Opinión

Marichuy: la independiente que se encuentra ausente de las elecciones

El nombre de Marichuy brillará por su ausencia en este proceso electoral. Las candidaturas independientes deben rediseñarse a fondo, pues las únicas personas que serán candidatos independientes fueron militantes del PRI y el PAN y la única persona que nunca ha militado en ningún partido es el nominado del PRI.

03-04-2018, 1:03:41 PM
Marichuy

El ámbito electoral mexicano está plagado de buenas intenciones eventualmente frustradas. Por décadas el sueño fue simple: que los votos fuesen reales, se contaran y realmente contaran. Durante ese largo tiempo el partido oficial en sus diferentes encarnaciones (PNR-PRM-PRI) generalmente ganaba, pero cuando era necesario también arrebataba. Durante esas primeras seis décadas del priato no hubo un solo Gobernador de oposición, y casi el mismo lapso (59 años) para los primeros senadores que no fuesen del tricolor.

De migajas a la oposición a democracia

Una sucesión de gobiernos priistas (desde López Mateos hasta Salinas de Gortari) se dedicaron a abrir espacios especialmente diseñados para la oposición, dado que el monopolio del PRI era poco estético en un país que alegaba ser una democracia. Con López Mateos llegaron los “diputados de partido” y con López Portillo se transformaron en legisladores por representación proporcional. Salinas desequilibró la dimensión federal del Senado con ocurrencias como primera minoría y representación proporcional. El resultado final es el peculiar híbrido que hoy es el Congreso.

Al parecer hubo fraudes importantes en las elecciones presidenciales de 1929, 1940 y 1988, aunque lo más seguro es que a la oposición se le escamotearon votos siempre para mostrar la omnipotencia priista (destacadamente en 1958 y 1970). El colmo del absurdo fue la elección presidencial de 1976, en que José López Portillo se paseó en campaña por todo el país sin tener contrincante en la boleta. Como llegó a decir, bastaba con que votará su mamá para que triunfara.

La primera elección presidencial limpia (o razonablemente limpia) tuvo lugar en 1994. No dejó de ser irónico que ganara el PRI. La crisis del año siguiente desprestigió al tricolor al grado que llevó a la victoria del PAN en 2000, de la misma forma que las percepciones de corrupción del actual gobierno pueden llevar a una nueva derrota del tricolor.

El sueño de los Independientes

Mucho quedó de la era de los fraudes mínimos o masivos. Raro que un perdedor reconozca el día de la elección su derrota. Al contrario, muchos claman que los resultados preliminares los favorecen. Muchos diferendos electorales acaban ante tribunales. El Instituto Nacional Electoral (antes IFE) degeneró de un respetado árbitro ciudadano a un carísimo pastel que se reparten los partidos políticos sin pudor alguno.

La legislación electoral ha degenerado en forma similar. El INE en parte es objeto de burla dada la complejidad de sus disposiciones, además violadas sin pudor alguno en numerosas ocasiones. Durante años los partidos y candidatos se promueven sin pudor, violentando el espíritu de esas reglas (por no hablar de su letra) de forma prácticamente impune. Por años no hay oficialmente candidatos, y por años, de hecho, están haciendo campaña por todo el país.

¿Independientes de partido?

En ese ámbito enredado, en medio de esa partidocracia que en ocasiones parece un cártel (en economía un cártel es un oligopolio cuyos integrantes se reparten el mercado), la posibilidad de candidaturas independientes representó un elemento novedoso y atrayente para muchas personas. Esa alternativa de poder brincarse a los partidos e ir por una persona alejada de los mismos. Ante la enorme dificultad para lograr una franquicia electoral generosamente subsidiada (esto es, un partido), que los ciudadanos de a pie pudiesen apelar directamente a los votantes. El sueño de tantos, servir, sin la mediación de una oligarquía política.

La boleta electoral 2018 al parecer tendrá cinco nombres. Los dos candidatos independientes fueron militantes de dos de los principales partidos políticos, el PAN y el PRI. La única persona que nunca ha militado en ningún partido es el nominado del PRI (y otros). El único que ha estado en el PRI es abanderado de Morena (y otros). El militante del PAN es candidato del PAN, aunque también del PRD (y otro).

Jaime Rodríguez capturó la imaginación nacional cuando logró un triunfo contundente por la gubernatura del industrioso Nuevo León bajo la figura de independiente. Que llevara décadas en el PRI al parecer pesó poco. Su mediocre actuar como gobernador no le dio las firmas (válidas) necesarias para el INE, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó su registro. El famoso “El Bronco” pasó a ser la triste figura de “El Brinco”.

Armando Ríos Piter no ha tenido tanta suerte. Renunció al PRD sintiendo que podía ser el Macron mexicano. Su notoriedad más reciente como Senador fue el triste papel que jugó asegurando la ratificación, que podría argumentarse claramente ilegal, de Paloma Merodio como Vicepresidente del INEGI. Nunca despegó realmente entre los electores. Todavía no se acababa el proceso de recolectar firmas y ya estaba buscando alianzas con Zavala y Rodríguez.

Marichuy y la promesa que no fue

La persona que probablemente mostró con mayor claridad la promesa rota de las candidaturas independientes fue María de Jesús Patricio Martínez, más ampliamente conocida como Marichuy. Su plataforma inicial para buscar la candidatura fue su elección, con dicho propósito, por el Congreso Nacional Indígena.

Una de las facetas de esa promesa rota fue en la propia recolección de firmas. La “app” del INE podía sonar como una forma espléndida para hacerlo entre los apasionados de la tecnología. El problema era, sin embargo, más complicado para recolectar apoyos entre los humildes y marginados. El error fue enmendado, pero ese clasismo, aparejado muchas veces del racismo que permea en México fue algo evidente.

Marichuy quedó muy lejos de uno de los raseros clave para lograr lugar en la Boleta 2018, pues estuvo cerca de las 300 mil firmas, cuando se requerían casi 870 mil. Pero en la marejada de firmas declaradas como cuestionadas e inválidas para otros candidatos, 94.5% de las obtenidas por la líder indígena fueron validadas por el INE, incluyendo aquellas capturadas en papel. Lo que resultó evidente es que la candidata no recurrió a atajos buscando lograr apoyos.

La ideología y propuestas de Marichuy difícilmente la habrían llevado a Palacio Nacional. Claramente anti-capitalista, puede argumentarse que es ajena a la modernidad que tanto requiere el país. Pero su presencia y voz en la campaña, y por supuesto en los debates, habría mostrado a un México que habitualmente no existe en la mente de muchos, digna representante de una minoría que muchas veces es invisible o que, peor, no se quiere ver.

La lección de 2018 sobre las candidaturas independientes es evidente: deben rediseñarse a fondo, sobre todo para ponerlas más al alcance de los, no es paradoja, ciudadanos realmente independientes de los partidos políticos. Nombres como el de Marichuy destacarán por su ausencia en el proceso electoral.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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