Estilo de Vida

Alinea: Te provocará atracción molecular

El affaire pasional entre la ciencia y la comida tiene un nuevo templo en la ciudad de Chicago: Alinea.

10-02-2009, 5:00:00 PM

La carta es engañosa… precisamente porque no es engañosa. Aquí, a las cosas se les nombra de la manera más sencilla: un platillo de pato se llama simplemente “Pato”, y también es el caso de “Coliflor”, “Conejo” y “Papa”. Por lo mismo, es difícil imaginar que detrás de unas palabras tan llanas están las insólitas creaciones ofrecidas por el restaurante Alinea, uno de los mejores lugares de comida molecular en Chicago.


Si hubiera contraseña para entrar, ésta sería “estoy dispuesto a probar algo distinto”. Combinaciones de sabores que parecen imposibles tienen cabida en este universo creado por Grant Achatz y Nick Kokonas, herederos directos de un movimiento que nació en Europa y llevó a Norteamérica el famoso chef catalán Ferran Adrià, quien supo bien lo que era luchar a contracorriente para conquistar el paladar de los estadounidenses, porque éstos se resistieron a sus “extravagancias”.


En honor a la verdad, por algo le dicen comida shock. El impacto es primeramente visual, debido a su decoración espectacular y vanguardista, por no hablar de la impresión gastronómica cuando ves, por ejemplo, que el complemento del platillo “Chocolate” son unos higos y… ¡aceitunas! El golpe es también olfativo, cuando te sorprende un vapor aromático saliendo de alguna copa. Ante eso, lo único que cabe es decirte: pruébalo.


Y como precisamente de eso se trata, Alinea ofrece una degustación de 28 platillos: toda una gama de sabores, texturas y colores en la que mucho tienen que ver aparatos como centrifugadoras y deshidratadoras que, en manos del equipo encabezado por el reconocido chef Jeff Picus, se encarga de lograr peculiares texturas.


En este lugar hasta una cuchara puede formar parte de un platillo, pues se integra armónicamente con los alimentos y los platos de porcelana —trabajados en estéticas formas—, de modo que cada presentación es una verdadera escultura. Si no fuera por esa imperiosa necesidad de probar cada manjar de este desfile gastronómico, uno lo mantendría intacto para no dejar de complacer la mirada.


Hasta el impecable servicio tiene un twist, y es que el equipo entero viste Ermenegildo Zegna. Todo está pensado para hacer tu estancia placentera, especialmente si optas por la degustación, que dura cuatro horas. Parece mucho pero, créeme, el tiempo se detiene. Disfrútala por 375 dólares, incluido el vino.


 

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