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La historia de los otros migrantes que buscan el sueño mexicano

Por años, México ha sido uno de los pasos migratorios más grande del mundo. Hoy, muchos extranjeros nos prefieren como lugar para vivir. Sí, muchos venezolanos. Estos son los migrantes que decidieron vivir el sueño mexicano.

24-08-2017, 6:30:40 AM
La migración que prefirió el sueño mexicano.
Especial. La migración que prefirió el sueño mexicano.

Por Gabriela Rey

Grandes dramas económicos, demográficos, políticos, culturales, ambientales, de aislamiento o violencia ha causado el movimiento de personas desde los inicios de la humanidad. Es uno de los fenómenos más antiguos. Hoy, 231.5 millones de personas son migrantes, según la ONU.

México es uno de los mayores corredores migratorios del mundo. Cientos de miles de mexicanos, centro y sudamericanos transitan cada año hacia el norte y otros tantos regresan. Un número menor llega de manera legal de Estados Unidos, del Viejo Continente y, a veces, de África y Asia.

Aunque hay una pluralidad creciente, la mayoría de los extranjeros que arriban legalmente a México son familias de origen mexicano que residían en EU.

Hasta 2015, en México vivían legalmente 1’007,063 extranjeros; 43% de origen mexicano. Alrededor de 730,000 habían nacido en EU y 268,000 en otros países de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 de INEGI. La población total era de 119’530,753. Los extranjeros representaron menos del 1% (0.84%).

En comparación, el último Censo de Población y Vivienda del INEGI 2010, arrojó una población total de 112’336,538 habitantes. De estos, 738,103 eran migrantes nacidos en EU y 223,018 en otros países.

Los estados receptores

En 2015, Baja California era el estado con más extranjeros: 135,000; de estos, casi 124,000 provenían de EU. Algo similar ocurría en Chihuahua (88,000; con 80,000 de EU), Sonora (49,000; con 46,500 de EU) y Tamaulipas (58,000 por 54,000 de EU). En Baja California, geografía y clima determinan la llegada de quienes vienen a hacer negocios o a dejar los últimos años al sol en las blancas playas del Pacífico.

El estado más cosmopolita, Ciudad de México, ha recibido a casi 80,000 extranjeros; 16,000 de EU y el resto de otras naciones. En la capital suelen abrirse más negocios y se considera el mejor lugar para asentarse en cuanto a nivel de vida y desarrollo. Jalisco está a la cabeza en cuanto a atractivo: en 2015 tenía casi 79,000 extranjeros; con provenientes de 62,000 de EU. Las entidades con menor población foránea son Tlaxcala, con 3,500; Tabasco, con 7,000; Campeche, con 7,800, y Yucatán, con 8,700.

La historia censal sobre la población extranjera residente en México comienza a finales del siglo xix (1895). Los extranjeros en México, un estudio del INEGI, basado en el Censo de 2000, muestra el ritmo al que creció el flujo de foráneos: desde 1921 hasta comienzos de siglo pasó de 101,000 a casi medio millón.

Transcurrieron 100 años para que los extranjeros se multiplicaran por cinco. El propio estudio destaca el “lento crecimiento” y “lo poco significativa que resulta cuando se la compara con la población total”.

Dicho lo anterior, de 2000 al 2015 el incremento fue casi equivalente al de toda la centuria anterior, hasta sobrepasar el millón de extranjeros. La inmigración se acelera tras años de estancamiento.

Aumento en el flujo

Aunque ya era un fenómeno en aumento, la crisis financiera de 2008 impulsó a personas de muchos países hacia México, que favoreció la entrada por razones de estudio, trabajo y negocios.

Datos del Instituto Nacional de Migración (INM) indican que los migrantes hacia México se duplicaron de 2007 a 2008. En 2010 habrían crecido tres veces.

Pero también hay que contar a los que llegan por otros medios, de los cuales no se sabe quiénes permanecen en el país o se van. Según el fichero estadístico Impacto de las medidas de facilitación migratoria para la entrada a México de extranjeros que requieren visa, desarrollado por la Secretaría de Gobernación (Segob), entre mayo de 2010 y 2013 entraron a México 976,795 extranjeros con visa de EU, a falta de visa mexicana. Las nacionalidades se dividían en: Brasil, 320,468 (32%); Rusia, India y China: 141,092 (14.4%); Colombia, Perú y Ecuador: 252,595 (25.9%) y Guatemala, El Salvador y Honduras: 127,542 (13.1%).

Con el tiempo, la composición ha ido cambiando. En 2014, 2015, 2016 y los primeros meses de 2017, los mayores flujos de personas con esta visa provinieron de China, Guatemala y Ecuador, países que no figuran entre los mercados turísticos tradicionales.

