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El hotel chilango de 500 habitaciones que terminó en el olvido

En la zona centro de la Ciudad de México un gigante de piedra y tezontle luce abandonado, en el olvido. Este hotel prometía ser uno de los espacios arquitectónicos con más brillo, pero terminó apagado y ahora espera para ser demolido. Esta es una revisión fotográfica del Hotel Posada del Sol.

21-03-2018, 1:10:20 PM
hotel posada del sol

Texto y fotos: Alejandro Lamas

En la calle Niños Héroes 139, en la colonia Doctores de la Ciudad de México, yace el cuerpo agonizante de un gigante de piedra y tezontle que se niega a morir. El gigante en cuestión se trata del Hotel Posada del Sol, una obra mesiánica que se terminó el 22 de febrero de 1945 y que ahora espera ser derrumbada para la construcción de oficinas gubernamentales.

El hotel solo estuvo abierto durante ocho meses. Cuenta con 500 habitaciones, patios amplios, un teatro y una capilla. Hay pasadizos debajo de la construcción para que el personal de servicio pudiera moverse de un lado al otro sin ser visto y 15 murales, algunos de Emilio Baz Viaud.

La arquitectura del Hotel Posada del Sol es una mezcla ecléctica: toma elementos del barroco, neoclásico, arquitectura árabe, elementos masónicos y muchos otros. En el interior hay ventanales y vitrales hechos con el mayor de los cuidados. Cada espacio parece estar pensado e ideado para ser único.

La obra, que ha perdido el esplendor de aquella época, fue idea del ingeniero Fernando Saldaña, un español con grandes ambiciones pero mala suerte. Saldaña invirtió todo su dinero en el hotel, al punto de quedarse en la quiebra y tener que darle el hotel a la ciudad para cubrir sus deudas. A lo largo de los años, el hotel ha fungido como la sede del Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad y la Vivienda Rural (IDECO), el Instituto Nacional Indigenista Interamericano (INII), la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México y el Sistema Nacional Para el Desarrollo de la Familia (DIF).

Hay muchas leyendas alrededor del hotel. Una de ellas cuenta que Saldaña, al verse hundido en deudas se suicidó colgándose en la capilla, frente a la estatua del monje. Lo cierto es que murió pacíficamente en su casa de Las Lomas por causas naturales. Otra cuenta que una niña murió en la guardería en los años setenta, cuando el hotel era usado como espacio de oficinas para el IDECO. La leyenda cuenta que el fantasma de la niña sigue rondando el hotel y para calmar sus ansias y poder trabajar en paz, la gente le construyó un altar en el que cada jornada de trabajo le dejan un dulce o un juguete para mantenerla entretenida.

Los únicos que habitan el Hotel Posada del Sol ahora son dos guardias, las historias, sus fantasmas y leyendas que lo rodean. Pronto, esas historias se derrumbarán para darle paso a otras construcciones, los guardias serán reasignados, los fantasmas tendrán que buscar otros lugares abandonados y el legado de Fernando Saldaña quedará sólo en la mente de aquellos que pudieron ver en carne propia al gigante de piedra y tezontle.

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