Estilo de Vida

Cuatro remedios que enferman

Medicamentos de uso frecuente que son excelentes aliados para enfrentar la rutina diaria, pueden transformarse en problema cuando abusamos de su consumo.

17-03-2010, 3:55:40 PM

El ritmo de vida acelerado, donde se imponen una serie de obligaciones y compromisos, influye en la salud de las personas.

Consultas médicas de todas las especialidades reciben diariamente a pacientes con diversas clases de molestias que acuden en busca de soluciones definitivas.

Las demandas son varias: una píldora que les ayude a dormir mejor para rendir más en el trabajo, un analgésico que alivie sus migrañas crónicas a causa de pasar mucho tiempo frente a la computadora, un buen anti inflamatorio que calme el dolor muscular o un medicamento que aminore esos espantosos ataques de colón en épocas de inventarios.

El mercado ofrece una amplia cantidad de remedios que pretenden mejorar la calidad de vida de las personas, influyendo directamente en su sistema inmunológico.

Los lugares dónde adquirirlos y las formas cómo comprarlos dependen exclusivamente del uso que tiene el medicamento. Mientras, una aspirina se consigue en un negocio de barrio, sin receta médica de por medio, un antidepresivo se compra sólo en farmacias y con la orden médica correspondiente.

Mala salud, un buen negocio

Las ganancias del sector farmacéutico crecen. En México la industria de los laboratorios mueve 720 millones de pesos al año y farmacéuticas como Genomma Lab reportan alzas de 22% interanual en su utilidad neta del tercer trimestre de 2009. Esto demuestra, que son dividendos impulsados por un fuerte aumento en las demandas.

Si olvidamos por un momento el virus AH1N1 y las explosivas ventas de antivirales que esta enfermedad ocasionó, se desprende que estamos frente a un escenario en donde la lógica parece ser que mientras más problemas tengan las personas, más se enfermarán. Lo que se traduce en una mayor necesidad por consumir un remedio.

Cuatro aliados y enemigos

Tomar remedios no es malo. Si lo fuera, éstos no existirían y menos aún serían recetados. Lo negativo ocurre cuando las personas acostumbran su organismo a las sustancias y sienten que no pueden realizar funciones básicas, como dormir o mantenerse alertas, sin una píldora de por medio.

Estas toxicomanías suelen ir asociadas a una serie de medicamentos que, generalmente, se repiten en la mayoría de los pacientes. Las consecuencias lamentablemente, también son las mismas: el fármaco pierde efecto, la persona necesita dosis mayores y se ocasionan graves daños en el organismo.

Conozca las cuatro sustancias que habitualmente causan mayor dependencia y sus perjudiciales efectos cuando se consumen en exceso.

1. Analgésicos

Los analgésicos son remedios de alto consumo en la población. Van desde la simple aspirina y paracetamol que usted puede tener en la oficina, hasta los opiáceos mayores como la morfina y el fentalino, medicamento utilizado en la inducción de la anestesia en cirugías mayores.

Para las millones de personas que sufren de artritis, dolores de espalda y migraña, los analgésicos son excelentes aliados en el día a día. Sin embargo, ésta fructífera alianza puede terminar en nefastas consecuencias cuando el paciente ingiere estos remedios de forma regular.

En altas dosis y a largo plazo estos fármacos provocan serios problemas estomacales, como sangrado y úlceras en el estómago e intestinos. El analgésico con mayores posibilidades de ocasionar esta complicación es el anti inflamatorio ketoprofeno.

Por otra parte, la Comisión sobre Medicinas Humanas del Reino Unido advierte sobre la ingesta de anti inflamatorios no esteroides, aquellos como la aspirina y el ibuprofeno.

Estos remedios se relacionan directamente con el riesgo de sufrir un derrame cerebral o ataque cardiaco si son consumidos por mucho tiempo.

El informe de la comisión británica señala que tres de cada mil personas que presenten esta dependencia sufrirá uno de estos accidentes.

Similares informaciones se dan en Estados Unidos, país donde 30 millones de personas sufren de migraña. Científicos declaran que el uso excesivo de analgésicos puede crear hábito en los pacientes con esta patología, estimulando más cefalea, la que requerirá más medicamentos para combatirla.

Datos como los anteriores son los que actualmente llevan al Grupo Parlamentario sobre el Abuso de Fármacos de Inglaterra a instar a las autoridades de salud para que establezcan procedimientos que aseguren que estos remedios se receten sólo en casos estrictamente necesarios.

2. Vitaminas

La publicidad anuncia increíbles suplementos alimenticios que proporcionan mayor vigorosidad y mejor estado físico e inmunológico.

Aparecen como el producto ideal para aquellas personas que tienen poco tiempo para alimentarse en el trabajo o simplemente para quienes desean una vida más larga y saludable.

El éxito de estos suplementos vitamínicos es innegable. En Norteamérica, por ejemplo, 70% de los personas los consume. Se trata principalmente de productos que aportan vitaminas.