Estudios ubican en diversos países el origen de la emigración hacia México: España, Colombia, Argentina, Cuba, Honduras, Venezuela, Canadá, Francia y muy recientemente Haití. Christopher Gascón, representante en México de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), identifica a chinos y coreanos y, en porcentajes menores, a bangladesíes, paquistaníes y nepalíes; mientras que de África vienen de Eritrea, Etiopía, Ghana, Camerún y Somalia, también con la intención de llegar a la frontera con EU.

Se estima que el flujo de migrantes chinos se ha triplicado y el de coreanos se han multiplicado en más de 12 veces, tomando como referente el Censo de 2010.

¿Economía exótica?

Hasta hace pocos años, las estadísticas carecían de detalle, desglose y periodicidad, propiciando visiones confusas. Dicho esto, es valioso entender el acervo que esos nuevos grupos migratorios han dejado al México moderno.

Al comienzo de esta década, México ya era el tercer país latinoamericano que más migrantes recibía, precedido de Venezuela y Argentina, con el fin de hacer negocios. Las principales nacionalidades estaban representadas, según reportes de prensa, por estadounidenses, guatemaltecos, españoles y canadienses.

Entre los privilegios que encuentran en el país figuran la posición geográfica, el clima, la cultura, la mano de obra capacitada y barata y los bajos impuestos, comparados con regiones como Europa.

En agosto de 2013, México otorgó 1,732 tarjetas de Residente Permanente (TRP) con permiso de trabajo a chinos, más que a estadounidenses: 1,653.

La Casa de Madrid ha reportado que, a raíz de la crisis de 2008, ha crecido la llegada de españoles de entre 25 y 39 años con formación media-superior, que buscan empleo o establecer pequeñas empresas. Datos de 2015 del INM mostraban a los españoles (7,900) como el grupo más numeroso de extranjeros residentes en Ciudad de México, seguido por colombianos (7,300) y venezolanos (más de 6,000). El cuarto grupo lo protagonizan argentinos, con casi 6,000. El quinto, los estadounidenses, no obstante ser el grupo más numeroso a nivel nacional.

En 2015, de los 75,156 extranjeros en Ciudad de México con un documento migratorio vigente, 43% eran residentes permanentes, 51% residentes temporales y más de 5% residentes temporales estudiando,

México ha favorecido la llegada de extranjeros interesados en fundar o traer empresas. La competencia interestatal por ofrecer incentivos a compañías foráneas es un hecho. Llegaron a contabilizarse 22 estímulos de capital, según ProMéxico; al menos la mitad ofrecidos por 16 entidades federativas. Destacaron la reducción de impuestos y derechos estatales y la disminución del Impuesto Sobre la Nómina (ISN) para quienes crearan nuevos empleos.

En ese marco, la Secretaría de Economía reportó 7,946 millones de dólares (mdd) de Inversión Extranjera Directa (IED) en México al primer trimestre de 2017, 39% más que el último trimestre del pasado año.

Otro flujo que ha crecido, aunque es imposible determinar su dimensión, es el de los estadounidenses que se mantienen en el país de forma irregular. El gobierno, aun en estas condiciones, se beneficia de este grupo porque es económicamente suficiente.

Se calcula que de 2015 hasta principios de este año el número de estadounidenses indocumentados en México había aumentado 37.8%, según el INEGI y el Departamento de Estado de EU.

Cubanos y venezolanos

A finales de 2014, los presidentes de EU y Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, decidieron restablecer las relaciones diplomáticas rotas desde los primeros años de la Revolución en la isla. El hecho histórico motivó el temor de muchos a la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano, por la cual el cubano que pisa suelo estadounidense puede obtener una residencia.

En 2014, esta decisión se hizo efectiva con la reapertura de las embajadas, con lo cual, la crisis de cubanos que atravesaban la región, la mayoría desde Ecuador, explotó. Ecuador no pedía entonces visa para entrar en su territorio, así que, liberados del permiso de salida al que los obligaba antes el gobierno de los Castro, miles de nacionales salieron rumbo a la tierra de Rafael Correa y comenzaron una larga peregrinación hasta la frontera norte de México.

A finales de 2015 y principios de 2016 esta crisis escaló a su pico máximo, cuando los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica cerraron las fronteras y la caravana de isleños se quedó varada en Panamá. Esta última, de conjunto con México y otros gobiernos, alivió la situación trasladando directamente a varios miles de cubanos a la frontera con EU. México ofreció entonces ayudas de diversa índole y salvoconductos para que llegaran a su destino a buen recaudo.

