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De la tradición al negocio: los peluqueros y las barberías en la CDMX

Los peluqueros urbanos vieron los inicios del oficio de peluquería en Ciudad de México. Aún es posible encontrar a los herederos de los “maestros peluqueros” debajo de lonas ubicadas en algunas calzadas de la ciudad.

12-03-2018, 12:01:26 PM
peluqueros urbanos, peluquerías al aire libre

Lonas rojas, azules y amarillas absorben los rayos del sol en la calzada Ignacio Zaragoza, el calor es el mismo de hace 50 años y el camellón conserva algunos árboles que sirvieron para colocar espejos y mirar volar los cabellos de hombres y niños que acudían por un casquete corto regular de a peso con los peluqueros de Cuatro Vientos, también conocidos como de “Paisajito”.

Luis R, tiene 60 años de edad, todos los ha vivido en el barrio de San Juan, aún se recuerda de la mano de su padre haciendo fila para cortarse el cabello con alguno de los seis peluqueros que se ponían en lo que antes todos conocían como “la carretera”, el metro no existía, en su lugar pasaba el tren y un camino de ida y otro de vuelta.

“Hacían una instalación de mera pared, antes eran petates y cartones grandes con espejo, tenían su silla de peluquería, la transportaban hacia la Calzada Zaragoza, donde pasaba el tren, se ponían del lado de San Juan, por eso le decían “cuatro vientos” porque “te llegaba el aire por todos lados”.

Eran buenos peluqueros, comenta con nostalgia mientras espera su turno para cortarse el cabello en el tianguis de “chacharitas” de la calle Siete a pocos metros de la avenida, llevaban batas blancas y destacaba su rapidez y precisión con las navajas, con las tijeras, por aquellos días, era común mirar a los “chícharos”, que eran niños con ganas de aprender el oficio a fuerza de observación y constancia, desde abajo, limpiando los cabellos, ayudando al maestro peluquero.

“San Juan se distinguió mucho por sus peluquerías al aire libre, los peluqueros de paisaje eran muy limpios, tenían sus cosas ahí, cada día montaban su escenario y lo quitaban, se ponían a partir de las seis de la mañana y se iban a las seis de la tarde, iban muchos hombres, gente de pueblo que no tenía para gastar. Luego, quitaron el ferrocarril, los acomodaron a un costado, les pusieron locales establecidos, ya no fue igual, la gente estaba muy acostumbrada”.

Mari Gallegos es de esas mujeres sin edad, tiene 12 años ofreciendo servicio de peluquería a pocos metros de la calzada, en la calle Siete trabaja en un puesto semifijo de lonas rojas, sus enseres perfectamente acomodados dan cuenta de la experiencia y muchos años de trabajo, es una de las descendientes de la tradición de peluquería urbana iniciada por los maestros peluqueros de Cuatro Vientos.

Ella, trabajó con dos de esos maestros, y aún cuando “ya tenía escuela”, de ellos aprendió la velocidad y trucos que solo se podían aprender en la práctica, “no queremos decir que somos las herederas, venimos a trabajar sin pensar que íbamos a jalar ese trabajo, esa tradición que ellos comenzaron”.

Mari se mueve veloz alrededor de sus clientes, mueve las tijeras de un lado hacia otro, a un lado de un niño a alguna de las numerosas vírgenes que abundan en la capital del país, lleva más de 10 años ahí y nunca ha contado los cortes que realiza en un día, los cobra a 30 pesos y con orgullo comenta que puede hacerlos entre siete y 10 minutos.

En el tianguis de la calle Siete, Mari y otras tres mujeres se dedican a enchular las barbas y cabellos de los viandantes, muchos de ellos la van a ver desde la Marquesa, el Valle de Chalco y la Ciudad de México, debido a que ofrece lo mismo que en las peluquerías establecidas pero “bueno, bonito y barato”, que es a lo mismo que acudían los hombres al “Paisajito” hace alrededor de cinco décadas.

“Aquí siempre me han platicado todos mis clientes de las personas de Cuatro Vientos, y sigue la tradición, siguen hablando, mucha gente sigue hablando de los peluqueros de “Cuatro Vientos”.

La tradición de los peluqueros

La peluquería urbana es una tradición que no sólo se conserva en la calzada Ignacio Zaragoza, que vio los inicios del oficio de peluquería en Ciudad de México, sino que en los alrededores del metro Tacuba existe la tradición viva, Marisela Hernández fue de las primeras en llegar al lugar, comenzó abajo del puente vehícular hace 12 años, provista solo con una silla, una lona y sus herramientas de trabajo.

