Estilo de Vida

Iconos del jazz clásico y femenino

Fitzgerald y Holiday son nombres imborrables en los archivos de la historia de la música; conoce su talento y pasión.

23-03-2010, 5:00:00 PM

Improvisación, vida y evolución constante son algunos de los matices que dan vida al género musical conocido como jazz, cuyo origen se remonta a los africanos emigrados a Estados Unidos.


Sus peculiares características, fruto del encuentro de las culturas africanas y europeas, con su llamativa propuesta de superposición de ritmos regulares e irregulares y la utilización de notas a contratiempo evolucionaría en tan sólo un siglo, llegando a ser considerado un género musical sinónimo de buen gusto, elegancia y distinción. ¡¿Qué sofisticado, no?!


Conozcamos hoy a dos de las más grandes representantes de este género. Damas que definitivamente, dejaron huella en los pentagramas.


Ella Fitzgerald: la primera dama del canto
Animada por su madre, la norteamericana Ella Fitzgerald inició en 1934 una brillante carrera, ocasión en la que se atrevió a participar como bailarina en el célebre concurso “Amateur Night Show” que semanalmente organizaba el Theathre Apollo de Harlem.


Claramente, y como el nombre del programa lo indicaba, la idea era bailar, pero Ella, paralizada por el miedo, se decidió a cantar impresionando al público presente, entre ellos el gran saxofonista y arreglista Benny Carter, quien intentó ficharla para su banda.


Sin embargo, sería el “jorobado” Chic Web quien finalmente le daría una oportunidad en su banda. Tras su muerte, el grupo cambió de nombre y pasó a ser “La gran orquesta de Ella Fitzgerald”. De ahí en adelante cosecharía sólo éxitos con un estilo que mutó de una cantante de “swing“, a una de  “bebop“, perfeccionando el jazz e interpretando canciones modernas tan bien como las clásicas.


Como la mayoría de los negros, su influencia musical estuvo marcada por el blues, la bossanova, el gospel, el calypso y  las canciones e himnos navideños. Era capaz de cantar con similar entusiasmo I Heard it Through the Grapevine (un gran éxito de Marvin Gaye) y Hey Jude (The Beatles), como las canciones de Cole Porter y Gershwin.


Su genio y capacidad le permitieron compartir escenario con Louis Armstrong, con quien grabó discos memorables y de quien aprendió el difícil arte del “scat”, dejando muestras imperecederas de ese formato en temas como: Lady Be Good y How High The Moon, mundialmente conocidas. También pudo ser la voz en dos especiales de Frank Sinatra y trabajar con grandes orquestas de la época como las de Duke Ellington, o Count Basie.


Su figura perdura hasta hoy y los grandes críticos del jazz no dudan en dividir la historia de este género en un antes y un después marcado por la aparición y posterior deceso de Fitzgerald. En el mundo del jazz, será recordada siempre como “The first lady song” o la primera dama de la canción. Lugar inamovible para esta gran interprete.


Billie Holiday
Parece increíble que con una vida (según sus propios testimonios) marcada por muchas penurias, entre ellas violación, acusaciones de prostitución, reformatorios, alcohol, drogas, racismo, cargos por tráfico de estupefacientes, cárcel e inhabilitación para cantar, Billie Holiday lograra traspasar generaciones y su legado en el jazz clásico aún perdure.


Desde muy pequeña se sintió atraída por la música, recibiendo la directa influencia de Bessie Smith y Louis Armstrong.


Al igual que Fitzgerald realizó una prueba de baile, que fue todo un desastre. Tal situación la motivaría a cantar en algunos clubes del getho negro de Baltimore, hasta ser descubierta por Jonh Hammond, productor musical que la relacionó con Benny Godman. Al poco tiempo comienza a cantar en clubes más importantes, llegando a actuar en el famoso Apollo Theatrer, donde es contrada por el mismo manager de Louis Armstrong.


En 1935 aparece cantando con la orquesta de Duke Ellington en la película Simphony in Black e inició una larga y fructífera relación musical con el pianista Teddy Wilson en el sello Columbia. Con él grabó cerca de un centenar de canciones y junto a ella tocaron los grandes solistas de la época: Ben Webster, Johnny Hodges, Bunny Berigan, Roy Eldridge y sobre todo, Lester Young, con quien alcanzaró una simbiosis creativa del que se encuentran pocos ejemplos en la historia del jazz.


Su impresionante capacidad interpretativa, su dominio del swing y la adaptación de sus cualidades vocales al contenido de la canción marcaron el estilo de Holiday, sumado a una intensidad insuperable.


Sus críticos y fans la describen como una artista que ponía todo su corazón en cada nota musical. Esto lo lograba en forma genial, retozando con la síncopa y el swing, que dieron como resultado composiciones clásicas del jazz como God Bless The Child y Loverman, entre otras. Toda esta personalización de las canciones explica por qué muchos expertos ven en ella influencias de otros importantes exponentes musicales clásicos del blues como Bessie Smith o Ma Rainey.

Su particular vida fue llevada al cine por la cantante y actriz Diana Ross en la película de Hollywood Lady Sings The Blues, estrenada en 1972. Una cinta más que recomendable.

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