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La deuda que aún tiene Peña Nieto con México

La administración de Peña Nieto ha sido la más transformacional desde hace muchos años, pero también ha sido la más corrupta y con una gran deuda con el país.

30-08-2017, 11:22:35 AM
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La administración peñista está por iniciar el último tramo del sexenio con el Quinto Informe de Gobierno. Podría ser un momento de apogeo, pero está muy lejos de ello. Por el contrario, la popularidad presidencial en momentos se homologa con la tasa del IVA. La esperanza que marcaron los primeros dos años del sexenio, con el Pacto por México y la caída en la violencia, hoy brilla por su ausencia. Por el contrario, muchos ciudadanos probablemente preferirían que el sexenio llegara a su fin mañana en lugar de tener que esperar otros 15 meses.

Reformas transformacionales

Durante casi dos años la administración fue, como prometió en campaña, un gobierno con resultados. Las numerosas reformas aprobadas en el marco del Pacto por México son históricas, y tendrán un profundo impacto en el futuro mediato y lejano. Lo que parecía inalcanzable, Peña Nieto lo realizó con aparente facilidad. ¿Quién iba a decir que el petróleo iba a dejar de ser sagrado, ese campo exclusivo para el Estado por el intermedio de Pemex? Hoy se habla de empresas extranjeras, sin capital nacional alguno, explorando y extrayendo crudo.

La población, que se suponía tan nacionalista, ni siquiera pestañea ante cada nuevo anuncio. Las gasolineras con marca extranjera inician la invasión del territorio nacional, y nadie se enrolla en la bandera nacional (y menos se tira del Castillo de Chapultepec). Al contrario, se forman colas esperando gasolina de mejor calidad y, otro elemento importante, litros de a litro. El gas natural estadounidense ayudará a transformar la industria nacional, mientras que la Comisión Federal de Electricidad pierde terreno a pasos agigantados entre los grandes consumidores, y eventualmente verá la competencia en el ámbito residencial.

La Reforma (con mayúscula) fue realmente transformacional, y además ayudó a evidenciar la quiebra de Pemex y las ineficiencias de la CFE. Tarde (ojalá se hubiera liberalizado el sector en 1974, no en 2014), pero mejor que nunca.

Otra revolución está teniendo lugar en las telecomunicaciones, sobre todo evidente para la población en la telefonía celular. Una guerra de precios se desató con la entrada de AT&T al mercado. Telcel sigue siendo dominante, pero la empresa se ha visto forzada a responder abaratando sus servicios. La desaparición de los cargos por larga distancia implicó otro paso importante en competitividad. El imperio de Carlos Slim parecía intocable. Sigue siendo un imperio, pero con una clara competencia.

La Reforma Educativa tiene todos los números para ser igualmente transformacional. Ciertamente, es más bien una reforma administrativa del sistema educativo, pero muy necesaria. La batalla contra las rémoras que están en el ámbito sindical será larga, y costosa, pero la base existe ya para una profesionalización del magisterio.

Un gobierno descarrilado

¿Qué descarriló al gobierno? Lo ocurrido en Iguala fue un golpe brutal. El asesinato de 43 estudiantes (que por desgracia puede darse por hecho aunque nunca se hayan encontrado los restos) cimbró al país. Si bien pudo ser producto de una mafia criminal, contó con el auxilio directo de la autoridad electa. Los 43 personificaron a todas esas muertes que no debieron ocurrir: estudiantes, así y fuese en actividad de vándalos, no merecían, ni mucho menos, esa suerte.

Lo siguiente fueron las primeras acusaciones significativas de corrupción en contra del primer círculo gubernamental. Las muertes de Iguala prácticamente marcaron lo que sería el repunte de la violencia que hasta hoy sigue. La percepción de corruptelas es hoy generalizada. La administración es, sin duda, la más transformacional desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, pero percibida como la más corrupta desde los ya lejanos tiempos de José López Portillo. El limbo en que se encuentra el Sistema Nacional Anticorrupción muestra que no sólo el gobierno, sino muchos políticos de todos los partidos, tienen cola, y temen que se las pisen.

Finalmente, está el estancamiento económico. El presidente Peña ha presumido, con razón, que no ha habido una recesión económica durante su sexenio. Todo indica que ello será el caso durante los seis años. ¿Por qué no se celebra? Porque, si bien positivo, el crecimiento del PIB ha sido excepcionalmente bajo, sobre todo cuando se considera el crecimiento poblacional.

Crecimiento mediocre, inseguridad que frena

En parte el crecimiento arranado se explica por un factor: el colapso en el precio del petróleo que inició en 2014. Fue un golpe descomunal a la economía. De hecho, colapsos similares en el pasado, en 1986 y 2009, fueron clave en explicar que la economía mexicana cayera, precisamente, en crecimiento negativo. No hubo que tomar medidas de emergencia para cerrar el gigantesco boquete presupuestal. Ese agujero se cerró, al menos parcialmente, gracias a la Reforma Fiscal de 2013 (que no fue ideal, pero ciertamente impulsó la recaudación) y los remanentes que el Banco de México transfirió al gobierno (causados por la depreciación del peso frente al dólar). Hubo una emergencia fiscal, y no fue evidente.

Las reformas, como la energética y telecomunicaciones, probablemente impulsaron el crecimiento lo suficiente para evitar una recesión. No es poco, pero finalmente eso la población no lo percibe. Lo que se sabe, con certeza, es que el gobierno pronosticó un crecimiento superior a 5% en términos reales para este año y el entrante en el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo (2013). En realidad, la economía mexicana ha estado creciendo a ritmos poco espectaculares de 2-3%. Lo que es un magro consuelo para la ciudadanía es que se diga, aunque sea cierto, “pudo ser peor”.

Hay otro problema adicional, y es gravísimo. Las liberalizaciones de los sectores energético y de telecomunicaciones sin duda están dinamizando el crecimiento, pero problemas como la inseguridad (secuestros, extorsiones) lo están frenando. Es imposible estimar el efecto que, por ejemplo, las extorsiones están causando en la apertura (y el cierre) de negocios, pero no es insignificante. En años recientes ese costo oculto se ha mantenido, o incluso aumentado.

Por todo ello, no hay una sensación de “boom”, un claro aumento en el bienestar de la población en México. De hecho, esa sensación decenas de millones de personas ni siquiera la conocen, pues el último “boom” (con un fortísimo crecimiento a lo largo de un periodo significativo de tiempo) se experimentó en 1978-81 (expansión desenfrenada que acabó en crisis en 1982).

Pendientes que quedarán pendientes

Mayor bienestar, menor corrupción, menor inseguridad, están entre los grandes pendientes con los que el presidente Peña Nieto llega a su informe. Por desgracia, todo indica que seguirán pendientes el resto del sexenio. Una lástima para una administración que negoció reformas transformacionales que mucho hacían falta.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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