Estilo de Vida

Cómo se relacionan el estrés y la depresión

El estrés y la depresión tienen síntomas similares, aprende a diferenciarlos y también cómo se relacionan.

29-07-2011, 3:42:07 PM

Es indudable que estrés y depresión
suelen estar íntimamente relacionados. Sin embargo, son enfermedades
distintas que ameritan tratamientos específicos, a pesar de que sus
síntomas son, muy parecidos y esto provoque confusión.

Es de suma importancia hacer una distinción clara y precisa entre estrés y depresión.

En términos generales, la depresión es un estado afectivo de gran tristeza que puede ser transitorio o permanente.

Algunos de los síntomas más importantes que presenta una persona con depresión son: una capacidad limitada para disfrutar la vida, aumento o disminución de peso sin razón aparente, trastornos del sueño, trastornos alimenticios,
sensación de irritabilidad, baja autoestima, dificultad para
concentrarse y relacionarse con otras personas y en ocasiones,
pensamientos relacionados con el suicidio. Todos estos síntomas afectan
diversas áreas de la vida cotidiana, como el trabajo, la escuela, la
familia y las relaciones de pareja.

Se ha comprobado que la depresión es una enfermedad cada vez  más común en las personas. Hoy en día se calcula que de cada 10 personas al menos una sufre de depresión y en las áreas urbanas esta cantidad se eleva a 3 de cada 10 habitantes.

El estrés es una respuesta inmediata y natural del cuerpo ante una
sensación de peligro que, al sentirse amenazado, utiliza diferentes
mecanismos de defensa.

El estrés
es, en otras palabras, un mecanismo de supervivencia necesario y muy
útil. Sin embargo, debido al estilo de vida de la mayoría de las
personas, el estrés se hipertrofia y puede llegar a convertirse en una
enfermedad.

Frente a una amenaza del mundo exterior o interior, el cuerpo tiene
la capacidad de reaccionar liberando adrenalina, aumentando la cantidad
de glucosa en la sangre y de aquellos factores que protegen el sistema inmunológico. Estas reacciones son naturales y nos permiten enfrentar dichas amenazas.

Sin embargo, las demandas que nuestro entorno y aquellas que nosotros
mismos nos imponemos provocan que este estado de alerta se sostenga por
periodos de tiempo demasiado prolongados, lo cual puede ocasionar
diversos trastornos como, por ejemplo, ataques de insomnio o de ansiedad, dolores musculares, trastornos en la atención y hasta depresión. De acuerdo a estudios recientes se sabe que, a nivel mundial, una de cada cuatro personas sufre de estrés y que en las grandes metrópolis este índice es superior al 50%.

El estrés es una reacción natural del cuerpo que se localiza en el cerebro
y que, al reconocer los estresores, provoca las respuestas fisiológicas
adecuadas para enfrentar las amenazas. Sin embargo, una intensidad y
una frecuencia demasiado elevadas en estas respuestas llegan a alterar
las funciones fisiológicas normales y a influir en el estado de ánimo de
las personas.

La depresión, por su
lado, es más bien un estado anímico que puede llegar a alterar las
funciones fisiológicas normales. Es por ello que, en algunos casos, los
estados de estrés y de depresión se pueden confundir.

Si bien el estrés puede llevar a la depresión y la depresión puede provocar estrés, no todas las depresiones tienen su origen en estados de estrés y no siempre el estrés es resultado de una depresión.

Por ejemplo, una presión demasiado fuerte en el área laboral puede tener repercusiones en la vida sentimental de una pareja, llegando a deteriorarla y ocasionando sentimientos de improductividad, tristeza, baja autoestima y hasta depresión.

Un estado depresivo del que no se puede salir puede llevar a las
personas a desesperarse y a estresarse por esa misma imposibilidad. Se
admite, sin embargo, que un estrés persistente e intenso aumenta los riesgos de caer en una depresión.

Puesto que existe una diferencia entre el estrés y la depresión,
cada uno de estos padecimientos tiene sus propias curas, por lo que se
recomienda buscar ayuda profesional para determinar si una persona sufre
de una u otra enfermedad.

Y es sólo mediante el diagnóstico específico de cada caso cuando el
profesional de la salud (médico o psicólogo) podrá establecer el
tratamiento adecuado.

No está de más, sin embargo,  recomendar en cualquiera de los casos
que la persona acuda a una terapia donde pueda hablar libremente acerca
de lo que está sintiendo, lo cual, a su vez, le permitirá ahondar e
identificar  las causas, ya sea de su depresión o de su estrés y ser capaz de contrarrestarlas.

Para evitar que cualquiera de estas dos situaciones afecte nuestra
vida cotidiana es importante detectar cuáles son los factores que lo
provocan,  cuál es el motivo y evitar que estas situaciones se salgan de
nuestro control.

Asimismo, es necesario atender estas enfermedades a tiempo, ya que de lo contrario pueden tener repercusiones graves en la salud, como ataques cardíacos, incremento en los niveles de colesterol y desequilibrios en el sistema inmunológico y hormonal.

Tratar de llevar una vida sana ayuda mucho también; es decir, alimentarse sanamente, dejar de fumar, evitar las bebidas alcohólicas, hacer ejercicio, etc.

Aprender a relajarse y a descansar incrementa los niveles de serotonina en nuestro cerebro,
ayuda a nuestro sistema inmunológico y nos permite apreciar las cosas
con cierto grado de objetividad, lo cual nos permite, a su vez, ser
mucho más fuertes ante la presión externa e interna y analizar nuestra
vida emocional con más parcialidad.

Por: Psic. Lara Durand
Miembro de la SOCIEDAD PSICOANALÍTICA DE MÉXICO (SPM)
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