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El gabiente de AMLO, ¿la clave para ganar la elección?

AMLO presentó su gabinete a más de seis meses con de la elección con el propósito de generar certidumbre sobre sus propuestas, ¿lo logra? Sergio Negrete emite su análisis en esta columna de opinión.

20-12-2017, 8:23:24 AM
AMLO. gabinete

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hizo una jugada maestra a mediados de diciembre. En medio de la euforia por el dedazo que favoreció a José Antonio Meade y el auto-dedazo que instrumentó con éxito Ricardo Anaya, el tabasqueño también ocupó su lugar en el escenario político con el registro de una precandidatura (figura que a nadie engañó), en la fecha religiosa más importante del año, y dos días más tarde presentando a su futuro Gabinete.

Buscando crear certidumbre

El anuncio rompió por completo con la tradición del esquema presidencial mexicano. Faltan más de seis meses para la elección, y casi un año para la toma de posesión. Anunciar los miembros de un Gabinete a estas alturas de la campaña parece algo por completo innecesario. Armar un equipo ministerial es un ejercicio complejo, que en muchas ocasiones deberá considerar cuestiones coyunturales. No por nada, es tradicional anunciar el Gabinete apenas el día anterior de la toma de posesión, o si acaso pocos días antes.

Pero el objetivo de AMLO no era realmente publicitar un futuro equipo de trabajo, sino tranquilizar sobre su hipotético gobierno. Con suerte, reducir los altísimos niveles de rechazo que tiene entre importante sectores de la población. No fue un gesto menor. El tabasqueño es un animal político que cree en el presidencialismo exacerbado de su juventud, donde todo gira en torno a El-Señor-Presidente-de-la-República.

Laspolíticas emanan de Palacio Nacional o Los Pinos. Lo que importa no son las instituciones, sino la Voluntad Presidencial. El Gabinete obradorista debe verse, por ello, como una acción que quiso ser trascendente: el aspirante a La Silla implicando que el voto no sería solo para su persona, sino al mismo tiempo para un grupo.

La relevancia de Carlos Urzúa

Ese Gabinete llega cuando AMLO ha presentado una y otra vez (la más reciente durante su registro guadalupano) detalladas propuestas de gobierno. Y AMLO reiteró un conjunto que no cuadra. Las numerosas promesas de gasto en infraestructura (refinerías, aeropuertos, carreteras), subsidios (al campo, no es claro si a la gasolina), aumentos salariales (para empleados públicos), pensiones (aumento acompañado de su universalización), más subsidios (para estudiantes y jóvenes que no estudian o trabajan), entre otros, son de tal magnitud que requerirían una explosión de gasto público. El detalle es que el candidato de Morena también promete con firmeza no aumentar impuestos o crear nuevos, y que en su gobierno el déficit fiscal será cero, y el endeudamiento neto también cero.

La solución que presenta el ex Jefe de Gobierno capitalino para tratar de cuadrar ese círculo es simple: como no habrá corrupción, una lluvia de recursos ahora robados o derrochados estará disponible en las arcas federales. La munificencia presupuestal será por ello no sólo posible, sino fiscalmente responsable.

Semejante incoherencia hizo especialmente relevante la designación de Carlos Urzúa como el futuro titular de Hacienda. Sus credenciales académicas son impecables: un matemático con doctorado en Economía por la Universidad de Wisconsin. Urzúa es un experto, precisamente, en finanzas públicas. El principal problema que se ha apuntado sobre su persona, no menor pero tampoco grave, es que carece de toda experiencia en el sector público federal. A nivel gobierno sólo ha tenido un cargo de relevancia: estar a cargo de las finanzas del Distrito Federal en el periodo 2000-03, precisamente teniendo como jefe a López Obrador.

En ese sentido, el tabasqueño presentó a una de sus mejores cartas, si no la mejor, para Hacienda. Al mismo tiempo, la incógnita que abrió es si Urzúa tendrá la autoridad para imponer disciplina fiscal al propio AMLO. Es altamente improbable. La incoherencia del programa económico puede tratar de ser corregida por Urzúa en los meses de campaña que siguen, realmente presentando detalles que den cierta verosimilitud a las numerosas propuestas. Es improbable que ello ocurra. No es factible ver a Urzúa robando escenario a López Obrador. Es mucho más creíble imaginarlo renunciando, o siendo cesado, incluso al cabo de pocos meses de iniciada dicha administración. Esto es, como hizo Luis Echeverría con el respetado Hugo B. Margáin cuando quiso gastar de más, poniendo en su lugar a un neófito en cuestiones hacendarias, José López Portillo.

El ariete Nahle y otros nombramientos económicos

Urzúa debe ser visto como un elemento que era necesario. La designación de Rocío Nahle como futura titular de la Secretaría de Energía, en cambio, manda a los mercados la señal contraria, y muestra quizá un rostro más realista de López Obrador: el de un Presidente que desea fervientemente retroceder el reloj a los tiempos no lejanos (antes de la Reforma de 2013-14) del nacionalismo energético.

Porque Urzúa goza de prestigio bien ganado en los pasillos de la Academia. Nahle, en cambio, destaca por ser una combativa activista que considera que la Reforma Energética ha sido un fracaso. Como tantas personas que trabajaron en el sector petrolero antes del actual sexenio, parece creer que Pemex es una gran empresa que fue hundida por malos manejos que pueden corregirse con cierta facilidad o, peor, que fue prácticamente quebrada por administradores públicos que en realidad deseaban desmantelarla para abrir el sector a un voraz sector privado.

Esteban Moctezuma Barragán para la Secretaría de Educación Pública se acerca más al perfil Urzúa. No es visto como un radical, y sí tiene experiencia de primer nivel en el Gobierno Federal (habiendo sido titular de Gobernación y de Desarrollo Social, aparte de Subsecretario en la propia SEP). Su problema es también cómo cuadrar un círculo imposible: fortalecer al sector educativo mientras, promesa explícita de López Obrador, se desmantela la Reforma Educativa.

Entre las carteras ministeriales con impacto económico ciertamente destaca la respetable figura de Javier Jiménez Espriú como titular de Comunicaciones y Transportes, con la enorme incógnita sobre la edad que tendría (81 años) al asumir el cargo. No deja de ser notable que fue Subsecretario en la propia SCT, pero en el sexenio de Miguel de la Madrid. El resto de los nombramientos en carteras económicas fueron para personas cercanas al propio AMLO o en todo caso sin un peso específico de trascendencia dada su trayectoria.

Llamarada de petate

Por ello, puede argumentarse que la estrategia obradorista de presentar con tanta anticipación su Gabinete no tendrá el efecto deseado. A menos que los designados se aboquen a labrarse un espacio como figuras públicas, con acciones y propuestas específicas concretas (aterrizando las ideas de López Obrador), se tratará de una llamarada de petate. Es lo más probable, dado que el líder de Morena se ha caracterizado siempre por, entre muchas otras cosas, el rechazo a cualquier persona que le haga sombra. En la sombra obradorista no hay brillo posible.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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