Estilo de Vida

Heston Blumenthal y su estrellato culinario

El chef inglés es perseguido por los reflectores, pues su restaurante, The Fat Duck, está considerado el segundo mejor del mundo.

21-07-2009, 5:00:00 PM

Hace algunos meses The Fat Duck tuvo que cerrar sus puertas pues 40 comensales enfermaron tras cenar en el local, a pesar de ser considerado el segundo mejor del mundo.


Ciencia aplicada al sabor
Aun después de que The Fat Duck fuera reabierto tras 12 días de una exhaustiva inspección —incluyó hasta análisis clínicos a todo el personal— por The Health Protection Agency del Reino Unido, existe la sospecha de que el restaurante de Blumenthal fue víctima de sabotaje, pues Blumenthal es conocido en el medio por su obsesiva atención a los detalles.


“Analizamos todos los ingredientes que vienen de la tierra o la granja, y luego su paso por la cocina, hasta llegar al comensal”. El chef asegura que durante los últimos cinco años ha enviado muestras mensuales a un laboratorio para garantizar la sanidad de los alimentos, precaución que a su entender ningún otro establecimiento de aquel país tiene.


Un tema digno de Sherlock Holmes
Todo esto parece de rutina y se dice fácil, pero las consecuencias de una intoxicación alimenticia pueden ser desproporcionadas y comprometer la carrera de un cocinero para siempre. Cuando los 40 comensales intoxicados en The Fat Duck fueron identificados, el chef se disculpó con cada uno de ellos e invitó —en el sentido más amplio de la palabra— a cada una de esas mesas a regresar. Cabe mencionar que una cena promedio, sin aperitivos ni vino, en este pequeño restaurante suele costar alrededor de 140 dólares por persona, y el menú degustación es de 185 dólares.


Para este chef autodidacta, considerado uno de los exponentes más vanguardistas de la cocina molecular en el mundo —él prefiere llamar diseño sensorial a su concepto—, comer forma parte de las pocas actividades humanas que convocan todos los sentidos. “En The Fat Duck ofrecemos una experiencia culinaria multisensorial porque apela al oído, el gusto, la vista, el olfato y el tacto”, expresó Blumenthal. Ejemplo de ello es su creación Sonido del mar, compuesta por mariscos, espuma y una especie de arena comestible, que se acompañan de una concha marina con un iPod, de manera que el comensal escucha el sonido de las olas y las gaviotas mientras saborea el plato.


Cuando se juzga la impecable trayectoria de Blumenthal queda sobre la mesa el tema del sabotaje —digno de Sherlock Holmes— a manos de algún enemigo, pues en un país donde sólo hay tres restaurantes con tres estrellas Michelin, ¿quién podría sentirse amenazado?



 

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