Estilo de Vida

Gaudi, genio de la arquitectura moderna

Agudeza en sus sentidos y una brillante capacidad para observar más allá de lo que otros no ven lo caracterizan.

25-02-2009, 5:00:00 PM

La obra de Gaudí se inscribe dentro del movimiento modernista, aunque lo supera ampliamente por la originalidad de sus concepciones, su capacidad para romper moldes y crear nuevas soluciones.


Gaudí nació en Reus el 25 de junio de 1852 y falleció en Barcelona el 10 de junio de 1926; fue un arquitecto español, máximo representante del modernismo catalán. Como profesional, poseía un sentido innato de la geometría y el volumen, así como una gran capacidad imaginativa. De hecho, pocas veces realizaba planos detallados de sus obras, prefería recrearlos sobre maquetas tridimensionales, moldeando todos los detalles según los iba ideando mentalmente. Dotado de una fuerte intuición y capacidad creativa, forjada en su niñez, Gaudí concebía sus edificios de una forma global, atendiendo tanto a las soluciones estructurales como las funcionales y decorativas.
 
Estudiaba hasta el más mínimo detalle de sus creaciones, integrando en la arquitectura toda una serie de trabajos artesanales que dominaba él mismo a la perfección: cerámica, vidriería, hierro forjado, carpintería, etc.
 
Así mismo, introdujo nuevas técnicas en el tratamiento de los materiales, como su famoso “trencadís” hecho con piezas de cerámica de desecho. Después de sus inicios fue influenciado por el arte neogótico, así como por ciertas tendencias orientales. Posteriormente Gaudí desembocó en el modernismo, entre finales del siglo XIX y principios del XX.
 
En 1883 fue nombrado arquitecto del templo expiatorio de la Sagrada Familia, la obra que ocupó toda su vida y que se considera su principal realización artística, a pesar de que quedó inconclusa y sin un proyecto bien definido. En los primeros años, se ocupó de la construcción de la cripta (1883-1891) y el ábside (1891-1893), y compaginó su trabajo en el templo con diversos encargos civiles, como la villa denominada El Capricho, en Comillas, o la casa Vicens, en Gracia, para Manuel Vicens.
 
Sólo bastan estas obras para individualizar algunas de las constantes de la arquitectura gaudiniana, desde su peculiar recreación del gótico hasta su predilección por las formas curvas y dinámicas, la aplicación a la arquitectura de técnicas de decoración artesanas (vidrieras, hierro forjado, muebles diseñados por él mismo) y su singular empleo de los mosaicos de fragmentos de cerámica de vivos colores.


La principal obra de Gaudí es el Templo Expiatorio de la Sagrada Família, al cual dedicó cuarenta y tres años de su vida y donde tenía su despacho profesional.