Empresas

La historia de KFC: de gasolinero en crisis a empresario millonario

Harland David Sanders tenía más de 60 años cuando logró vender su primera franquicia de KFC, después de probar en decenas de empleos y múltiples fracasos. Hoy, esta empresa es la segunda cadena de comida más importante del mundo.

17-01-2018, 1:23:00 PM
kfc

Para el hombre detrás de KFC, la segunda cadena de comida rápida más grande del mundo, la infancia no fue una etapa de cuentos, juegos y ocio. Al contrario, Harland David Sanders perdió a su padre cuando tenía cinco años de edad. Eran finales del siglo 18.

Como dice el popular refrán, “no hay mal que por bien no venga”, y el pequeño aprendió a cocinar para su madre, que trabajaba fuera de casa, y sus dos hermanos menores. Esa experiencia de vida lo llevó a perfeccionar su famosa receta secreta de pollo frito con once hierbas y especias que patentó en 1940, la base de la franquicia también conocida como Kentucky Fried Chicken.

La escritora y activista Maya Angelou hizo famosa una frase: “La mejor comida siempre serán los vegetales, el pan de maíz y el pollo frito”, y tiene mucho de cierto, particularmente en el sur de los Estados Unidos, donde el pollo frito es una de las comidas tradicionales. Su historia es triste, pues era uno de los alimentos de los esclavos. Después de la abolición de la esclavitud, se convirtió en un platillo típico sumamente popular. Y Harland David Sanders lo supo comercializar.

De fogonero a empresario

Harland David Sanders nació el 9 de septiembre de 1890 al sur de Indiana. Recibió una estricta educación cristiana, puesto que su madre solía advertirles a sus hijos de “los males del alcohol, el tabaco y el juego”. Después de la muerte de su progenitor, Sanders tuvo varios trabajos: a los 10 años fue ayudante de granja, a los 13 años huyó de la residencia familiar por problemas con su padrastro y dejó de estudiar la secundaria.

En Indianápolis se dedicó a pintar carruajes y después se mudó con un tío suyo a New Albany, también en Indiana, donde trabajo de chofer. Quiso ingresar al ejército y tuvo que falsificar su acta de nacimiento para enlistarse. Su aventura duró poco y comenzó a trabajar en la compañía de trenes de Alabama, donde se hizo fogonero a los 17 años. Por esa época conoció a la que sería su futura esposa, Josephine King, con quien tuvo tres hijos. La vida parecía sonreírle hasta que su hijo Harland Jr. murió por una infección en las amígdalas. Entonces se mudaron a Tennessee para recomenzar como familia.

“Sólo he tenido dos reglas: Hacer todo lo que pueda y hacer lo mejor que pueda”.

Sanders aprovechó por las noches para estudiar Derecho por correspondencia mientras trabajaba durante el día en los ferrocarriles. Ejerció como abogado durante tres años, hasta que perdió la licencia y regresó a Indiana a vender seguros. Lo despidieron y engrosó su lista de variopintos empleos: vendedor, operador de barcos, secretario de la Cámara de Comercio de Indiana, fabricante de lámparas de acetileno o carburo, y director de una gasolinera, hasta que apareció la Gran Depresión cambiando su vida y la de millones de estadounidenses para siempre.

En 1930, la Shell Oil Company le ofreció a una estación de servicio en Kentucky. Harland David Sanders no tenía que pagar alquiler sino solamente darles un porcentaje de las ventas. Eran tiempos difíciles debido a la Gran Depresión, por lo que, para tener un ingreso extra, decidió vender alimentos, entre ellos bistecs, jamón ahumado y pollo frito. Se corrió la voz de su sazón y para 1939, el local de Harland David Sanders apareció en Adventures in Good Eating, una guía de restaurantes de Estados Unidos.

Unos años antes, en 1935, Harland David Sanders había sido nombrado coronel de Kentucky por el gobernador.

Cuando parecía que la fortuna le sonreía, un incendio casi acabó con el negocio. ¿Qué hizo Sanders? Volver a empezar: construyó un restaurante con espacio para 140 comensales, aunque la Segunda Guerra Mundial lo llevó a renunciar a su sueño de freír pollo momentáneamente. En 1952, recuperado de los efectos de la guerra en el país, el destino le sonrío y vendió su primera franquicia. El éxito de su receta fue rotundo y acordó recibir unos 4 centavos de dólar por cada pollo vendido.

Te recomendamos: 5 lecciones de negocios del origen de McDonald’s

La gira que vio nacer a KFC

Con 65 años de edad, el coronel empezó a viajar por Estados Unidos para ampliar su franquicia. Viajó con sus pocos ahorros y una pensión de 105 dólares que recibía mensualmente. Durante el día cocinaba su pollo frito para vender sus derechos, y por la noche dormía en el asiento trasero de su automóvil.

Con esta gira austera, KFC se expandió rápidamente. En la década de los sesenta, se abrieron restaurantes en Canadá, Inglaterra, Jamaica y México. En 1964, el Coronel Sanders se sintió abrumado por la rápida expansión (tenía 600 franquicias) y tomó una decisión radical: vender la corporación Kentucky Fried Chicken por 2 millones de dólares.

No perdió del todo, pues se convirtió en embajador de la marca y retuvo las franquicias canadienses. Al ser la imagen de KFC, se vestía con un traje blanco y una corbata de lazo. Así lo hizo durante los últimos 20 años de su vida.

Sanders era un crítico mordaz de su misma creación. Alguna vez llegó a declarar que la receta original ya no era cocinada en los restaurantes y que su salsa sabía a “papel tapiz”. El coronel aprovechó sus ganancias para hacer obras filantrópicas e hizo dos fundaciones, la Coronel Harland Sanders Trust y la Coronel Harland Sanders Charitable Organization.

Cuando murió en 1980, KFC tenía ventas anuales de 2 billones de dólares. Actualmente, es la segunda cadena de restaurantes que más vende a nivel mundial (el primer puesto lo tiene McDonald’s), cuenta con cerca de 20,000 sucursales en más de 120 países.

El golfista Tom Watson, quien fue el número 1 del mundo de 1978 a 1982, resumía en una famosa frase lo que es una realidad para miles de personas:  “mi alimento favorito siempre ha sido el pollo frito”.