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El día más escalofriante de la bolsa puede volver a ocurrir

La caída de la Bolsa de Nueva York es uno de los peores días en la historia de los mercados internacionales y de las empresas que cotizaban sus acciones. Un episodio del pasado que puede resurgir por la tecnología.

19-10-2017, 2:39:13 PM
Bolsa de Nueva York.
Reuters. Bolsa de Nueva York.

Hace 30 años, antes de dirigirse a su trabajo en la Bolsa de Nueva York, Peter Kenny dejó su casa en el bajo Manhattan y se desvió para ir a la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria a rezarle a San Judas Tadeo, el patrono católico de las causas perdidas.

La razón era el derrumbe del mercado en el “Lunes Negro” que empezó el 19 de octubre de 1987.

Kenny, ahora estratega senior de mercados en Global Markets Advisory Group en Nueva York, apenas había empezado a trabajar en la bolsa en febrero y estaba impactado por los eventos que se habían desarrollado el día anterior, cuando se produjo la caída más brusca de las acciones en un sólo día en la historia de Estados Unidos.

“No creo que nadie estuviera preparado para lo que realmente sucedió en los mercados internacionales, que generó el baño de sangre de ese lunes”, dijo Kenny.

Al finalizar ese día, el promedio industrial Dow Jones había perdido 22.6 por ciento, el equivalente a la caída de cerca de 5,200 puntos en el referencial en la actualidad. El índice S&P 500 se desplomó 20.5 por ciento el Lunes Negro, lo que representaría ahora un declive de más de 520 puntos. El índice compuesto Nasdaq, en tanto, cedió un 11,4 por ciento, comparable a una pérdida de 750 puntos.

Los precios de las acciones en Estados Unidos habían estado escalando durante todo 1987, al igual que en 2017, que ha visto a los tres principales índices de Wall Street alcanzar máximos históricos en agosto. Pero septiembre resultó ser un mes complicado y cada referencial cedió un 2 por ciento, aunque nunca lo suficiente como para encender las alarmas de los inversores.

Pero cuando llegó octubre, la liquidación del mercado bursátil estadounidense se agudizó. El Dow Jones y el S&P 500 se derrumbaron en más de 9 por ciento en la semana previa al Lunes Negro.

La mañana del lunes 19 de octubre de 1987, Art Hogan, entonces un corredor de la bolsa de valores de Boston, esperaba un posible repunte de los precios de los activos. Nada le había preparado para lo que iba a ocurrir.

“Quedó claro en esa primera hora (…) que esto iba a ser lo peor que veríamos en nuestras vidas”, dijo Hogan, ahora estratega jefe de mercados de Wunderlich Securities en Nueva York.

El sistema enloqueció

Muchos describen los eventos del Lunes Negro como la primera instancia en que las operaciones electrónicas enloquecieron ante el uso masivo de resguardos para las carteras, una estrategia de cobertura contra las bajas del mercado que involucraban la venta de posiciones cortas en los futuros de los índices bursátiles.

El declive de la semana anterior en Wall Street desató una liquidación entre inversores de los mercados asiáticos para limitar las pérdidas, que a su vez provocó un descenso de las bolsas europeas y causó una intensa liquidación para el momento en que las bolsas estadounidenses debían abrir aquel lunes.

“Es como si nadie hubiera querido cuestionar lo que decía la computadora”, dijo Ken Polcari, director de la división NYSE en la firma O’Neil Securities, que tenía 26 años el día de la crisis y por entonces apenas llevaba dos trabajando en la bolsa neoryorquina.

“Y entonces lo que ocurre es que la pérdida se alimenta de sí misma porque los precios empeoran y el programa para casos de riesgo te sigue arrojando el mismo mensaje: tienes que vender más”, dijo Polcari.

El aseguramiento de carteras, la venta de posiciones cortas en los futuros de los índices para protegerse contra un declive en los valores, provocó que los programas de las computadoras arrojaran órdenes de venta para salvaguardarse de más bajas. En lugar de eso, las pérdidas se intensificaron, causando muchas más órdenes de venta y dando paso a una caída libre.

De las 30 compañías cuyas acciones cotizan en el Dow Jones, menos de la mitad sufrieron por el derrumbe bursátil de hace 30 años. American Express perdió 26.2 por ciento el Lunes Negro, Procter & Gamble se desplomó 27.8 por ciento y Exxon Mobil se hundió un 23.4 por ciento.

