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Economía

Con todo y dos crisis mundiales, riqueza se triplica en el mundo, y así ha aumentado en México

23-11-2021, 6:15:00 AM Por:
Oro
© Reuters

Quienes acumulan activos para generar riqueza le apuestan a la inflación, mientras que en México la riqueza es por inversiones, no por los salarios.

Luego de las dos primeras décadas del Siglo XXI, el mundo nunca había acumulado tanta riqueza; sin embargo, esta genera al mismo tiempo grandes contradicciones y paradojas.

De acuerdo con el estudio elaborado por Mckinsey Global Institute denominado “The rise and rise of the global balance sheet”, ¿Cuán productivamente estamos usando nuestra riqueza?, el patrimonio acumulado en el mundo ha llegado a niveles jamás vistos.

Riqueza se triplica en una década

En un mundo caracterizado por dos grandes crisis económicas y financieras, las mismas que ya están consideradas como las más profundas en la historia de la economía global, sólo superadas por el colapso de 1929, parecería que actualmente la acumulación de riqueza y el fortalecimiento patrimonial sería poco factible e incluso habría deterioro de los mismos.

Sin embargo, el McKinsey Global Institute examina los balances de diez países, más allá del PIB, que representan: Australia, Canadá, China, Francia, Alemania, Japón, México, Suecia, el Reino Unido y Estados Unidos. Las conclusiones señalan que, pese al crecimiento económico lento, la riqueza en el balance de la economía global se ha más que triplicado.

Así, mientras que en el año 2000, la riqueza patrimonial global ascendía a 150 billones de dólares, equivalente al 4.13 veces el PIB global, para el cierre de 2020 este mismo concepto finalizó con una cifra de 510 billones de dólares, 3.4 veces más que 20 años atrás.

Así, es un hecho que el patrimonio neto ha crecido mucho más rápido que el PIB del mundo desde el 2000, con las debidas variaciones que registra cada uno de los países analizados.

Nunca en la historia del mundo se ha registrado tal nivel de riqueza patrimonial; hoy día esta riqueza equivale a 6 veces el PIB global y llama la atención que de ese gran total, China representa prácticamente una tercera parte.

Pero, existen grandes paradojas y contradicciones; en medio del boom de la digitalización que también hemos registrado como nunca antes las dos primeras décadas del siglo 21, la riqueza está concentrada en algo que pocos se imaginaban.

Así se concentran los activos patrimoniales

De acuerdo con el análisis elaborado por Mckinsey Global Institute, quienes acumulan activos para generar riqueza le apuestan al crecimiento de precios con el paso del tiempo para el impulso de sus ingresos y la revaloración de sus activos, es decir, a la inflación.

Así, las cifras señalan que el 68 por ciento de la composición del patrimonio neto se concentra en terrenos, viviendas y edificios no residenciales; seguido de la concentración de recursos en otro tipo de infraestructura con 11 por ciento, 8 por ciento en inventarios, 6 por ciento en maquinaria y equipo, más 4 por ciento en otros productos y activos, adicionalmente hay un 4 por ciento de acumulación en intangibles.

Y llama la atención que, de acuerdo con el mismo análisis, básicamente existen dos causas por las cuáles se impulsa el valor del patrimonio en el mundo; los dos motores del valor de los activos son: El crecimiento de precios en línea con la inflación, así como el crecimiento de precios más allá del desempeño del índice de precios al consumidor, es decir un aumento de la inflación mayor a lo esperado.

Estos dos elementos representan un abrumador 77 por ciento del total de causas que impulsan el valor de los activos patrimoniales en el mundo.

Dicho en otras palabras, la riqueza patrimonial del planeta se encuentra concentrada en terrenos, edificios y construcciones no habitacionales; en tierra y ladrillos para decirlo más coloquialmente. Y quienes los acumulan apuestan a la plusvalía sustentada en el desempeño de la inflación.

Así, de acuerdo con las cifras, es evidente que dos tercios del patrimonio neto global se concentra en bienes inmuebles, mientras que solamente alrededor del 20 por ciento se ubica en otros activos fijos. Una de las preguntas que dejan sobre la mesa los autores del estudio es en relación a si las sociedades almacenan su riqueza patrimonial productivamente.

México, muy rentable para los activos, pero no para la productividad

México también ha sido un paraíso para la acumulación de activos patrimoniales en lo que va del siglo. El análisis de McKinsey aborda el caso de nuestro país y consigna cifras que revelan lo que sucedió, sin dejar lugar a dudas.

Así, los aumentos en los precios de los bienes raíces de los hogares jugaron un papel determinante para que el indicador del múltiplo valor neto/PIB aumentara de 3.5 en 2003 a 5.5 el año pasado. Es decir, la riqueza acumulada supera 5.5 veces la economía del país.

Además, las relaciones Deuda/PIB y Préstamo/Valor fueron las más bajas de los diez países analizados.

En otras palabras, el mercado de bienes raíces ha estado en bonanza prácticamente todo este siglo, al grado de que McKinsey asegura que las ganancias sobre el valor promedio de los activos y los rendimientos operativos en el caso de las empresas, que fueron notablemente altos, otorgaron rendimientos totales superiores en casi 3 veces al promedio mundial registrado desde 2004.

Sin embargo, los autores del análisis hacen una crítica severa al país, al señalar que los niveles de rentabilidad operativa, muy elevados, son opuestos a la productividad de los capitales.

Es decir, y de manera especial para el caso de las empresas, estas tienen un elevado nivel de ganancias derivadas de sus activos, pero no se traduce necesariamente en mayor producción económica ni en más ni mejores salarios.

La crítica señala que, en el caso de nuestro país, el PIB está más compuesto por ganancias que por salarios, comparado con otros países que tienen la relación inversa.

Es decir, muchas empresas ganan más por sus activos y por sus inversiones, que por su producción. En consecuencia, los salarios los mantienen bajos, o los eliminan. Esto explica la frágil situación laboral que por décadas se ha registrado en México, con impacto para el consumo y la solidez de la economía.

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