Las cifras asustan a los médicos y claro, con justa razón. Atrás quedó el mito de que el consumo atiborrado de vitaminas puede corregir una dieta errónea o que los suplementos vitamínicos previenen enfermedades. Muy por el contrario, aumentan el riesgo de contraerlas.

El Consejo Norteamericano sobre Ciencia y Salud instruye, por ejemplo, sobre el exceso de vitamina A. Esta sustancia presente en la leche y cereales causa osteoporosis cuando se registra en niveles mayores a los que el cuerpo humano requiere.

Por otro lado, estudios realizados en el Centro de Nutrición Humana en la Universidad de Tufts, en Estados Unidos, señalan que los suplementos que contienen vitamina E aumentan el riesgo de sufrir ataques cardiacos cuando son ingeridos en niveles sobreabundantes.

Además, investigaciones acerca de la vitamina C, siempre presente en estos productos, muestran que ésta no surte mayores efectos beneficiosos para el organismo.

“Las dos vitaminas que menos necesitamos los seres humanos, la E y la C, son justamente las que más toma la gente”, declara Robert Russell, director del Centro de Nutrición de esa casa de estudios.

La clave para los nutricionistas está en el consumo de vitaminas a través de una dieta balanceada y no de suplementos. Una alimentación basada principalmente en vegetales, grasas no saturadas, cereales, y aceite de oliva es, según los expertos, la mejor opción.

3. Bebidas energéticas

Las bebidas energéticas son uno de los grandes éxitos que el mercado de las gaseosas ha conocido en los últimos diez años.

Estas ‘energy drinks’ ya no sólo son invitadas de honor en fiestas electrónicas; ahora también son el líquido preferido de estudiantes universitarios, personas que practican deportes y de quienes se quedan hasta altas horas de la noche trabajando en la oficina.

En poca cantidad, sus compuestos (hierbas, amino ácido, cafeína y altas concentraciones de carbohidratos) afectan positivamente el rendimiento. Sin embargo, cuando el consumo es excesivo se producen una serie de trastornos que dañan el organismo casi con la misma energía que estas bebidas promulgan.

Una de estas consecuencias es la absorción ineficiente de fluídos y nutrientes desde el intestino, con la posibilidad de producir malestares gastrointestinales.

Otras secuelas más severas son las que señala un grupo de científicos de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, EU. Los especialistas concluyeron que el exceso está dando lugar a numerosos casos de personas jóvenes con nerviosismo, ansiedad, cansancio, insomnio, taquicardia, temblores y agitación psicomotora.

Frente a tales efectos, muchos países buscan crear conciencia en la población acerca de los riesgos que implica consumir en exceso estas bebidas.

Un buen ejemplo es lo que sucede en la localidad de Posadas, Argentina. Ahí avanza un proyecto de ley que busca alertar a la ciudadanía sobre la peligrosidad de la mezcla de bebidas energizantes con bebidas alcohólicas.

La iniciativa contempla que aquellos lugares en los que habitualmente se venden bebidas alcohólicas para el consumo y establecimientos que comercialicen bebidas energizantes, deberán exhibir en el interior de dichos lugares y en el frente o vidriera, letreros de una tamaño no inferior a los 30 centímetros de lado colocados en un lugar visible y de fácil lectura, con el siguiente rótulo “Bebidas energizantes: el consumo con alcohol es nocivo para la salud” e “Ingesta diaria recomendada dos latas”.

4. Ansiolíticos y Antidepresivos

La ansiedad es una respuesta al estrés y puede ser también una reacción a impulsos reprimidos. Indica la presencia de un conflicto psicológico y puede ser tan estresante e interferir tanto en la vida de una persona, que puede conducir a la depresión.

En México, siete de cada 100 personas sufren trastorno de ansiedad generalizada, según un reporte del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). El trastorno conlleva dificultades que influyen en el buen desempeño de las personas, particularmente en sus áreas de trabajo.

Las terapias contra la ansiedad y la depresión comienzan en las consultas de médicos del área de la salud mental. Los especialistas recetan ansiolíticos, somníferos y otros fármacos que aminoran los síntomas de la ansiedad, pero no tapan las verdaderas causas del trastorno. De paso, muchas personas crean dependencia con las píldoras.

El Ministerio del Trabajo de Chile elaboró un interesante informe llamado “Diagnósticos y Prescripciones en Salud Mental: Atención Primaria e Incapacidad Laboral Temporal”. A partir de esta investigación, el organismo buscaba saber qué tan imperioso era para el paciente recibir tratamiento con ansiolíticos o antidepresivos.

El resultado fue desalentador: 64.1% de los facultativos utiliza antidepresivos para tratar procesos diferentes a la depresión, en vez de otro tipo de fármacos o psicoterapias más extensas que ataquen de raíz el problema.

Los efectos de la dependencia ansiolítica son varios: mareos, cansancio excesivo, periodos inexplicables de euforia, pérdida de la capacidad para memorizar y síndromes de abstinencia graves, que incluso pueden llevar a la muerte.

Ejercicios de relajación, técnicas de respiración e incluso infusiones de terapias naturales asoman como alternativas que dejen de lado estos medicamentos y ayuden a los pacientes a vivir en forma más armónica.

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