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Paradoja de Easterlin: por qué México es más feliz que Francia

La Paradoja de Easterlin nos dice que la correlación estadística de dinero y felicidad tiene un tope. Esto significa que quien tiene una casa es mucho más feliz que la que no tiene, pero una persona que tiene dos casas no es más feliz que la persona que tiene una.

14-06-2018, 6:05:40 AM
Paradoja de Easterlin

El dinero no compra la felicidad”, asegura la sabiduría popular más como una justificación de la pobreza que como una advertencia al éxito económico inminente.

Sin embargo, la afirmación no es descabellada: el economista Richard Easterlin se tomó el tiempo, allá por los 70, de generar un estudio que ahonda en la relación dinero-felicidad. El resultado es lo que se ha conocido como la Paradoja de Easterlin.

“La Paradoja de Easterlin nos dice que la correlación estadística de dinero y felicidad tiene un tope”, dice Francisco García Pimentel, académico de la Escuela de Empresariales de Ética y Negocios de la Universidad Panamericana.

“En efecto, empieza con una curva que es claramente creciente, en la que a mayor cantidad de dinero e ingresos hay un aumento de la felicidad”.

García Pimentel explica que definitivamente hay una percepción de bienestar y éxito que marca una brecha importante entre las personas que alcanzan a cubrir las necesidades básicas y las que no (entiéndase contar con un techo, con vestido, con la opción de adquirir un refrigerador o un comedor, por ejemplo).

Esa primera parte de la curva indica que sí hay una relación entre felicidad y dinero; sin embargo, conforme el caso se vuelve más ambicioso, las brecha se cierra.

“Lo que esto refleja es que una persona que tiene una casa es mucho más feliz que la que no tiene, pero una persona que tiene dos casas no es necesariamente más feliz que la persona que tiene una, y una persona que tiene 10 casas tampoco debe ser mucho más feliz que la que tiene una o la que tiene dos”, abunda el especialista.

Un claro ejemplo se puede ver en la serie Breaking Bad, en la que el personaje principal, un profesor de química llamado Walter White, llega a acumular una fortuna luego de involucrarse con el narcotráfico, pero el incremento de esa riqueza se vuelve directamente proporcional al deterioro en su estado emocional.

“La curva empieza a detener su crecimiento hasta el momento en que se vuelve prácticamente plana. Aunque haya una gran cantidad de dinero, ese dinero deja de abonar a la felicidad, porque no se puede traducir en bienes que se disfruten de manera natural”, apunta el académico.

Incluso hay teorías para la segunda parte de la curva, en la que algunos esutidosos afirman que normalmente empieza a decrecer, pues la gente demasiado rica puede exteriorizar tendencias depresivas y hasta suicidas.

“Se puede perder el sentido de la vida. Hay muchos casos de millonarios que se suicidan y ni siquiera es algo raro para nosotros: estrellas de Hollywood, de la música, empresarios”, explica García Pimentel.

La Paradoja de Easterlin no es muy reconocida fuera de las escuelas de economía, pero bien podría explicar casos como la muerte de la cantante Amy Winehouse o el malhumor permanente del presidente Donald Trump. ¿Podría?

México vence a Francia

El estudio World Happiness Report 2017, realizado por un grupo de expertos y respaldado por la ONU, lleva en sus resultados una sombra de la Paradoja de Easterlin.

De acuerdo con el documento, que se basó en estadísticas tanto objetivas (PIB per cápita y esperanza de vida), como subjetivas (apoyo social, libertad para elegir, sensación de corrupción y percepción de generosidad), la felicidad no va obligatoriamente ligada a los índices de riqueza de las propias naciones.

Pese a que el top ten lo lideran países nórdicos y potencias europeas, también se concluye que Costa Rica (lugar 12 en el ranking) es un país más feliz que Estados Unidos (14), o que Chile (20) está por arriba de Emiratos Árabes Unidos (21), y México (25) mejor posicionado que Francia (31).

Leer: ¿Cuáles son los países más felices del mundo?

“La relación entre felicidad y riqueza se ha discutido desde los griegos, pasando por la filosofía medieval, la renacentista y la moderna”, explica el profesor José Ganem, investigador del Departamento de Humanidades de la Universidad Panamericana.

“Aristóteles explicaba que debemos de tener un mínimo de riqueza para poder alcanzar la felicidad, es decir, mientras podamos cubrir las necesidades básicas uno se convierte en un sujeto que puede aspirar a la felicidad”.

Para pensadores como Séneca o el propio Aristóteles, la característica principal de la riqueza radica en que se trata de un factor no inherente del ser humano, externo, por lo que tiende a devaluarse: el dinero cambia de valor en la sociedad o es susceptible de que alguien lo robe.

“Es mejor hacer valer la felicidad en un estado interno del ser humano, no tanto de bienes externos o materiales”, dice Ganem.

Para el especialista en temas filosóficos y de comunicación, hay algunas claves sobre la felicidad de las que no siempre es consciente el individuo y mucho menos la sociedad.

La felicidad depende de las mismas personas

“No hay que basar toda nuestra felicidad en la acumulación y adquisición de recursos, también hay que hacer un énfasis en que la felicidad depende de nosotros, debe ser autónoma. En un país como el nuestro, hay que apostarle mucho a temas económicos para mejorar la situación, pero no confundir felicidad con una noción de bienestar material: debemos educar a las personas para cambiar esa visión”.

Falta de cuestionamientos

“Las preguntas existenciales que la persona se hace a lo largo de su vida sobre sí misma, sobre el propósito de su existencia, ayudan a orientar y demostrar que hay diferentes etapas de crecimiento, que si los jóvenes no logran el éxito tan rápido como esperan no significa que no va a llegar”.

Qué tan felices se ven hoy los mexicanos

“El mexicano tiene una psicología y una forma de ser que lo ha hecho sobresalir del resto del mundo: es reconocido por su cercanía, por su calidez, por su hopitalidad. Sin embargo, así como somos muy cálidos con el extranjero, también podemos tener relaciones muy complicadas entre nosotros. Nuestra historia está llena de eventos de confrontación internos”.

Cambiar la narrativa de la felicidad desde…

Las universidades: “Hay que cambiar el discurso universitario que dice que los alumnos solo vienen a profesionalizarse; la universidad también es un encuentro con la cultura, con las humanidades, con el hecho de cuestionarse sobre su propia vida y su papel dentro de la sociedad”

El Gobierno: Lo que podría hacer para desligar esta idea de que la felicidad y el dinero van de la mano es crear más espacios de reflexión, de cultura, de dispersión. Tener más acceso a los libros e impulsar la idea de que el dinero más bien es un medio para alcanzar algo más.

Medios de comunicación: Sería bueno empezar a limitar los modelos aspiracionales de la mercadotecnia, los que dicen que si uno no tiene tal automóvil o cierto estilo de vida no puede encajar en la sociedad. De alguna manera, los medios de comunicación tienen el enorme papel de reconfigurar nuestros imaginarios para mostrarnos que la felicidad no se resume al éxito natural, sino que hay objetivos de mayor realización.

Leer: El método japonés para tener una vida plena y feliz

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