A FondoEconomía y Finanzas

El juego del riesgo: ¿Quién gana y quién pierde con el Bitcoin?

El modelo digital que comenzó Satoshi Nakamoto cada vez cuenta con más participantes. Sin embargo, nadie avala las jugadas. El anonimato de los usuarios y la ausencia de reglas podrían dinamitarlo.

10-10-2017, 6:00:50 AM
bitcoin

La noche del 21 de mayo de 2010, el usuario Laszlo, del foro bitcointalk.org, lanzó un reto a la comunidad: “Pagaré 10,000 bitcoins por dos pizzas grandes, no importa de qué sabor”. Nadie se animó a atender su solicitud en un principio, hasta que casi 24 horas después, a las 19:17, Laszlo escribió de nuevo en el foro: “Quiero informar que he cambiado con éxito 10,000 bitcoins por pizza”, y mostró una fotografía en la que aparecían dos pizzas que un usuario registrado como “Jercos” le había enviado a cambio de sus monedas digitales.

Laszlo, un desarrollador de Jacksonville, Florida, no lo sabía en ese momento, pero este hecho marcaría el arranque del juego del riesgo económico más grande que se disputa a nivel mundial. Y para muestra, una referencia: Laszlo pagó con 10,000 bitcoins un producto que en el mercado costaba 25 dólares. Al cierre de esta edición, esos 10,000 bitcoins que Laszlo ofreció equivalen a ¡más de 37 millones de dólares! Una jugosísima ganancia para el anónimo vendedor de las pizzas.

Para algunos, los más tradicionales, el bitcoin y todas las criptomonedas representan el mayor fraude de la historia; una burbuja que está a punto de explotar y que llevará a la ruina a quienes tienen sus recursos invertidos ahí. Para otros, los más jóvenes y optimistas, significa la nueva revolución económica que transformará el concepto del dinero.

En este polémico juego participan alrededor de 10 millones de jugadores y hay 100 billones de dólares circulando. ¿Te atreverías a jugarlo?

Las piezas y el tablero

Todo juego tiene un tablero, y el de las criptomonedas no es excepción. Es desde este espacio donde empieza su misterio. Nadie niega –ni los mismos jugadores– que el ambiente en el que se desenvuelven los activos virtuales tiene un tufo difícil de describir. No es amigable, ni sencillo, pero es atractivo como todo lo prohibido o desconocido.

El creador del juego se llama Satoshi Nakamoto, un nombre que no tiene rostro, ni edad, ni sexo. Es más, nadie sabe si es una o varias personas. Pero en 2008, mientras el mundo entraba en la peor crisis económica moderna, publicaba un artículo que desafiaba el sistema que regula el dinero. En su texto Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System, Nakamoto sostenía la teoría de que, en el juego del dinero, no todos los participantes son honestos y se aprovechan de su posición en el sistema para sacar jugosas ganancias por manejar el dinero de las personas.

La solución: crear un sistema virtual con nuevas monedas y nuevas reglas, en el que no habría intermediarios y las personas pudieran tener su dinero directamente. La nueva moneda fue bautizada como “bitcoin” y el espacio en el que opera ahora lo conocemos como blockchain o cadena de bloques.

“Bitcoin es una moneda encriptada y codificada, que fue creada para ser dividida en 100 millones de fracciones. Su oferta está basada en la compraventa, en el crecimiento de los usuarios antiguos, los nuevos y las transacciones que se hacen diariamente”, dice Pablo Rodríguez, máster y director de Marketing de AirBit Club, una asociación que apoya a interesados en invertir en criptomonedas y que es responsable del 18% de las transacciones que se realizan a través de este medio a nivel mundial.

Cuando Nakamoto creó el bitcoin, también dio vida al tablero donde se juega. La fórmula de la cadena de bloques fue tan revolucionaria, que de inmediato atrajo la atención de los dinosaurios económicos de Wall Street y de los principales bancos del mundo: sí, de aquellos que fueron señalados de poner el mundo en crisis.

Blockchain es un libro contable que hace que bitcoin sea público. La gente lo quiere [al bitcoin] porque funciona, no es controlado por una entidad y su precio no es maniobrado. Este sistema le dio el poder a cada individuo de crear su propio banco, sin pedirle autorización a nadie para usarlo”, dice Rodríguez.

Sin embargo, la sombra del misterio ha estado siempre presente, y mientras Laszlo compraba sus dos pizzas, Nakamoto desaparecía de la red. ¿Por qué se esfumó el creador del juego? Ni siquiera los hombres que confiaron en él para crear la cadena de bloques lo saben.

Los jugadores

En el sistema tradicional participan un vendedor, un comprador y un banco central que regula la moneda con la que se hacen las transacciones. ¿Qué pasaría si se elimina el banco central?

El juego de las criptomonedas permite que todos participen en transacciones uno a uno, y en la medida en que más jugadores existan harán más segura una transacción. ¿Cómo es posible eso? A través de la cadena de bloques.

“Una transacción en bitcoins tarda menos de un segundo para que se vea reflejada en la wallet de otra persona. Sin embargo, a pesar de que se vea reflejada, aún no está verificada y los fondos no están disponibles para su uso. La transacción es verificada por los mineros, quienes comprueban que realmente se hayan enviado bitcoins”, explica Pablo Rodríguez.

