Estilo de Vida

Cómo desarrollar liderazgo

Aprende a identificar los rasgos de tu personalidad que debes potenciar para hacer que esta habilidad te ayude a sobresalir.

18-01-2010, 5:00:00 PM

Escrito por Lic. Luis Fernando Alcántara Guerra
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En los tiempos actuales, una de las habilidades o talentos que más se valoran en distintos ámbitos sociales es la capacidad de liderazgo. En casi cualquier espacio conviene y es indispensable que una persona cuente con esta capacidad para poder triunfar. En el trabajo, particularmente, ya no sólo se valoran características tradicionales como la responsabilidad y la honestidad en los empleados, sino que, ante todo, se espera que uno sea capaz de ser líder. Además, esto es cierto particularmente en el caso de las mujeres, pues mientras que antes se apreciaban características casi contrarias como la sumisión y la obediencia, hoy la sociedad entera y en particular las mismas mujeres luchan por abrir espacios donde  puedan expresar su talento al máximo.


Sin embargo, a pesar de la importancia que tiene esta característica en la vida actual, pocas veces nos detenemos a pensar en qué consiste, en realidad, ser líder. Así, el liderazgo consiste en la posibilidad de dirigir y coordinar a algún grupo de personas para el logro ordenado de un propósito. Cabe aclarar desde ahora que no importa qué tan numeroso sea el grupo de personas o qué tan ambiciosa sea la meta planteada, pues hay una infinidad de tipos y tamaños de liderazgos, buenos o malos, que se ejercen todo el tiempo en todos los ámbitos sociales.


El liderazgo en las empresas es un tema de particular importancia en los últimos tiempos. Sin embargo, el liderazgo se ejerce en cualquier ámbito de nuestras vidas, por lo que hay líderes en la familia, en el trabajo, en los equipos deportivos, etc.
 
¿Por qué existe el liderazgo? De hecho, la respuesta es relativamente sencilla. Resulta que la cooperación es una necesidad de todos los seres humanos. En realidad, son pocas, si no es que ninguna, las actividades que podemos realizar verdaderamente solos; es decir, son más las actividades que podemos hacer si nos ponemos de acuerdo con los demás que si no lo hacemos. Sin embargo, lo más importante del liderazgo es la capacidad de aumentar, en virtud de la organización, la suma de las capacidades individuales. Esto quiere decir que no sólo se trata de que un líder sepa sumar lo que cada quien podría hacer individualmente, sino que debe ser capaz de aumentar estas capacidades. Son, por lo tanto, muchas las cualidades y características que debe tener un buen líder. Trataremos de ir viendo cuáles son las más importantes.


El auténtico liderazgo no consiste simplemente en tener poder sobre los demás. Hace falta que los demás reconozcan esta capacidad en nosotros y que, sobre todo, seamos capaces de dirigirnos hacia propósitos que beneficien a todos y no solamente hacia nuestros intereses más inmediatos. Para que esto suceda, hace falta que el líder sea honesto. Así, la honestidad es una característica fundamental de un buen líder. El chantaje y la manipulación pueden parecer herramientas útiles en un momento dado pero, a la larga, generan relaciones poco productivas, donde los problemas personales entre los miembros del grupo son, ocasionalmente, tan grandes que impiden el logro del propósito que se buscaba originalmente. Del mismo modo, hay que saber reconocer que el liderazgo implica una responsabilidad: un buen líder debe ser sobre todo responsable. Por esto muchas personas prefieren no ejercerlo porque si las cosas no salen de la manera deseada prefieren creer que no se trata de una error suyo. Sin embargo, esto es un error, ya que cuando se inicia una acción colectiva las responsabilidades que se tienen a partir de los resultados no son sólo del líder del grupo, sino de todos los que participaron en el proyecto.


El factor fundamental que determina si una persona tendrá mayor o menor facilidad para convertirse en un líder es la personalidad de cada quien. La personalidad consiste en una serie de rasgos que distinguen a una persona de otra y que, fundamentalmente, son maneras específicas y repetitivas de dar respuesta a ciertos estímulos. Si cada vez que  me siento amenazado me siento triste o, por el contrario, me siento eufórico, es un rasgo de la personalidad. Desde una perspectiva psicoanalítica, son muchos los factores que contribuyen al establecimiento de la personalidad y, en esa medida, a la obtención de una personalidad propensa al liderazgo. Es decir, hay tipos de personalidades que se orientarán más fácilmente hacia el liderazgo, mientras que habrá otras a quienes esto les sea más difícil. La personalidad se estructura, en gran medida, durante la infancia y es en esta etapa en la que se adquieren los elementos que orientarán después nuestro comportamiento. Sin embargo, la personalidad no es algo fijo e inmutable que no podamos modificar. Por el contrario, frente a cada nuevo reto de la vida tenemos la oportunidad de actuar de maneras distintas. Así, un líder no nace, sino que se hace.


Como conclusión, podríamos preguntarnos si en verdad ser líder es algo deseable para todos. Parece que no. La experiencia clínica nos indica que la felicidad, en todo caso, no depende de tener o no ciertas características, como ser alta o chaparra, activa o pasiva, etc. De lo que se trata es de saber sacar el mayor provecho de lo que podemos hacer y, sobre todo, de identificar nuestras fortalezas y nuestras debilidades para así explotar las primeras y tratar de fortalecer aquellas áreas donde nos sintamos un poco más débiles.


Para que esto resulte sumamente provechoso, en algunos casos, es bueno iniciar un tratamiento psicoanalítico. No se puede determinar si soy o no soy líder sino que, a lo mucho, se pueden identificar ciertos rasgos, muchos o pocos, de liderazgo. Para poder dar prioridad a estas características lo que tenemos que hacer es evaluar cómo son nuestras relaciones interpersonales y, en esa medida, tratar de modificar poco a poco lo que sea posible. Además, si hay una característica que poseen todos los líderes y que podemos empezar a adquirir es ésta: el optimismo frente a los nuevos retos.


Finalmente, también es importante saber escoger a qué líderes “seguir”. Siempre debemos entender que, en cualquier caso, “seguir” a un líder no nos evade de  ninguna responsabilidad. Más bien debe ser una decisión que tomemos de manera consciente, pues puede resultar en una serie importantísima de acontecimientos de los cuales tenemos que hacernos responsables. Se dice frecuentemente que en esta época necesitamos líderes. Sin embargo, no sólo es esto lo que nos hace falta, sino la existencia de un auténtico espíritu de cooperación que nos permita lograr metas más importantes y de repercusiones duraderas.

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