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Economía

Gran Depresión Vs. Gran Confinamiento; crisis muy similares con una diferencia

21-08-2020, 6:10:00 AM Por:
Dolar
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No es gratuito que se diga que esta crisis es la peor en 90 años, en verdad se le parece mucho.

Si revisamos algunos de los principales indicadores económicos en el planeta o en las economías más importantes como la de Estados Unidos, veremos una fotografía muy similar a la que observamos en 1930 con la Gran Depresión. No es gratuito que se diga que esta crisis es la peor en 90 años, en verdad se le parece mucho. Sin embargo, también existe una diferencia que es fundamental para que en este 2020 no hablemos todavía de una depresión económica como la que vivió el mundo hace nueve décadas.

Esta crisis es muy similar a la de 1930 si no fuera por un pequeño detalle: aquí tenemos las similitudes en algunos de los principales indicadores y la única (gran) diferencia.

Millones sin empleo en 2020, igual que hace 90 años

Al cierre de 2019, la tasa de desempleo en Estados Unidos se ubicó en 3.5 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), un mínimo histórico que auguraba buenas cosas para este año, pero todos sabemos la historia.

En abril pasado la tasa de desempleo ya se ubicaba en 14.7 por ciento de la PEA, según estadísticas oficiales, se trata del mayor incremento mensual en la historia del país.

Pero el anterior es un dato sesgado de acuerdo con las mismas autoridades estadounidenses, ya que no considera a los desempleados que no han buscado trabajo en 30 días, o aquellos que laboran a tiempo parcial mientras consiguen un trabajo de tiempo completo. Cuando se agrega esas personas a la cifra oficial, la tasa de desempleo real se ubica en 22.8 por ciento. Se estima que en la Gran Depresión de 1930 (1929 el crash bursátil que la detonó), la tasa de desempleo en Estados Unidos era de 24.9 por ciento considerando a los que no buscaban trabajo. Pero no olvidemos que la población actual en ese país es mucho mayor que hace 90 años; por lo tanto, hablamos de muchos millones de gente sin trabajo, igual que hace nueve décadas, con las proporciones económicas guardadas. Esta tendencia del desempleo se replica a nivel mundial, rara sería la economía que podría salvarse.

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Desplome del mercado inmobiliario

En 1930 nadie vendía bienes raíces al tiempo que sus precios no variaron por un largo rato y la razón de ello era muy sencilla: nadie compraba esos bienes. La contracción económica fue de tal magnitud que en un mercado deprimido, sin liquidez, no había razón para que el sector inmobiliario fuera dinámico sino por el contrario, se hundió junto con la economía y tardó muchos años en resurgir.

El mercado inmobiliario en Estados Unidos se encuentra “pasmado”, según los reportes publicados en los meses anteriores por el portal especializado realtor.com. Tan solo en mayo ya se observaba que los inventarios de casas en venta se desplomaron 28 por ciento, y para julio la tasa se elevaba a más de 50 por ciento, que para el tamaño del mercado es una auténtica contracción. Pero, se calcula que la tendencia negativa continuará. Hasta marzo pasado el promedio para vender una casa era de 65 días, esa cifra ya dejó de estimarse para no generar más expectativas negativas.

El mercado inmobiliario de Estados Unidos sigue un patrón muy similar al de hace 90 años, podría no llegar a lo que sucedió en esas épocas: nadie vende porque nadie compra. Sin embargo, nuevamente en este sector económico debemos recordar que hoy es mucho mayor que entonces, el golpe es proporcional y de verdad, muy severo. Igualmente es posible echar un vistazo en los mercados inmobiliarios de otras partes del mundo para notar la misma tendencia.

Ahorro personal en gran riesgo

Cuando en 1929 millones de estadounidenses quedaron sin trabajo, contra todo lo esperado el consumo interno tardó en desplomarse unos meses, hasta más o menos mediados de 1930. La razón, cuenta la historia y algunas cifras disponibles de entonces, fue que la inmensa mayoría de los ciudadanos acudieron a sus ahorros para solventar los gastos esperando que las cosas mejoraran pronto, nadie imaginaba el tamaño de la crisis.

Este 2020 la historia parece ser similar al menos en el inicio, aunque también tiene matices que podrían abonar a la confusión. Apenas en abril, el ahorro de los hogares estadounidenses alcanzó la histórica cifra de 6.15 billones de dólares, equivalente a una histórica tasa de 33 por ciento de los ingresos totales. A diferencia de 1930, en esta ocasión se observó una caída sin precedentes de 13.6 por ciento en el consumo privado durante abril, la razón todos la conocemos: el gran confinamiento.

El aumento en el ahorro personal parecería ser una gran noticia, pero combinado con las altas tasas de desempleo y el desplome del consumo, anticipan que los consumidores serán muy cautelosos a medida que la crisis se extienda y los niveles de empleo no se recuperen con rapidez. De persistir el escenario, lo sucedido en 1929 se repetiría, aunque en esta ocasión con un desplome inicial en el consumo. Los ahorros de los estadounidenses estarán en grave riesgo entre más tarde la recuperación.

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La única (gran) diferencia

En esta revisión de escenarios, que nos señala que la crisis de este 2020 es muy similar a la de 1930, sólo existe una gran diferencia que hasta el momento ha marcado un distintivo con lo sucedido aquellos años.

En 1930 el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ya existía, pero brilló por su ausencia, los otros bancos centrales del mundo tampoco se hicieron presentes. La consecuencia fue fatal, los circuitos financieros colapsaron y la depresión económica inminente. Sin dinero, sin créditos en el sistema bancario, sin créditos ni inyecciones de liquidez por parte de los gobiernos, empresas y personas quebraron.

Como hemos señalado, durante la crisis de 2008 los bancos centrales entendieron que la única forma de evitar el colapso total era mantenerse presentes en los mercados y en la economía e inyectar todo el dinero que fuera necesario. Para esta crisis, la de 2020, la estrategia ha sido la misma, pero llevada al máximo: liquidez a raudales y no sólo a bancos o al sistema financiero, sino a la economía en general, todo el dinero necesario incluso para corporativos.

Estas “montañas de liquidez” son las que han mantenido, hasta ahora, a flote a la economía del mundo. Los efectos plenos algún día se conocerán, por lo pronto la presencia de los bancos centrales es la única gran diferencia con lo sucedido hace 90 años. La presencia de la Fed y otros institutos monetarios es tan relevante, que en los mercados se dice en tono de broma que el mundo soportaría sin problemas la falta del presidente Trump, pero moriría de inmediato sin el presidente de la Fed: Jerome Powell.    

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