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Los ajustes que haría WeWork tras su fracaso para llegar a la Bolsa

WeWork, con sede en Estados Unidos, tendrá que esperar mejores tiempos y trabajar para dar mayor certidumbre a los inversionistas de la Bolsa

01-10-2019, 6:35:02 AM
Wework

WeWork fracasó en su estrategia de convertirse en empresa pública, al menos por el momento. El descalabro es un duro golpe a la expansión proyectada para los meses y quizás dos o tres años siguientes, ya que obligará a replantear las estrategias. Para algunos, se trata del primer fracaso de las nuevas empresas surgidas en este siglo y podría ser el aviso de que habría que revisar los modelos de negocio de otras compañías.

Este lunes WeWork anunció al mercado de Nueva York que abandonaba definitivamente sus esfuerzos para lanzar una Oferta Pública Inicial de acciones (OPI), luego de semanas de turbulencias sobre las medidas que tomaba la compañía para su salida a bolsa, mismas que nunca convencieron a los inversionistas que escépticos no atinaban a comprender si la acción emitida estaría respaldada por una empresa de tecnología o del sector inmobiliario. Factores de incertidumbre como los anteriormente señalados provocaron uno de los mayores fracasos del mercado en el presente siglo, pocas empresas anuncian sus intenciones de emitir títulos accionarios y no lo cumplen ya sea porque no son autorizadas o porque de plano las rechaza el mercado, es probable que en este caso privó lo segundo.

No obstante, la compañía aseguró que emitirá acciones en algún momento, aunque no fijó un estimado del tiempo en que lo haría ni si lo intentará en otro mercado que no sea el de Nueva York, algo que es poco probable. La expectativa de WeWork apuntaba a la captación de hasta 3 mil millones de dólares por el lanzamiento de la OPI, que complementaría con un préstamo de 6 mil millones de dólares que obtendría en gran medida con el respaldo de convertirse en empresa pública. Los bancos se habrían comprometido a prestarle a la compañía solo si recaudaba al menos 3 mil millones de dólares en la OPI, lo cual dejaba en claro todo lo que estaba en juego. 

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Historia de un fracaso anunciado

WeWork jamás ha registrado utilidades desde que nació en el año 2010, ese fue el primer factor de contradicción y riesgo que los inversionistas potenciales detectaron y que los directivos de la empresa no fueron capaces de anticiparse pese a que en el mundo entero uno de los indicadores fundamentales para cualquier inversionista que se respete es precisamente el de las ganancias y su relación con otras cifras de la compañía; por ejemplo, utilidad vs capital, utilidad vs inversiones, etc.

Fue solo el principio; a inicios de septiembre se conocieron rumores en el sentido de que la empresa aceptaría una valuación máxima de 20 mil millones de dólares en su OPI, y no de 47 mil millones, fue otra señal de que la empresa no encontraba un punto de comparación que proporcionara certidumbre y de la imperiosa necesidad del dinero.

Los recursos eran necesarios para que la empresa con sede Nueva York, que alquila oficinas amuebladas para empresas y trabajadores independientes, financiara su expansión en todo el mundo, invirtiendo adicionalmente en una amplia gama de negocios y propiedades como departamentos y escuelas, según había trascendido. Los problemas de la empresa comenzaron desde el año pasado cuando uno de sus principales inversionistas, el banco japonés Softbank se negó a inyectar 16 mil millones de dólares que previamente había acordado.

Así, conforme pasaron los meses las presiones se acumularon y la OPI empezaba a tambalearse, en agosto pasado algunos analistas empezaron a dudar sobre la fortaleza financiera del proyecto, lanzando indirectamente preguntas a la alta dirección, específicamente: ¿cómo sostendrían el modelo? ¿Cómo obtiene dinero? ¿Está en riesgo de quiebra si no puede conseguir efectivo?, ¿qué es la compañía, una empresa de tecnología o de bienes raíces? De hecho, la salida a bolsa se postergó desde hace algunos meses.

En concreto, las dudas se enfocaban en la fragilidad de un modelo comercial no comprobado plenamente o con altos riesgos, similar al de Uber, empresa cuya acción se ha desplomado constantemente desde que salió al mercado. Por si todo lo anterior no bastara, el Consejo de Administración de la empresa decidió apenas el 18 de septiembre pasado que su cofundador Adam Neumann abandonara el puesto de CEO para dar paso a un interinato doble, aunque mantendría su puesto de presidente; los directores interinos se avocaron a la búsqueda de un nuevo CEO que inyectara confianza a los inversionistas en el proceso de la OPI, el tiempo no alcanzó y WeWork tuvo que dejar, por ahora, sus planes de llegar a Wall Street.

Lo que sigue

Dos palabras retumban en los edificios de We Work: recortes y desinversiones. La dirección de la compañía analiza con toda seriedad realizar recortes de personal en todas las instalaciones en donde se ubica físicamente, como una medida para reducir sus costos y enfilarse a una administración más ortodoxa de los recursos con el ánimo de volverse atractiva en algún momento para el mercado bursátil. Adicionalmente, podría realizar desinversiones en algunos países donde tiene operaciones, también para financiar sus actividades y eventual expansión en sitios donde tiene o detecta mayor potencial de rentabilidad.

El tiempo apremia, algunas versiones señalan que la compañía empieza a quedarse sin el efectivo necesario para mantener sus operaciones, aunque por el momento no consideran que sea una situación de alto riesgo, sí dicen que se han prendido las alertas.