En enero de 2017, sin embargo, a punto de dejar la Casa Blanca, Obama anunció el fin de la política de “pies secos, pies mojados”, incluida en la Ley de Ajuste Cubano, por la cual recibían residencia quienes pisaran suelo norteamericano ilegalmente. Miles se quedaron detenidos en Nuevo Laredo y otras ciudades, a punto de cruzar la línea divisoria.

En enero de 2016, en un artículo titulado México crea migrantes de primera y de segunda, la agencia IPS llamaba la atención sobre lo contradictorio entre la concesión de visas que el gobierno mexicano otorgó a los cubanos en Costa Rica y el trato que reciben miles de centroamericanos.

En ese tenor, los defensores de los derechos de los migrantes responsabilizan a Estados Unidos por el trato preferencial; sin embargo, acusan a México de fomentar las disparidades. “…es el quiebre en el manejo de los flujos migratorios ordenados y seguros”, dijo a IPS el activista Danilo Rivera.

Por su parte, aunque desde el gobierno de Hugo Chávez el número de migrantes venezolanos aumentó, la situación se hizo masiva en 2013, con la baja de los precios del petróleo y la llegada de Nicolás Maduro.

En opinión de Albinson Linares, editor de The New York Times en México, hoy día entre 60 y 70% de esa migración es económica, porque ya no consiguen trabajo o la escandalosa inflación no les permite vivir.

“El venezolano tiene muchas aspiraciones. Pertenece a una clase media tradicional, que quiere comprar casa y coche. Eso en Venezuela ya no es posible. Como dice Karl Kraus, la migración es destino y Venezuela hipoteca su destino por cada inmigrado que se va”, asegura el periodista, que llegó a Ciudad de México hace tres años y ha sido testigo del rápido crecimiento de su comunidad en la capital azteca.

Para Linares la estabilidad económica, comparada con otros países de la región, es una buena causa, y por paradójico que suene, por la seguridad: “México es una burbuja envidiable, al menos en la capital. En Venezuela estamos rozando el exterminio. Los mexicanos no saben lo que tienen”.

El INM indica que en los primeros cuatro meses de 2017 llegaron a México alrededor de 28,500 venezolanos. Datos de la Unidad de Política Migratoria de la Segob indican que este año los venezolanos habían recibido más Tarjetas de Residentes Permanentes que ningún otro país sudamericano, y también más entradas al país por razones humanitarias.

“El gobierno mexicano les ha dado status de refugiado a muchos venezolanos por razones que no tienen que ver directamente con el tema político; por ejemplo, por enfermedades que no se pueden tratar hoy en Venezuela”, dice Linares, y reconoce que es una situación peculiar, dadas las rigurosas leyes migratorias de México. “El gobierno se ha portado bien. Ha sido sensible a la migración venezolana”, agregó.

La situación en Venezuela es tan cruda que quienes logran salir del país son, sobre todo, clase media en adelante; con alguna propiedad para vender y pagar un boleto de avión. Vienen ingenieros petroleros –muy bien recibidos–, ingenieros civiles, tecnológicos, médicos, comunicadores y emprendedores pequeños. También algunas grandes empresas que no toleran ya la incertidumbre de su mercado para las inversiones. Es el caso de la petrolera canadiense formada por venezolanos, Pacific Rubiales, quienes antes dinamizaron esta industria en Colombia.

“Son profesionales liberales”, dice el editor, cuya comunidad ha comenzado a invertir en negocios como papelerías, restaurantes, ubers, etc. “La gente de más bajos recursos se va a los países fronterizos. Hay gente haciendo cosas, estimulados por la maravillosa estabilidad del peso mexicano. La moneda milagrosamente se ha mantenido estable a pesar de Trump. México ha demostrado una estabilidad envidiable… eso los países de la región no lo tienen”.

La zona oscura

Por las fronteras mexicanas atraviesan miles de migrantes irregulares cada año para llegar al norte. Es la otra cara de la moneda: la emigración de centroamericanos, que viven en la miseria y esperan mejorar sus vidas. Este flujo ha estado expuesto a la ilegalidad, la violencia y la inseguridad por parte de la delincuencia organizada y por políticas de gobierno.

La OIM estima hasta en 400,000 eventos anuales el cruce de migrantes irregulares por México. Puede ser que una persona lo haga varias veces. En palabras de Gascón: “Estamos hablando de México como el corredor migratorio más importante y más constante del mundo desde hace varias décadas. Hemos visto, principalmente, de Guatemala, El Salvador, Honduras: 90% vienen de estos países con el propósito principal de llegar a EU, por temas de reunificación familiar, la situación económica y la inseguridad”.

La crisis migratoria generada en EU en 2014 debido a la llegada de miles de menores centroamericanos generó una gran ola de deportaciones. Pasados unos meses, la prensa mundial y las organizaciones enfocadas en temas migratorios reconocieron que la situación se trasladaba a México.

