Estilo de Vida

Café Einstein y Restaurant Dressler, ¡no los olvides en Berlín!

Dos clásicos y glamorosos locales en el corazón de Berlín. Lugares bellos donde asiste gente también hermosa…

13-08-2009, 5:00:00 PM

Si hay dos buenos sitios para conocer en Berlín, estos son el Café Einstein y el Restaurant Dressler.

El Café Einstein es un restaurant con grandes ventanales que da a un bello jardín. El suelo es de madera, los techos son altos, el lugar es muy confortable.

El ambiente es animado, con un estilo centroeuropeo, con gente bohemia, artistas, periodistas y políticos.

Se come y se pasa excelente.

Situado en una vieja casona, en Kurfürstenstr # 58, esta cafetería te traslada a la época de los locales berlineses de antes del estallido de la guerra. Si vas en el día, puedes leer la prensa y disfrutar un buen desayuno consistente en un generoso trozo de Apfelstrudel, o un pastel de manzana con pasas, nueces y canela. El horario para desayunos es de las 10:00 a las 14:00 horas.

La especialidad, por supuesto, es el café. Importan los mejores granos del mundo. Con espacio para 200 personas, tiene un espacio exclusivo para fumadores.

Cierra a las 20:00 horas y el sitio oficial es www.cafeeinstein.com  

El Dressler, en tanto, es un local ubicado en la calle Kurfürstendamm que con el paso de los años se ha convertido en referente obligado de turistas y alemanes.

Como esta avenida es ancha se ponen mesas en el exterior, donde disfrutas del aire fresco y tienes un amplio ángulo de visión. Por supuesto, se recomienda el uso de lentes de sol, para evitar quedar como un mirón de primera clase, ¿verdad?

En el Dressler se sirven pasteles y té, tanto en el desayuno, almuerzo y cena. El menú mezcla especialidades francesas e internacionales.

Un plato principal cuesta aproximadamente 12 euros, mientras que un rissoto o pasta vale entre 15 y 20 euros. Los precios son caros, pero el prestigio del local y el nivel de los comensales lo valen.

Entre los cócteles recomendamos el campari con naranja, mientras observas el ritmo vertiginoso de una ciudad bella, con personas, obviamente, también, hermosas.