Estilo de Vida

Entusiasmo por el lujo

El lujo busca reencontrar su espacio en estos tiempos difíciles; a pesar de ello, este tipo de firmas han crecido de modo extravagante.

17-05-2009, 5:00:00 PM

El filósofo francés Gilles Lipovetsky explica que “el lujo no es más la parte maldita, sino la parte de sueño, de la excelencia y de lo superlativo que el hombre necesita para salir de la monotonía”.


LVMH, número uno mundial en este mercado (Louis Vuitton, Moët & Chandon, Dior…), reportó un crecimiento del cuatro por ciento en 2008 (contra el 13 por ciento de 2007) y, junto con marcas como Hermès y Loro Piana, prevé resultados estables o bien sólo una ligera disminución de sus ventas. Aunque parezca paradójico, las marcas más elitistas resistirán mejor al atraer a los compradores más adinerados.


El lujo hoy
Entre los accesorios más rentables se encuentran los relojes, precisa un estudio realizado por el despacho Bain & Company. En el último lugar, los bolsos de mano se han convertido en un objeto que concentra la noción de lujo.


El primer estudio mundial sobre este sector, el World Luxury Tracking (WLT) 2007, realizado por el grupo Ipsos, demuestra que los clientes regulares de estos productos y servicios se interesan por numerosas categorías de artículos, evidentemente muy finos.


La última edición del WLT, publicada en noviembre de 2008, que incluyó 5,600 entrevistas con la clientela del lujo en México, China, India, Rusia, Brasil, Corea del Sur y Hong Kong, llama la atención sobre las expectativas y especificidades de estos mercados que se vuelven cruciales en esta época de crisis. “La imagen de modernidad del lujo (a diferencia de los países desarrollados, donde esto es secundario) se preserva a largo plazo en los países emergentes. Las clientelas del lujo en estos países ven hacia el futuro. (…) Es un lujo ostentoso, hedonista y optimista”.


Durante el periodo 1996-2000, las firmas de lujo tuvieron un crecimiento verdaderamente extravagante, que volvió a repuntar hacia 2007 (9 %, según Bain & Company). Esto podría atribuirse a que durante la última década apostaron todo a las estrategias de mercadotecnia y democratización del lujo, a veces con cierta vulgaridad. Muchos les criticaron que dejaran de lado los códigos fundadores del gremio: independencia de las tendencias, exclusividad en el nicho de clientela y discreción de la difusión, pues corrían el riesgo de desacralizar el lujo y restar sentido a su elevado costo, pero la apuesta funcionó entonces, cuando el reto era reinventar el mito. Ahora se trata de mantenerlo.