Estilo de Vida

Fantasmas de Montmartre

Este barrio es el centro de la vida bohemia de la capital francesa; sus empinadas calles, jardines y patios siguen inspirando artistas.

21-04-2009, 5:00:00 PM

Montmartre es la cuna del impresionismo, el cubismo y el surrealismo. Recorrer sus sinuosas calles empedradas admirando la vista de París es transportarse a otro tiempo, cuando Henri de Toulouse-Lautrec dibujaba a sus amigos y conocidos mientras bebía grandes cantidades de ajenjo para adormecer el dolor de sus piernas deformes.


Voces artísticas
La historia de Montmartre se entrelaza con la vida de muchos artistas renombrados que comenzaron aquí su carrera, siempre esforzándose por capturar ese elusivo elemento que haría inolvidable su trabajo. Fue aquí donde Pablo Picasso experimentó por primera vez con el cubismo y creó Las señoritas de Aviñón; donde Édgar Degas comenzó a pintar bailarinas y dondeVincent Van Gogh, que no vendió un solo cuadro en toda su vida, vivió con su leal hermano Theo en la calle Victor Masse, antes de mudarse al sur de Francia en busca de un sueño que se convirtió en una pesadilla de enfermedad mental.


Al ascender la colina de Montmartre, casi se puede escuchar a estos grandes artistas gritarse unos a otros, discutiendo sus diversas técnicas entre copiosos vasos de vino barato y coñac. El clamor alcanza su clímax conforme uno se acerca a Le bateau-lavoir, comuna en forma de barco que fue hogar de Picasso, sus amigos y sus amantes de 1904 a 1909. Muchos artistas están enterrados aquí, en los cementerios de Montmartre y Saint Vincent, junto con sus contemporáneos del mundo de la literatura, como Alejandro Dumas y Emilio Zola.


Más adelante podrás encontrar el Molino de la Galette, escenario de la obra maestra de Auguste Renoir que representa a un grupo de amigos disfrutando de una tarde dominical en El baile en el Molino de la Galette.
Un poco más allá, descubrirás Au Lapin Agile, solicitado café y bar-cabaret donde los artistas se reunían tanto para ahogar sus penas como para celebrar una venta. Incluso hoy es un popular sitio de reunión para la comunidad bohemia que todavía puebla la colina del distrito 18. Y justo en la cima, a sólo unos metros del Sagrado Corazón, hay un museo dedicado a la vida y obra del gran surrealista Salvador Dalí.


La colina de los mártires
El nombre de este sitio proviene de las palabras latinas para designar “colina” y “mártires”, Mons Martyrium, luego de que fuera hallado un enterramiento lleno de huesos de mártires cristianos. Y fue aquí donde San Ignacio de Loyola fundó la orden jesuita.


Alrededor del año 250 d.C. San Dionisio trajo el cristianismo a París. Ello le valió ser torturado en la hoguera y luego decapitado en la colina que domina la ciudad. La leyenda dice que el santo recogió su cabeza y caminó hasta el lugar que hoy se conoce como St. Denis. Muchos turistas se sorprenden al descubrir que la enorme basílica del Sagrado Corazón, de estilo neobizantino, data apenas del siglo XIX. La luminiscencia de la basílica se debe al tipo de piedra que se usó para construirla, que con el paso del tiempo se blanquea y endurece más.


Gracias al funicular férreo de Montmartre no es necesario subir a pie desde Pigalle hasta el Sagrado Corazón. Pero al tomar el funicular podría perderse los fantasmas de Toulouse-Lautrec dirigiéndose al Molino Rojo, Van Gogh tratando desesperadamente de vender un cuadro, Renoir con su caballete en alguna esquina o Picasso defendiendo acaloradamente el cubismo ante sus colegas artistas en algún bistro de la zona. Porque aquí los fantasmas son casi tangibles; Montmartre produce ese efecto.