Los mineros son robots que a través de fuerzas matemáticas y de cálculo verifican y encriptan la operación. Al sumar varias operaciones se forma un bloque, que será integrado a la cadena de bloques, un sistema prácticamente irrompible que deja rastros de todo.

“Las criptomonedas son el peor sistema para cometer un delito, porque es 100% infranqueable y anónimo en la red, pero si tú regulas esto y obligas a los exchangers a tener sus datos, te localizan. Si un delincuente quiere usar la cadena de bloques para realizar una actividad ilícita, esas operaciones salen “manchadas” y todos los usuarios pueden ubicar cuáles son los bitcoins manchados, lo que provocará una alerta cuando se quiera retirar ese dinero”, dice Felipe Vallejo, vocero de Bitso.

Bitso es una de las plataformas más grandes de Latinoamérica en la que compradores y vendedores de criptomonedas se pueden encontrar. Es una especie de bolsa en la que hay posturas de compra y venta, y el precio se determina por la oferta y la demanda. Su negocio consiste en cobrar un porcentaje por cada transacción efectuada.

La mayoría de los jugadores son jóvenes: tienen en promedio 30 años de edad; es decir, el mundo de las criptomonedas es millennial. “Esto habla bien y mal de nosotros. Bien, porque ayuda a construir el sistema financiero de los jóvenes; mal, porque la gente de más de 55 años no lo entiende”, dice Vallejo.

Al principio, hablar de bitcoins y blockchain era un tema casi exclusivo de jóvenes, de foros de desarrolladores que experimentaban con este nuevo espacio. Ellos eran los únicos jugadores. Pero desde 2013, tras una serie de escándalos y ante la volatilidad de las criptomonedas, los bancos y gobiernos diseñan su estrategia para participar.

“Hace años, bitcoin era una conversación de pasillo, pero ahora me encontré con uno de los otros bancos importantes, y todos tienen un especialista en bitcoin, o al menos un equipo de trabajo para descifrar cómo incorporar la tecnología en su operación actual”, dice Rakesh Mowani, managing director de JP Morgan, en el documental Banking on Bitcoin (2016) del cineasta Christopher Cannucciari.

En México esto no es distinto. BBVA Bancomer, una de las instituciones financieras más importantes del país, ha puesto en marcha a sus expertos en nuevas tecnologías para evaluar el uso del bitcoin, pero en particular para incorporar el empleo de la blockchain.

“Te quita validadores en el proceso. Te ayuda a valorar transacciones en una estructura que recae en todos sus nodos, lo que la hace invulnerable y le da un grado muy alto de confiabilidad. Le vemos mucho potencial porque nos puede ayudar a hacer más eficientes las transacciones entre bancos”, según señala Carlos López-Moctezuma, director de Nuevos Negocios Digitales de BBVA Bancomer.

Nueve años después, el juego que comenzó un solitario Satoshi Nakamoto cada vez cuenta con más participantes.

Las reglas

Nadie prohíbe las operaciones realizadas en bitcoins, pero tampoco nadie las avala. Y aunque la cadena de bloques puede resultar muy segura, el anonimato de los usuarios y la ausencia de reglas pueden dinamitar el juego.

“Los usuarios también están destruyendo la moneda. El 10% lo utiliza para comprar y el otro 90% para especular, como si se tratara de una acción”, dice Francisco Javier Orozco, investigador de Contabilidad y Finanzas del Tec de Monterrey, campus Monterrey.

“Imagínate que eres una empresa y el mundo virtual es un banco. De repente, el banco se declara en quiebra. Seguramente le pedirías que te regrese tu dinero, y el banco te respondería ‘no tengo dinero para darte’. Imagina que todas las personas que compraron bitcoins a 20,000 pesos (y que ahora cuestan 80,000) se pongan de acuerdo para retirar el dinero. Automáticamente el banco se descapitaliza y se crea una burbuja porque no será capaz de regresar a los clientes su dinero. Estos precios tan altos que se manejan son ridículos”.

Nuestro país ya tiene la mira bien puesta sobre las criptomonedas, y en su proyecto de Ley Fintech plantea reconocerlas como activos virtuales, cuya “representación de valor” estará registrada de manera electrónica.

Podrán usarse como medio de pago, sin que esto implique que sean una moneda de curso legal (nacional o extranjera), aunque “únicamente podrán operar con los activos virtuales que sean determinados por el Banco de México”, entidad que deberá autorizarlos.

Sin embargo, de acuerdo con el proyecto, las criptomonedas no estarán respaldadas por el Banco de México. Las instituciones de tecnología financiera deberán informar claramente sobre la volatilidad del valor de los activos virtuales, además de “los riesgos tecnológicos, cibernéticos y de fraude inherentes” a este tipo de instrumentos.

La comunidad de usuarios ve con buenos ojos la regulación: tanto Bitso como AirBit han estado pendientes y cercanos a la actividad legislativa.

“La regulación que quieren diseñar no afecta. De hecho, se necesita que el sistema [de bitcoins] esté conectado a cualquier institución bancaria de México. Estoy de acuerdo con ello. Los impuestos son una obligación del ciudadano y eso les dará confianza a las personas para el uso de las criptomonedas”, dice Rodríguez, de AirBit.

En un mundo misterioso que habla de dinero, una pregunta es inevitable: ¿la gente se hace rica con bitcoins? González titubea en un principio, pero después lo garantiza. “Todo lo que ha pasado ha sido para generar una base. El juego aún no ha arrancado; está a punto de arrancar”.

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