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El joven de Iztapalapa que se convirtió en el rey de la mezclilla

Salió de su casa en Santa Martha Acatitla para vender un bulto de ropa confeccionada por su tía y sostener sus estudios. Años más tarde se transformó en el nuevo rey de la mezclilla.

26-10-2017, 6:18:28 AM

Video de Arturo Luna

Por Franck Velázquez

José Brito incursionó en la industria de la moda por necesidad en 1981: había terminado sus estudios de preparatoria y necesitaba dinero para seguir estudiando. Encontró un empleo, pero el sueldo no era suficiente. Así que empezó a vender blusas y faldas de gabardina, fabricadas por su tía, en mercados de la Ciudad de México. Aunque no era diseñador de modas, ni experto en negocios, sí contaba con una cualidad de los emprendedores: astucia para vender.

A pesar de su inexperiencia, José siempre buscó la manera de aprender el negocio para maquilar su propia marca de ropa: Britos Jeans de Grupo Brisa. Esta empresa tiene 30 años en el mercado y es uno de los jugadores más importantes en la manufactura de ropa de mezclilla en México. Ha producido hasta 2,000,000 de prendas al año que se distribuyen en 15 tiendas propias en la Ciudad de México y Área Metropolitana, en sucursales Coppel de todo el país y ventas por catálogo.

La empresa también es proveedora de marcas como Andrea, Cklass y Mundo Terra, además de maquilar para algunas marcas estadounidenses con diseños de Britos Jeans y modelos propios de estos clientes. Cuenta con una fábrica en el estado de Puebla y otra en el Estado de México, y genera más de 550 empleos directos en plantas y en tiendas.

Desafiarse a sí mismo

Para llegar hasta aquí, José tuvo que trazar su propio camino. Salió de su casa en la colonia Santa Martha Acatitla de la capital mexicana, caminó a la avenida más cercana con las prendas que le había pedido a su tía, y sin conocer la ciudad, abordó un transporte público que lo llevó a la delegación Tláhuac. Ahí buscó el mercado más cercano, eligió los dos puestos con más ropa y les pidió a las encargadas que le permitieran exhibir una de las prendas que llevaba.

Hizo lo mismo en un puesto de un mercado de Milpa Alta. “El trato fue que si se vendían, entonces yo les surtía más ropa”, cuenta José. El mismo día y después de unas horas, esa ropa ya estaba vendida. Así logró ganarse a sus primeros tres clientes como proveedor, vendiendo de 6 a 12 piezas en cada puesto. “Me di cuenta de que podía ganar mucho si todos los días vendía lo mismo” agrega.

A partir de ese momento, la estrategia de José fue distribuir la ropa en más mercados de la ciudad. Eso le permitió descubrir las necesidades de los clientes, el tipo de prendas que más se vendía y las que hacían falta. Hasta ese momento y sin darse cuenta, José ya había aprendido dos lecciones para un negocio exitoso: perder el miedo al fracaso y conocer al público meta.

Tres meses después, llegó la oportunidad de crecer. El dueño de un establecimiento de ropa en Chiconcuac, Estado de México, le propuso la compra de 150 a 200 prendas a la semana pagando de contado, a pesar de que lo había corrido la primera vez cuando le pidió que lo dejara colgar unas prendas. José aceptó la oferta, pero había un problema; la producción de su tía ya no era suficiente. “En ese momento supe que tenía que fabricarla yo mismo”, cuenta.

El siguiente paso fue hacer su primera producción. Compró varios tipos de tela, excepto mezclilla, y contrató a una costurera, “ella cocía, mientras yo tendía y cortaba en la sala de la casa de mis padres”, relata José. Dos semanas después, consiguió dos clientes más en el mercado de Mixcalco. En ese momento ya vendía alrededor de 300 prendas a la semana. Contrató a más costureras y compró máquinas especiales para cocer y cortar. Se ocupó al 100% del negocio.

El éxito empezó a llegar, acompañado de otro reto: la logística. José tampoco había considerado que necesitaba un vehículo para hacer las entregas. Uno de sus hermanos le prestaba su automóvil, pero era demasiado pequeño, entonces un cliente le vendió una camioneta que él pagaría con mercancía. Además, le prestó su crédito para que comprara tela con un fabricante. Fue la oportunidad que buscaba: “Mi idea siempre fue comprarles a los grandes proveedores”, dice José.

Todo o nada

Dos años más tarde, su hermano Roberto Brito, quien trabajaba en la Bolsa de Valores, se sumó a esta aventura. Abrieron su primera tienda en 1985 en la zona de Mixcalco, y había una razón para estar ahí: el éxito de José era ser proveedor de las tiendas que vendían por mayoreo. Recuerda que fue tanto el éxito de esa tienda que las personas se formaban para comprar, pero con el tiempo desatendieron a los demás clientes de los cuales eran proveedores.

