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Thorsten Möwes, el alemán que limpia y restaura monumentos históricos

Thorsten Möwes ha contribuido a la preservación de monumentos históricos por todo el mundo, trajo a México su expertise para renovar la fuente central del Museo Nacional de Antropología. Aprovechamos su visita para conocer un poco más de su trabajo.

07-05-2018, 12:25:55 PM
Thorsten Möwes

Por Myriam Ríos

El programa de limpieza de monumentos del fabricante alemán de sistemas de limpieza Kärcher lleva cuatro décadas. Thorsten Möwes se incorporó a él hace 25 años y desde entonces ha participado en la limpieza y restauración de iconos históricos, como la estatua del Cristo Redentor, en Brasil; el London Eye, en Reino Unido; y la presa Matsudagawa, en Japón, entre otros.

Primero se capacitó en limpieza general y luego se fue especializando en la preservación de monumentos. Recientemente, sus conocimientos devolvieron a la fuente del patio central del Museo Nacional de Antropología la apariencia que tuvo hace más de 50 años.

El proyecto de mantenimiento del plafón de la fuente, mejor conocido como Paraguas, fue desarrollado por el Laboratorio de Conservación del museo, mientras que el patronato, junto con el INAH, consiguieron el apoyo de las empresas Kärcher, Paxair y Powerwash para hacerlo una realidad.

Un proyecto de esta magnitud (4,500 m2 de aluminio, más el faldón perimetral, que en total suman 6,700 m2) implica la intervención de un equipo interdisciplinario y un par de años de pruebas para elegir el método de limpieza más adecuado. En este caso fue hielo seco Ultralce (más de 170 toneladas) lanzado a gran velocidad con máquinas Kärcher.

Thorsten trabaja constantemente con equipos de restauración y con científicos, porque su labor es delicada y minuciosa. Tanto, que en algunas ocasiones ha rechazado algunos trabajos, en especial de piedra, porque el método propuesto no es lo suficientemente eficaz para lograr el objetivo sin estropear la superficie. En vez de asumir el riesgo de dañar un monumento prefiere no hacerlo.

Su proceso de trabajo implica, en términos generales, tres pasos: un primer contacto para evaluar el estado del edificio o monumento; probar y definir los equipos adecuados para el procedimiento de limpieza y, si el equipo de restauración del lugar está de acuerdo, el tercer paso es realizar el trabajo.

Hasta ahora, su proyecto más complicado ha sido los Colosos de Memnón, en Egipto, gigantescas estatuas de más de 3,000 años de antigüedad. Trabajaba apenas un metro cuadrado al día y tardó tres meses y medio para finalizar la limpieza. Obviamente, su jornada laboral no está exenta de riesgos para él y su equipo, pues manejan materiales que pueden resultar peligrosos y se suben a plataformas de gran tamaño.

Pero las satisfacciones de Thorsten son muchas. Uno de los proyectos que más ha disfrutado es la limpieza de las cabezas de los presidentes norteamericanos en el Monte Rushmore, en Keystone, Dakota del Sur. Para este trabajo debían transportar todos los equipos en helicóptero. No había agua ni electricidad y descolgarse al frente de las esculturas presentó retos importantes.

El trabajo de Thorsten es permanente, ya que cualquier tipo de suciedad tiene consecuencias negativas para los monumentos. La contaminación ambiental, los gases, el monóxido de carbono, la intervención de organismos vivos: animales, algas, mohos, líquenes… Son muchos los factores que cambian la condición de los edificios y monumentos históricos. Y no hay mucho que podamos hacer para evitarlo, por lo que el especialista recomienda la limpieza periódica.

Luego de una tan profunda como la de la fuente central del Museo Nacional de Antropología habrá que considerar el mantenimiento periódico para quitar las capas de polvo de la superficie, pero no hay que esperar años para realizarlo.

Dos monumentos que a Thorsten le gustaría limpiar son el famosísimo Taj Mahal, en la India, y el Puente de Brooklyn, uno de los símbolos de la ciudad de Nueva York. Y es que Thorsten Möwes se siente orgulloso de poner su granito de arena –o más bien de hielo seco– en monumentos emblemáticos para que las siguientes generaciones puedan disfrutarlos en el mismo estado que nosotros los vemos.

Su trabajo vale la pena, dice, porque si se necesitó tanta energía para construirlos, hay que inyectarles la misma energía para mantenerlos.

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