Con el tiempo se “fue aclientando” y ahora tiene ya un blanco puesto fijo, ella y sus compañeros cortan el cabello de los masculinos por 40 pesos, el arreglo de la barba a 60, en un fin de semana puede hacer hasta 25 cortes y las personas llegan en tropel a buscar sus servicios, hacen filas de hasta dos horas, saben que es barato y rápido, puede hacer cortes de hasta 10 minutos.

Hacemos lo mismo que en una barbería, solo que allá ponen crema, toallas húmedas, sillones más cómodos, pero en cuestión del trabajo es lo mismo, la barba se arregla cada semana para que anden bien, las barberías cobran 300 pesos, acá se cobran 60 pesos”.

Entre risas, comenta que en la actualidad los hombres se arreglan un poco más, ya buscan que les arreglen no solo el cabello, sino la barba, las cejas, es un mercado que ha evolucionado bastante “en estos tiempos está la barbería a todo lo que da, los hombres ahora están gastando más, no regatean para verse mejor”.

Raúl Feria trabaja con Marisela, él es un maestro peluquero de la vieja escuela, tiene 30 años de poner guapos a muchos hombres mexicanos, aprendió como todo el mundo por esos días, a punta de observación.

De niño, llegó también a Cuatro Vientos, donde los peluqueros preguntaban a los clientes si querían corte con paisaje o sin paisaje, la primera opción era mirando a la calle en tanto que la segunda, mirando un árbol, de ahí el nombre de los peluqueros del “paisajito”.

Enfundado en una impecable bata, Don Raúl recuerda que el oficio de peluquero se aprendía mirando a los que ya sabían, siendo “chícharo”, y muchos de los que se dedicaron al oficio durante años así empezaron, a punta de observación, ayudando a los maestros peluqueros.

“En cierto modo es lo mismo, y las peluquerías van a seguir subsistiendo”, dijo a Notimex al explicar que es el mismo servicio, solo sucede lo que ha pasado toda la vida, que las personas se van especializando y agregan nuevos servicios.

Sin embargo, sostiene que los nuevos barberos salieron de los peluqueros y de sus ancestrales saberes “ellos son la nueva escuela, es lo mismo, el peluquero también hace la barba, a lo mejor lo que cambia son los menjurjes que le ponen”.

Barberías, la nueva escuela

Master Rodman tiene en la sangre el linaje de la peluquería, comenzó desde los nueve años a aprender el oficio de su abuelo, en la actualidad es director del Instituto Internacional de Alta Peluquería y Barbería, en la plaza Atarazanas, en el centro histórico, en el lugar se forman los nuevos barberos de la ciudad.

De vez en vez, algunos muchachos le preguntan cuestiones técnicas, entre el sonido de las rasuradoras comenta que el oficio se ha especializado, aunado a que la tecnología permite lograr otros resultados; además, las barberías ofrecen bebidas de cortesía, tratamientos específicos para hombres e incluso hay algunas que tienen mesas de billar al centro y consolas de videojuegos.

“Los hombres ya se quieren ver mejor, antes era sólo estética, la vanidad del hombre ya es diferente, ahora que están a la moda, es la barba, el rasurado con corte inglés, navaja alemana, darle presencia al rostro, a la manera de vivir, las barberías nacen por la vanidad del hombre, ya no nada más es la vanidad de la mujer”.

Explicó que la barbería tiene como antecedente el periodo medieval, en donde los barberos le hacían también de cirujano y practicaban sangrías, para que fueran localizables colocaban banderas blancas y hacían un círculo de sangre; luego, colocaron señalizaciones menos gráficas hasta quedar el poste blanco, azul y rojo con el que se les puede reconocer hasta nuestros días.

Para los hombres, abundó, el cabello también emite mensajes y aunque las tendencias de la moda van y vienen, en la actualidad los hombres están dispuestos a pagar más por arreglarse la barba, las cejas, recortar sus patillas y por qué no, un tratamiento que mejore la apariencia de la piel.

En las barberías, se cuidan los aspectos de atención y servicios, aunado a que la tecnología permite una mayor higiene, ello, se suma a espacios en los que los hombres se sienten más cómodos, se trata de lugares que rescatan las formas y aspecto de la peluquería de la vieja escuela con las de la vida moderna.

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