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Economía

Protestas y tensión social amenazan la recuperación económica, advierte FMI

23-07-2021, 10:15:00 AM Por:
Protestas
© Reuters

Las causas varían entre la frustración por la gestión de la crisis por parte de los gobiernos, y el aumento de la desigualdad y la corrupción.

De acuerdo con el último Índice de Paz Global, el número de disturbios, huelgas generales y manifestaciones antigubernamentales en todo el mundo ha aumentado 244% en la última década.

El estudio señala que los confinamientos y el miedo a los contagios forzaron una pausa temporal. Pero prácticamente en todas las regiones del mundo han reaparecido los manifestantes.

Las causas varían entre la frustración por la gestión de la crisis por parte de los gobiernos, y el aumento de la desigualdad y la corrupción, factores que suelen incrementar las tensiones y disparidades existentes, y que en los períodos posteriores a pandemias anteriores han dado lugar a tensiones sociales.

Pero si los disturbios en la sociedad generan cambios en la estructura de la base social, que pueden ser positivos o negativos, evidentemente hay costos económicos que pueden sacudir todavía más a las naciones o regiones que las padecen, o incluso al mundo entero.

Con esa base y utilizando el Índice de Tensión Social Reportada (RSUI, por sus siglas en inglés), elaborado por el personal técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI), los expertos del organismo hallaron que los costos económicos a corto y mediano plazo de la tensión social pueden ser de hecho bastante pronunciados, sobre todo en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

Nueva ola de tensión social, riesgo para la recuperación

El organismo financiero multilateral estimó los costos del impacto macroeconómico de la tensión social durante el período 1990–2019. Además, identificó eventos de tensión social que generan un aumento inusualmente alto del RSUI y los clasificó en tres categorías, según la causa subyacente del factor desencadenante: políticos, socioeconómicos y mixtos.

Algunos ejemplos reales sirvieron como base, como las manifestaciones que siguieron a la elección del expresidente de México, Enrique Peña Nieto, en 2012, o las elecciones presidenciales de Chile de 2013. Se trató de shocks menos significativos equivalentes a una desviación estándar, lo que tiene el potencial de reducir el PIB en aproximadamente 0.2 puntos porcentuales seis meses después del shock.

En comparación, las protestas de julio de 2019 en la RAE de Hong Kong y las protestas de los chalecos amarillos de 2018 en Francia, que alcanzan el umbral de eventos de tensión social, definido anteriormente, resultaron en un aumento de 4 desviaciones estándar en el RSUI, provocando una reducción del PIB de aproximadamente 1 punto porcentual. 

Estos efectos en el PIB parecen estar impulsados por contracciones pronunciadas en las manufacturas y los servicios (dimensión sectorial), así como en el consumo (dimensión de la demanda). Los resultados también sugieren que la tensión social afecta la actividad económica debido a la disminución de la confianza y al aumento de la incertidumbre.

Hay diferencias

Sin embargo, no todos los países y los eventos son iguales. El impacto adverso de la tensión suele ser mayor en países con instituciones débiles y margen de maniobra de la política económica limitado.

Por tanto, se espera que los países cuyos fundamentos económicos antes de la pandemia eran débiles sean los que más sufran si el descontento social se convierte en tensión.

El impacto económico de la tensión también varía según el tipo de evento: las protestas motivadas por inquietudes socioeconómicas dan como resultado contracciones más profundas del PIB, en comparación con las asociadas principalmente con la política o las elecciones. Los impactos más importantes los generan las manifestaciones desencadenadas por una combinación tanto de factores socioeconómicos como políticos, similar a lo que sucedió en Túnez y en Tailandia a principios de este año.

Para el FMI, las protestas públicas pueden expresar la necesidad de un cambio de políticas. Los gobiernos deben escuchar y responder, pero también, intentar anticipar las necesidades de la gente con políticas dirigidas a proporcionar una oportunidad justa de prosperidad para todos.

Asimismo, impulsar el empleo, frenar el impacto a largo plazo de la crisis y proteger a quienes se han quedado atrás deben seguir siendo prioridades. Sin embargo, para tener éxito y evitar conflictos, las reformas deben realizarse con un amplio diálogo social sobre el papel del Estado y sobre cómo financiar de forma sostenible la presión sobre los presupuestos. De otro modo, los costos económicos de la pandemia se verán agravados por los costos de la tensión resultante.

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