Estilo de Vida

Dalí, el narciso que atrapa

…que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga… (Eugenio Salvador Dalí)

27-05-2009, 5:00:00 PM

El nombre de Eugenio Salvador Dalí es un referente indiscutido en el state of art, aún más en la corriente del surrealismo.


Las impactantes y oníricas imágenes del español han sido atribuidas por muchos a la influencia y admiración que Dalí sentía por el arte del renacimiento.


Imposible prácticamente no conocer “La persistencia de la memoria” (1931), una de sus más famosas obras, que también ha sido relacionada a la teoría de la relatividad de Einstein.


Dalí, un megalómano y narcisista, siempre atrajo la atracción pública y hoy, ya muerto, aún lo consigue. Su conducta egocéntrica y excéntrica, que irritaba a muchos, es hoy lo que lo convierte en un pintor con sello propio, lo que da vida y sentido a la mayoría de sus cuadros y lo que permite que los recursos plásticos “dalinianos” estén presentes hoy en el cine, la escultura y la fotografía.


El genio de un divino
Siempre fue un genio. A los 14 ya había expuesto sus trabajos a los críticos, aunque fue siempre incomprendido y expulsado de las escuelas de arte.


Su obra se relaciona con frecuencia con el subconsciente y el psicoanálisis ya que acostumbraba a plasmar en ella sus obsesiones. Se declaró en más de una ocasión como “El Divino”


París fue la sede de sus primeras pinturas, que provocaron violentas reacciones. Luego, en 1939, viajó a E.U., alternando sus estancias en Portlligat, cuyo paisaje se convirtió en el motivo principal de su obra. En su estadía en E.U. fue expulsado del surrealismo acusado de fascista, por André Breton.


Su pintura, que parte del noucentismo (movimiento de pintura catalán) y pasa por una etapa cubísta, responde a lo que él denominaba actividad paranoico-crítica, es decir la representación, influida por la pintura metafísica, de escenas oníricas realizadas con una extraordinaria minuciosidad técnica: “Presagio de la Guerra Civil” (1936), es un claro ejemplo.


Después de una estancia en Italia, tras la guerra civil española (1936-1939), aborda temas religiosos, históricos y alegóricos: “Las tentaciones de San Antonio”(1947), “La Madona de Portlligat” (1950), “Descubrimiento de América por Cristóbal Colón” (1959).


Su interés por los efectos visuales lo llevó al uso de la holografía y a la realización de pinturas estereoscópicas como “La silla” (1975). Colabora en algunas películas: “Un chien andalou” (1929) y “La edad de oro” (1931) de Luis Buñuel, “Spellbound (Recuerda)” (1945) de Alfred Hitchcock.


Tras la muerte de su esposa Gala en 1982, constituye la fundación Gala-Salvador Dalí que administra su legado.


A la edad de 79 Salvador Dalí pintó su último trabajo y en 1989 muere la edad de 85 años.


Un legado que trasciende, una locura infinita y exquisita, plasmada en colores, formas que cautivan y permiten al espectador dejar de lado la cordura.