada detalle.

“Veía los premios de toda la gente que estaba trabajando ahí y conocí a las personas que habían trabajado en los microprocesadores… yo decía: ‘esto es fascinante’”, dice Julio Zamora, quien recuerda la recomendación de los ingenieros estadounidenses para que aspirará a un puesto en Intel.

Así regresó a México para terminar su carrera, estudiar una maestría y doctorado en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), después, viajó fuera de México para estudiar un posdoctorado en Robótica y Humanoides, en Corea del Sur.

Una cubeta, un colchón y una caja de jitomate fueron sus únicos muebles durante un tiempo en una casa sin energía eléctrica, y así comenzó a crecer en Guadalajara. Las dificultades económicas no fueron impedimento en su carrera para lograr sus aspiraciones.

“Hambres y tiempos difíciles sí pasé”, dice el ingeniero.

A su regreso, una llamada telefónica interrumpió el silencio de su llegada, y al otro lado de la línea una cita con su historia estaba por cumplirse. Arturo García, de Intel, le hizo una propuesta de trabajo en la tecnológica.

Así inicio su trabajo en Intel.

“En México hay mucho talento y eso ayuda a que más gente sea contratada. En un principio nos decían que nadie había podía generar 5 patentes en un año, ya que era muy complicado… y ya lo hemos logrado”, dice orgulloso Julio.

Julio Zamora, de Intel.

Desafiarlo todo

En Intel Guadalajara Design Center cumple 18 años y cuenta con 1,100 empleados de planta, así como becarios. Un 10% de los colaboradores cuenta con carreras técnicas, 50% cuentan con licenciatura y 40% tiene maestría o doctorado. Ahí trabaja Julio.

Intel Corporation es el mayor fabricante de circuitos integrados del mundo.

En la actualidad, Intel Guadalajara tiene siete grupos enfocados al diseño, validación e investigación, y cuenta con más de 100 investigaciones publicadas, más de 500 Invention Disclosures (IDF) y más de 150 aplicaciones para obtener una patente.

Julio trabaja en aplicaciones de visión por computadora e inteligencia artificial.

Esta semana, el ingeniero y doctor viaja a China para presentar un artículo científico sobre inteligencia artificial. El científico por el Cinvestav cuenta con 12 artículos publicados y suma 18 solicitudes de patentes, aunque el sueño es sumar más de 100 patentes en su vida.

“Me gustaría un día ser reconocido como persona ilustre en Ciudad Guzmán. No nací ahí, pero sí crecí ahí”, asegura el hombre que admira a su padre y todos los maestros que han pasado en su vida. Su esposa y dos hijas son parte de la motivación que hoy le acompaña.

Julio nunca más ha vuelto a lidiar con los picos y las palas o limpiar las oficinas de su empresa. El mexicano es un científico que descubrió que no hay imposibles para alguien dispuesto a desafiarlo todo. “Me pagan por jugar, por crear las cosas que siempre soñé. El talento siempre va a estar en las personas y solo es cuestión de que se decidan a darse cuenta de que las cosas son alcanzables”.

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