Pero fue hasta 1987 cuando formalizaron el negocio y crearon la marca: Britos. Fabricaban blusas y faldas de diferentes telas, menos de mezclilla; decidieron confeccionar jeans hasta que se dieron cuenta de que el pantalón de mezclilla deslavada era la prenda más vendida. El miedo no los paralizó y aceptaron este nuevo reto. “No sabíamos nada sobre mezclilla”, recuerda José.

Compraron algunos rollos de mezclilla, consiguieron un experto en el proceso de lavado, hicieron la primera producción y rápidamente lograron venderla. La producción incrementaba cada vez más, y es que José tenía metas como vender el doble cada año, aunque asegura que vendían más, “hasta la ropa con defectos nos compraban”, agrega. Desde entonces, estos dos hermanos se dedicaron a maquilar y más tarde cambiaron el nombre de la marca a Britos Jeans.

A partir de ese momento, el empresario pudo confeccionar un mapa de ruta para definir el futuro de su empresa. El siguiente logro fue la apertura de su primera planta en el Edomex a principios de los noventas, y la segunda fábrica en Puebla en el 2009. La apuesta de José fue vender grandes cantidades de prendas a través de sus propios puntos de venta. De tal forma que logró abrir 32 tiendas en todo el país ubicadas en centros comerciales y sucursales propias.

Mezclilla

Entrepreneur.

Prueba de resistencia

Cuando la empresa ya había logrado consolidarse, tuvo una turbulencia con la crisis económica que vivió México en 1994, situación que puso en riesgo la estabilidad financiera de la marca. A consecuencia de esto, la empresa ya no estaba vendiendo como antes y empezó a crecer lentamente. Pero el problema no era sólo las ventas, sino también las deudas que tenía José y que se complicaron por la falta de capital, por lo que decidió pedir un crédito.

La empresa superó esta crisis, pero años después vino otro golpe. Aunque Britos Jeans no produce textiles, se vio amenazado por la entrada masiva de mezclilla china a México, una tela de mala calidad y que tan sólo en el 2010 entró al país con un precio de entre 0.4 y 0.8 dólares por m2 , según datos de la Cámara Nacional de la Industria Textil (Canaintex). Con esto, China acaparó el mercado mexicano compitiendo con precios muy bajos. “Estamos inundados de marcas extranjeras, y todo eso entra sin pagar impuestos”, señala José.

A pesar de que en los últimos años Britos Jeans cerró 17 tiendas, ubicadas principalmente en centros comerciales por la falta de rentabilidad, el empresario nunca pensó en dejar el negocio, y afirma que las crisis y la competencia son una oportunidad para renovarse y mejorar. “De esa forma podemos recuperar el mercado de las importaciones desleales”, asegura.

Para lograrlo, la estrategia del empresario fue competir con prendas hechas de mezclilla de calidad (entendida como durabilidad y resistencia), bajar los costos, innovar con tecnología de vanguardia en sus procesos de producción, y siempre hacer algo diferente en sus colecciones de ropa para poder vender en volumen. Como la línea de pantalones Magic Pomp con costuras especiales para resaltar los glúteos, una marca que creó en el 2002 y que sigue vigente.

Pero, ¿qué fue realmente lo que hizo exitosa a esta empresa? Britos Jeans logró convertirse en un negocio rentable y seguir en la industria gracias a que produce y vende en volumen a la Base de la pirámide, “ahí está el verdadero negocio de la moda y no en las grandes producciones de lujo y glamour, eso es lo que permite que una empresa sobreviva y perdure”, explica Gustavo Prado, experto en moda y autor del libro Mextilo.

Y es que quienes deciden enfocar su trabajo en aquellos segmentos de población con mayor poder adquisitivo en México, tienen la desventaja de atender a un sector muy reducido y competir directamente con miles de negocios. “El público mexicano es más conservador y Britos Jeans lo entiende muy bien, no se va por la vanguardia. Hace cosas que se venden en volumen y que satisface las necesidades de grandes segmentos de población”, señala Gustavo.

Mucha tela por cortar

A pesar de la falta de experiencia de José Brito como diseñador, confeccionista y empresario, siempre tuvo una visión clara de su negocio, y asegura que todavía hay mucha tela por cortar en el futuro. Su meta en los próximos cinco años es producir cinco o seis veces más, y está dispuesto a derribar los muros que encuentre en el camino y adaptarse a los cambios del mercado para hacerle frente a la competencia.

Adelanta que Britos Jeans está en un proceso de reestructuración financiera y comercial, y que por ahora su cometido es asistir muy bien a las 15 tiendas que tiene actualmente, además de fortalecer su modelo con la entrada de su hijo Cristian Brito a la empresa para seguir escalando. “Mi negocio creció sin una organización y aprendí como pude. Me gusta lo que hago y aquí seguiré”, precisa el empresario.

José logró transformar su necesidad de autoempleo en un negocio exitoso. Hoy, es uno de los grandes jugadores de la industria de la moda en México, que ha sobrevivido 30 años a la competencia y a las crisis económicas. Maquiló su empresa solo y desde cero, pero siempre con visión y pasión para hacerla realidad.

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