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Este es el infierno que vives al transportarte de tu casa al trabajo

¿Cuánto tiempo pasas transportándote de tu casa al trabajo? ¿Es posible verle el lado bueno a ese infernal trayecto que se vuelve rutina?

17-08-2018, 5:01:37 PM
trabajo

Por David Bissell / The Conversation

Pocas actividades de nuestra vida cotidiana se han ganado una notoriedad tan grande como los trayectos que recorremos a diario. El hecho de que las palabras “infierno” y “pesadilla” se invoquen a veces para describir los viajes hacia y desde el trabajo indica cuán menospreciado es a menudo esta parte de nuestras vidas. El viaje a menudo se ha descrito en términos distópicos, representando todo lo estresante y cansado de nuestras rutinas diarias.

Estos viajes a menudo son tan rutinarios que raramente nos detenemos a pensar en ellos. Los investigadores han explorado temas como el vínculo entre los desplazamientos diarios y nuestro bienestar, y, a menudo, entre mayor desplazamiento menos bienestar.

trayecto entre el trabajo y la escuela

Y hay estadísticas, como los tiempos de viaje entre ciudades. Una encuesta en Londres, por ejemplo, informó que, en promedio, los trabajadores británicos pasan un año y 35 días recorriendo 308,607 kilómetros en sus vidas. Otros estudios indican que el trabajador promedio en Gran Bretaña gasta 139 horas al año en trayectos de la casa al trabajo, el equivalente a 19 días laborales estándar.

Esta información proporciona una vista panorámica de nuestros trayectos diarios. Aparte de tales diagnósticos de alto nivel, se sabe poco acerca de cómo los desplazamientos están transformando la vida urbana. A continuación podremos apreciar cómo el viaje hacia y desde el trabajo es una esfera extraña y liminal de la vida cotidiana, llena de todo tipo de eventos y encuentros que, para bien o para mal, hacen una diferencia en lo que somos.

Salir de la rutina

Escuchar la conversación de un extraño. Ver los primeros rayos del sol de la mañana mientras escuchas a un artista favorito. Atrapar momentáneamente la atención de la persona sentada a lado. Notar que la persona en el auto de a lado tiene lágrimas corriendo por sus mejillas.

transporte ciudad de mexico, trabajo

Notimex

Estos encuentros aparentemente intrascendentes son significativos porque pueden transformarse en formas sutiles pero poderosas. Podrían sacarnos de nosotros mismos, convirtiendo nuestros propios dramas en las vidas de otros, intensificando nuestro sentido de conexión con mundos más allá del nuestro.

Todos los encuentros que experimentamos en nuestros desplazamientos, todos los entornos de viaje por los que pasamos, nos impresionan y dejan su huella. Incluso si no somos conscientes de cómo un evento nos ha afectado en el momento, podemos darnos cuenta, a veces mucho más tarde, de cuán contundente fue ese evento. Con el tiempo, y mediante la repetición, lo que experimentamos se convierte en parte de lo que somos, y lo que somos viene a ser parte de los entornos por los que pasamos.

Lo que esto significa es que, en lugar de transportarnos pasivamente, los viajes diarios y los sistemas de transporte nos están cambiando activamente.

A mediados del siglo XX, cuando los suburbios de la ciudad crecían rápidamente, el filósofo Henri Lefebvre estaba preocupado de que el correspondiente alargamiento de los viajes al trabajo fuera una señal de que nuestro tiempo libre estaba desapareciendo por las exigencias del trabajo. Sin embargo, lejos de ser una zona de “tiempo muerto” inducida por el trabajo, como suele ser asumido por los economistas, el trayecto es un momento en el que nos ocupamos de todo tipo de actividades que dan forma a lo que somos.

Mi libro recientemente publicado, Transit Life: How Commuting Is Transforming Our Cities, se basa en cuatro años de investigación de experiencias de viaje en Sydney. En lugar de evaluar si estas cosas son innatamente buenas o malas, la investigación me enseñó que, al igual que un prisma, el viaje refracta tantas otras partes de nuestras vidas.

Cómo nos cambia el viaje

Una mujer que entrevisté me dijo que su nuevotrayecto era mucho más corto que el anterior, por lo que tendría que sentarse unos minutos en su automóvil una vez que llegara al trabajo. Sintió que había llegado demasiado rápido y deseaba más tiempo de transición.

Otra mujer me dijo que se había cansado del bombardeo sensorial de conducir al trabajo. Ella eligió cambiar al tren, lo que extendió su viaje diario por una hora y diez minutos. Pero esto le dio tiempo para hojear novelas.

Luego estaba el hombre que hizo un curso de ciclismo de cercanías para reducir la profunda ansiedad que sentía sobre el ciclismo en el tráfico peligroso. Esto terminó siendo el catalizador para su elección de seguir una nueva carrera ayudando a otros futuros ciclistas a navegar por el tráfico.

metro, trabajo

Otra mujer se lamentaba de cómo su largo viaje en automóvil y luego en tren le quitaba el tiempo que, de otro modo, podría pasar en su casa. Sin embargo, ella habló con mucho cariño sobre la sensación de comunidad que se había acumulado durante años en el vagón de su tren, y cómo la gente se cuidaba mutuamente, asegurándose de que no hubieran dormido más allá de su parada.

Decir que ir al trabajo es una actividad negativa o positiva oculta su naturaleza fundamentalmente indeterminada. Los trayectos pueden cansarnos, agotarnos y costarnos, pero también pueden animarnos, emocionarnos y energizarnos. Tanto el veneno como la cura, el viaje es una zona en la que las tensiones y contradicciones, las diversas influencias y deseos que son nuestras vidas, pasan a primer plano.

La multitud de eventos y encuentros experimentados en nuestros viajes diarios pueden llevarnos a hacernos preguntas que atacan a nuestro núcleo. ¿Por qué las acciones de esa persona me afectaron? ¿Qué fue lo que hizo el viaje de hoy que me siento en paz?

Una confrontación única en tránsito podría sacudirnos y frustrarnos, pero las exposiciones repetidas a un entorno amenazante podrían cambiar nuestra constitución mucho más marcadamente. Un largo viaje al trabajo de vez en cuando podría ser soportable, pero hacerlo repetidamente durante años podría reconfigurar nuestros impulsos y deseos de manera más fundamental.

Nuestros desplazamientos vienen a cuestionarnos de maneras que pueden cambiar nuestros valores, hacernos replantearnos qué es lo que realmente nos importa y permitirnos reevaluar lo que nuestro trabajo, nuestras relaciones y nuestras comunidades podrían significar para nosotros. Atrapados en el tráfico, tal vez solo sea cuando nos sentimos en nuestro punto más limitado, o en nuestro punto más bajo, que una nueva forma de seguir en la vida podría presentarse.

Este texto fue publicado originalmente en World Economic Forum, con quien Alto Nivel tiene una alianza de intercambio de contenidos.

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