Estilo de Vida

Plumas de Norteamérica: William Faulkner

“Recordaba que mi padre solía decir
que la razón para vivir era
prepararse para estar muerto durante mucho tiempo”
-William Faulkner –

17-05-2009, 5:00:00 PM

El narrador y poeta estadounidense, William Faulkner, es de los nombres que han dejado huellas, y de las grandes, en la literatura de Estados Unidos.


Supo destacar con su pluma el drama psicológico, es de una lectura inteligente, profundidad emocional, y todo a través de prosas largas, serpenteadas y un vocabulario bien cuidado.


Claramente la envidia se desata en todos los ámbitos y esta no fue la excepción. Sufrió férreas críticas de sus pares, Faulkner fue conocido y acusado públicamente por su alcoholismo y lo catalogaron como el rival estilístico de Hemingway, porque el autor de “El viejo y el mar” solía usar frases cortas, aunque con descripciones larguísimas.


Probablemente es el único modernista americano de los años 30 que siguió el estilo europeo de Virginia Woolf o Marcel Proust.


Peligro: mareo a la vista
La técnica literaria de Faulkner es tan propia que salta de un monólogo interior, a muchos narradores o formas de apreciar el hecho. Los saltos en la narración pueden confundir, por lo mismo, se considera un escritor complejo, pero una vez bien procesado ya es difícil olvidar o abandonar.


Un párrafo puede tener tantos puntos de vista, que a veces el lector no sabe dónde situarse. Disecciona los acontecimientos de forma prolija, para de pronto da un gran golpe y…cambiar de escenario, ¡casi vertiginoso!


Quien lo lee cae en tramas secundarias, se pierde en paisajes, todo ello movido por la autoridad de un estilo grandioso que, eso sí, conserva en todo momento la virtud de tener temblando al lector cuando lo arrastra por las lóbregas estancias del corazón humano. Sus temas del mal y la corrupción continúan siendo relevantes en la actualidad , su influencia es notoria en la generación de escritores sudamericanos de la segunda mitad del Siglo XX, como Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y Alejo Carpentier, así como en Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa.


Continuó escribiendo hasta el día de su muerte, producida en Oxford,el 6 de julio de 1962, tanto novelas como cuentos.


Imperdibles
– Mientras agonizo (1930) 
– Luz de agosto (1932) 
– ¡Absalom, Absalom! (1936)
– Los invictos (1938), El villorrio (1940)
– Desciende Moisés (1942)
– Intruso en el polvo (1948)
– Una fábula (1954, Premio Pulitzer de 1955)
– La mansión (1959)
– Los rateros (1962), también ganadora de un Premio Pulitzer.

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