Estilo de Vida

La dulce estética de los postres japoneses

El esmerado detalle de sus formas es una invitación descubrir un universo de sensaciones para el paladar.

08-06-2009, 5:00:00 PM

Aunque en los restaurantes japoneses no suelen servir postres, la preferencia de los nipones por los confites es fácil de descubrir al observar los quioscos de golosinas que se encuentran por doquier en las estaciones de tren, las boutiques especializadas en alta repostería, pero sobre todo al pasear por la sección gourmet de alguna tienda departamental. Sin duda, las delicadas formas y texturas de los postres japoneses encierran sorpresas al gusto; todos son hermosos, perfectos y de atractivos diseños.

Sabores y tradiciones del lejano oriente
Los dulces típicos del país son conocidos como wagashi que pueden ser extremadamente dulces, porque son elaborados para contrastar, el fuerte sabor amargo del matcha (té verde especial para ceremonias). Los ingredientes básicos que se emplean para su elaboración son harina de arroz, anko o azuki (frijoles rojos dulces), azúcar y té verde; por tanto, su sabor resulta un poco extraño para la mayoría de los extranjeros.

A diferencia de la repostería occidental, los japoneses rara vez emplean productos como la mantequilla y la leche. Ellos utilizan la pasta de harina de arroz, la cual tiene una consistencia muy suave.

Delicias dulces
La variedad de postres tradicionales hace imposible sintetizarlos en unas cuantas líneas. Sin embargo, los más populares son el manju, daifuku (postre símbolo de buena suerte), el uiro y el dango. Los conocidos como kompeito son pequeños caramelos de colores hechos a mano y en forma de escarcha, y su origen tiene influencia portuguesa debido a las relaciones comerciales que existieron con esta nación en el siglo XV.

A los postres de estilo occidental, tales como los pasteles, tartas y gelatinas, se les llama yogashi, que son el resultado de la fusión con ingredientes de Occidente como chocolate, cocoa, nueces,  licores y miel. La gama de ingredientes en la alta repostería es enorme, desde castañas, camote, calabaza, chocolate y frutas frescas.

No menos sorprendente es la técnica de la crème brûlée, que ha sido adoptada para crear postres complejos que desafían la típica forma con la que se conocen. Como en la pastelería del hotel Granvia Kyoto, donde a base de té verde y azúcar quemada inventaron unas esferas perfectas de textura cristalina, pero con un suave y cremoso interior, decorado con pequeñas escarchas de oro comestible, combinadas con ingredientes y dulces tradicionales como la pasta de arroz dulce. A las tartaletas o pequeños pasteles individuales, que tienen forma de montaña (debido a los fideos dulces de pasta que les dan su forma cónica), se les conoce como monburan, nombre que hace referencia a la similitud y son, por mucho, de los postres más atractivos que seducen la vista desde cualquier vitrina donde sean exhibidos. Pero no basta con observar sus bellos detalles, ¡hay que probarlos!

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