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La peligrosa dedocracia de López Obrador

Las “consultas” ya están incluidas en varias propuestas de López Obrador para el sexenio 2018-2024, y si se llegaran a hacer, ¿serán realmente consultas o son el dedo disfrazado del líder de Morena?

06-09-2017, 10:10:36 AM
lopez obrador

Andrés Manuel López Obrador presenta a primera vista una contradictoria oscilación entre dos formas para imponer su voluntad: la abierta y descarada y aquella en que realiza una “consulta” entre el “pueblo”. Por un lado, impone su voluntad personal, sin mayor trámite. Igual recibe consejo de sus familiares, colaboradores o asesores, pero finalmente dicta abiertamente, y sin apelación posible, lo que debe hacerse. Porque Morena tiene creador y dueño indisputado, que maneja el partido como un instrumento personal, claramente enfocado a llevar a su fundador a Palacio Nacional en julio 2018. La frase que retrata el ejercicio unipersonal de ese poder es simple: “lo que diga mi dedito”.

Dedo abierto o dedo disfrazado

Por otra parte, está la consulta, un ejercicio al parecer muy democrático. Las encuestas no son perfectas (basta preguntarle a Hillary Clinton), pero muchas son razonablemente certeras cuando tienen metodología y aplicación sólidas. Sin recursos para un referéndum abierto a todos los interesados, es una opción interesante al menos para tomar el pulso de la opinión pública en torno a cierto tema –e incluso justificar una decisión que acomode el sentir mayoritario.

Lo cierto es que no hay contradicción, pues ambas mecánicas son pilares de la dedocracia obradorista. Un ejemplo destacado son sus candidatas postuladas por su (literal) partido para una gubernatura, una del pasado muy reciente, la otra para un futuro cercano. Delfina Gómez fue la seleccionada por AMLO, sin mayor trámite, para el Estado de México. Una carrera política que no había merecido ningún reflector se vio repentinamente catapultada por la democracia digital morenista. De paso, el tabasqueño prácticamente la suplantó como abanderada del partido, haciendo campaña para ella y sobre todo para sí mismo. Fue la fuerza de AMLO, aunada a la gestión local y nacional de gobiernos priistas, la que casi la lleva al triunfo.

Monreal no es Ebrard

La historia no pudo ser más distinta en la entidad vecina: la Ciudad de México. Ahí el mecanismo fue la “consulta”. ¿Por qué la diferencia? Por una razón simple: Ricardo Monreal. El Delegado en Cuauhtémoc no era un suspirante más, sino una persona con base de poder, esto es, un problema potencial para un López Obrador al que no le gusta compartir su pastel. La jugada fue idéntica a la realizada en 2011 para aplastar las ambiciones de otra persona con poder propio, Marcelo Ebrard: la cacareada consulta. Ebrard oficialmente perdió y se disciplinó. Su estrella política habría de estrellarse posteriormente con el desastre de la Línea 12 del Metro.

La farsa de la más reciente consulta obradorista fue evidente de cabo a rabo, desde los participantes (el senador Mario Delgado tuvo que forzar su entrada), el desconocimiento sobre los detalles de la misma por parte de los aspirantes, la encuesta “espejo” de Monreal (que este ganó, por supuesto), los días que se tardaron en “procesar” la consulta, la forma de anunciar el resultado, el inicial rechazo a dar ningún detalle sobre la misma, y finalmente lo que se hizo público.

¿Qué mostraron los resultados? El ganador entre los 1,311 encuestados fue “No sabe/no contestó”, con 37.3% de los votos (esto es, serían 489 sufragios). Un resultado muy respetable, considerando que el segundo sitio lo obtuvo “Ninguno”, con 22.9% (300 votos). En tercer lugar llegó Claudia Sheinbaum, con 15.9% (208), seguida por Martí Batres con 10.1% (134). Esto es, Monreal ni siquiera quedó en segundo lugar (o cuarto, según se vea). Quedó oficialmente justo atrás de Batres, con 9.7% (129). En último lugar el senador Delgado se quedó con 4.2% (56 votos).

¿Esperaba López Obrador a un Monreal resignado ante la clara derrota (atrás de Batres)? ¿Una repetición de la lealtad de Ebrard? Si fue el caso, se llevó desagradable una sorpresa, pues hasta el momento no se sabe qué hará el ex Gobernador de Zacatecas. Igual deja Morena, o exigirá varios premios de consolación. Esa moneda está en el aire.

Lo importante es que la consulta mostró el dedo oculto, muy mal disfrazado en esta ocasión, de AMLO. Es que no fue mi dedito, sería su argumento, sino una consulta en que decidió la mayoría. Monreal, entre muchos, no parece comprar la idea de lo que, más bien, parece una burda maniobra.

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Lo mismo: gobernando a dedo y consultando

La relevancia estriba en la maña obradorista de imponer su voluntad, abierta o disfrazada. Porque las “consultas” ya están incluidas en varias propuestas de AMLO para el sexenio 2018-2024. Una, ya antes usada como Jefe de Gobierno capitalino, es una consulta para la “revocación de mandato” a los dos años de gobierno. El resultado puede anticiparse todavía con mayor certeza que aquel que le dio su peculiar victoria a Sheinbaum. No habrá duda que, de haber sido electo en 2018, AMLO será ratificado por ese ejercicio en 2020.

Otra promesa ya pública del tabasqueño es que someterá “las reformas” aprobadas en el marco del Pacto por México (2013-2014) a, por supuesto, consulta. Aquí el objetivo aparente no es deshacerse de un rival, sino justificar lo que hará y no lo que se espera que haga. Muchas personas que apoyan a AMLO desean que elimine las reformas, reiteradamente el líder de Morena se ha pronunciado contra ellas. Pero las reformas no pueden revertirse dado el costo de credibilidad y financiero (por ejemplo, resarcir a inversionistas extranjeros que han canalizado recursos en los sectores de telecomunicaciones y energía).

Lo que López Obrador ha dicho textualmente al respecto es: “En lo específico, expongo la postura que mantendremos en cuanto a las llamadas reformas estructurales (laboral, educativa, fiscal, energética, entre otras). De entrada, confieso que soy partidario de revertirlas. Tengo suficientes razones para sostener que no benefician al pueblo, sino que lo perjudican. Sin embargo, no responderemos a una imposición con otra imposición. Por ello, se consultará a la gente si las reformas se mantienen o se cancelan y se respetará la decisión de la mayoría”.

Así, en un solo golpe, haría una “consulta” sobre reformas completamente diferentes entre sí. Todo mezclado como en una licuadora. El batido resultante le dará la cobertura “popular” para mantener lo que ha comprobado que sí funciona: las reformas estructurales que en su momento rechazó.

En cambio, por ejemplo, sobre la construcción del nuevo aeropuerto capitalino, AMLO es firme: se cancelará lo hecho y la nueva terminal se construirá en la base aérea de Santa Lucía. No importa el avance, gastado o comprometido. Curiosamente, ahí no repite que no responderá a una imposición con otra.

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La continuación de las reformas estructurales puede sonar bien a inversionistas, y de hecho es una noticia positiva, que reflejaría al López Obrador pragmático que convive en simbiosis con el demagogo mesiánico. Pero el trasfondo es preocupante, pues muestra al autoritario que es un dedócrata y no un demócrata. Porque se hace lo que diga el dedito, en forma abierta o disfrazado como consulta.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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