“La oscilación de los precios no fue como nada que yo hubiera visto antes”, dijo Ted Weisberg, corredor de Seaport Securities en Nueva York. “De hecho fue el día más escalofriante que hayamos vivido jamás en la bolsa, el día más impactante, excepto por el día en que regresamos después de los ataques del 11 de septiembre (de 2001)”

¿Puede volver a ocurrir?

En el trigésimo aniversario del desplome bursátil de 1987, las acciones estadounidenses están en récords y a los inversores les preocupa que las altas valoraciones lleven a una corrección, pese a las sólidas ganancias de las empresas y el crecimiento de la economía.

Pero, ¿podría repetirse el “lunes negro” hoy? La tecnología moderna, los cambios en la forma en que operan las bolsas de valores y en que se administran los fondos de los inversores deberían hacerlo poco probable. Sin embargo, los operadores prudentes se niegan a descartarlo.

“Hemos aprendido mucho de los errores del pasado en términos de reacción y reacción excesiva”, dijo Ken Polcari, director de piso en la Bolsa de Nueva York de O’Neil Securities.

El lunes 19 de octubre de 1987, después de grandes caídas en los mercados asiáticos y europeos en la semana anterior, el Promedio Industrial Dow Jones se desplomó 508 puntos, o un 22.6 por ciento, la mayor pérdida porcentual diaria de la historia del referente.

Hoy puede haber un descenso de hasta 20 por ciento en una sesión, pero probablemente sea un proceso más ordenado, dijo Art Hogan, estratega jefe de mercado de Wunderlich Securities en Nueva York.

“Tenemos la capacidad de suspender las cosas un rato, volver a evaluar, e intentar determinar cuál es la mejor manera de volver a la negociación y tener un panorama más tranquilo de las cosas”, dijo.

Los cortacircuitos automáticos se ajustaron en 2012, reduciendo el umbral necesario para desencadenar una suspensión de las negociaciones y se reemplazó al Dow Jones por el índice bursátil S&P 500 como referencia.

Según las reglas actuales, si el índice S&P 500 cae más de un 7,0 por ciento antes de las 15.25 hora de Nueva York, la negociación se detiene 15 minutos. Si la baja continúa una vez que se reanuda la negociación y aún es antes de 15.25 horas, el mercado volverá a detenerse al caer un 13 por ciento.

Si el desplome ocurre después de las 15.25 hora de Nueva York, la negociación no se detiene. Pero si la baja llega al 20 por ciento las operaciones de la sesión se suspenden no importa la hora.

“El sector ha recorrido un largo camino desde 1987”, dijo Larry Tabb, quien dirige la firma de asesoría de mercados de capitales TABB Group.

“Los reguladores han hecho un buen trabajo en implementar reglas que ayudan a los mercados a garantizar que se mantengan estables en un momento en que no existe una razón para que no lo estén”, agregó.

Muchas de las medidas actuales destinadas a controlar el caos del mercado se implementaron después del llamado “flash crash” de mayo de 2010, cuando el Dow Jones perdió casi 1,000 puntos o alrededor de un 9.0 por ciento en cuestión de minutos para luego rebotar en un período igual de corto.

La Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos (SEC) aprobó un reglamento en 2012 llamado “Límite al alza – Límite a la baja”, que evita que las acciones se negocien fuera de un rango específico basado en precios recientes, deteniendo la negociación de los papeles cuando los precios tocan los límites de la banda.

“Todo puede pasar”, dijo Peter Costa, presidente de Empire Executions Inc. en Nueva York. “Con el advenimiento de la tecnología informática y la velocidad con la que ha transformado el mercado, es muy posible”, afirmó.

Es probable que las salvaguardias impidan que se produzca otro colapso al estilo 1987, pero con el Dow sobre los 23,000 puntos por primera vez esta semana y el advenimiento de las transacciones automáticas de alta velocidad, algunos operadores no están tan seguros.

“¿Podría suceder algo similar a eso?”, se preguntó Gordon Charlop, director general de Rosenblatt Securities en Nueva York. “Sí. ¿Cómo funcionará y cuál será el resultado? Es por eso que se juega el juego”, sentenció.

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