Un estudio del Washington Office on Latin America (WOLA) reconoció que, entre octubre de 2014 y abril de 2015, las autoridades mexicanas arrestaron a más migrantes centroamericanos que el propio gobierno de Obama. Así, la frontera mexicana se convertía en barrera de contención para la masa migratoria.

Según datos del INM y del Departamento de Protección de Fronteras (CBP) estadounidense, EU detuvo en esas fechas a casi 75,000 personas; en tanto en México alrededor de 93,000 migrantes eran deportados. La migración centroamericana no es recibida con ilusión: la pobreza es su principal desventaja.

El Anuario migración y remesas 2015 destaca la antigüedad de la migración de centroamericanos que transita por nuestro país para llegar a EU, que data de principios del siglo xx. Pero este siglo, el destino parece estar cambiando: entre 2012 y 2013 los centroamericanos devueltos por las autoridades mexicanas, que tenían como destino México, crecieron 14,2%, mientras que los que iban rumbo a EU se contrajeron 33,7%. Los centroamericanos que prefieren quedarse en tierras mexicanas son en 85.3% guatemaltecos.

La realidad es que nadie sabe con exactitud cuántos migrantes de esta región transitan o viven en México. Sin embargo, entre 2010 y 2015 el país deportó a unos 80,000 por año; en 2016, a 143,226.

Se estima que alrededor de 300,000 centroamericanos entran cada año a EU y unos 100,000 se quedan en México, temporal o indefinidamente. Se emplean en sectores con condiciones de semiesclavitud; otros son traficados o viven en la indigencia.

Gascón, de la OIM, aseguró que la deportación masiva de este grupo no tiene que ver tanto con un interés político como con el tamaño del flujo, ocasionado por la cercanía de las fronteras.

Sobre el mismo punto, Marcos Tello, representante del Movimiento Social por la Tierra de Chiapas, apuntó que el comentario de Gascón está descontextualizado, por cuanto deja de lado las políticas que sigue el Estado mexicano con los migrantes centroamericanos y del Caribe, inscrita en la concepción sobre seguridad nacional de EU.

“Para EU hay tres temas principales en su diseño de seguridad nacional: terrorismo, migración y narcotráfico”. Según Tello, la Casa Blanca opera directamente con Los Pinos y el gobierno guatemalteco en una iniciativa militar de control de fronteras, que se inscribe en el marco de un acuerdo existente con Honduras y El Salvador: el Triángulo Norte.

En palabras del también representante de la Articulación Mesoamericana de Movimientos Sociales hacia el ALBA, el trato que reciben los centroamericanos tiene dos aristas. Una es el control del flujo migratorio en el corto plazo, lo que posibilita a EU a dosificar la entrada de personas y permitir solo las que sirven como mano de obra en algunas áreas, para las que incluso los mexicanos ya no son ideales, porque su nivel de estudios ha subido.

Por parte de México, el trato tiene que ver con desalentar la migración. Los centroamericanos son competencia en la exportación de fuerza de trabajo. Entre 2010 y 2015, México repatrió a 498,141 personas, según el Anuario de migración y remesas, México 2016.

La tasa de deportación de este grupo en México está arriba del 95%, la más alta. EU tiene una tasa muy similar. “Contra estas poblaciones se ejerce todo tipo de violencia… es una política de terror de Estado que se lleva a cabo por grupos de las policías estatales, la policía federal e incluso elementos del Ejército Mexicano. Es un diseño de Estado y se complementa con el terror que ejercen bandas paramilitares (los Zetas y otros), que también trafican con los migrantes, los capturan y los meten a plantaciones o a empresas, casi en calidad de esclavos”, dice Tello.

Para el activista, la otra vertiente del drama es racial, asociada a la lógica de un capitalismo blanco, masculino y cristiano. Todavía hoy, “EU ve como un riesgo que los migrantes lleven herencias de tipo comunitario que hacen difícil la asimilación al modo de vida”. “¿Por qué se trata así a los centroamericanos? Porque son indios; poblaciones mestizas. El trato que se les da es el mismo que a un sector de la población nacional; las instituciones mexicanas son profundamente racistas, hipócritas”.

Según Albinson Linares del NYT, “México ve a Centroamérica como su patio trasero, si es posible esta analogía”. Durante una década, defensores de migrantes han demandado a Los Pinos la entrega de visas humanitarias para minimizar los riesgos. Pese a ello, tan solo en 2016, México devolvía a sus países al 94% de centroamericanos que llegaron ante las autoridades migratorias. Los datos tienen, en este dramático escenario, la última palabra.

Esta es la situación  de México y sus fronteras: un largo invierno donde muchos dejan la vida, otros los sueños y algunos encuentran la tierra prometida.

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