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Cuando los restaurantes en Roma y Condesa se volvieron albergues

Una tarde normal con cafés y restaurantes ocupados en la Roma y Condesa cambió para ser testigo de una zona de devastación tras el sismo de 7.1 en la Ciudad de México.

20-09-2017, 12:58:43 AM

“Vengo a avisar que Oscar Cantellano está atrapado bajo los escombros”, comentó Alejandra Salas a los policías que rodeaban el edificio 286 de Álvaro Obregón, un sitio de oficinas en la colonia Condesa de la Ciudad de México, colapsado tras el sismo de 7.1 ocurrido este martes.

“Oscar ha pedido ayudar desde su celular, está lastimado, quiero saber si ya lo sacaron”. Alejandra no conocía a Oscar, pero un mensaje compartido en su WhatsApp a través de un grupo de conocidos la hizo llegar al edificio derrumbado.

La joven, que vive a unas cuantas calles del sitio, compartió también en su grupo que faltaban alcohol, jeringas y cubrebocas para que los integrantes que aún iban en camino los llevaran y les pedía que si traían agua la mandaran al edificio colapsado en Laredo y Ámsterdam, donde aún se requería.

Al 286 de Álvaro Obregón llegaron en menos de dos horas, cuatro personas más preguntando por Oscar Cantellano, ninguno de ellos lo conocía en persona pero todos querían saber su paradero. Horas después su hermana confirmaría que ya había sido rescatado, pero aún faltaban otros cuyos familiares esperaban, entre ellos Alejandra Flores, y su sobrina Karina Albarran, que laboraban en una oficina del cuarto piso, y el contador Jorge Sandoval Chávez.

En el ambiente se sentía la preocupación y la confusión de cientos de ciudadanos que cinco horas después del sismo seguían llegando a la Condesa, una de las colonias más representativas de la Ciudad de México, buscando alguna forma de ayudar, muchos de ellos jóvenes que solo habían escuchado en anécdotas los daños que el sismo del 19 de septiembre de 1985 había causado en la ciudad.

En el edificio habitacional colapsado en Ámsterdam y Laredo era el mismo personal de la Cruz Roja que pedía esperar para ver si en algún momento se requerían relevos, pues ya no podían entrar más personas al lugar del siniestro.

Si bien, militares y policías controlaban el acceso a los sitios, eran los ciudadanos quienes llegaban con garrafones y equipo médico. Un grupo de jóvenes consiguió la ayuda del conductor de un camión de construcción para cargar y descargar provisiones de acuerdo a las necesidades en los edificios colapsados, otros ocuparon bicicletas y otros carritos del supermercado. Conforme las horas pasaron, los voluntarios cambiaron sus solicitudes de ayuda a lámparas, pilas, alcohol, gasas y medicinas.

En Ámsterdam y Laredo más de 200 personas formaron una fila para sacar cubetas con escombros del edificio, mientras otros pedían a vecinos de la zona alejarse de la esquina con Sonora, donde personal de Protección Civil estaba a la espera de que un edificio dañado colapsara en cualquier momento.

“No conozco a ninguno pero todos estamos aquí porque queremos ayudar”, comentó Mariana Guerrero, que vive en Azcapotzalco, pero cuyo trabajo sobre avenida Reforma le permitió llegar rápido al sitio del derrumbe.

Mariana consiguió un cubrebocas para ayudar en la remoción de escombros del edificio de Laredo pero terminó siendo una de las organizadoras del centro de acopio de víveres en Ámsterdam, ubicado a unos metros del edificio colapsado.

“Me di cuenta que en este lado se requerían manos, no importa con lo que se ayude, el punto es preguntar y hacer lo que sea necesario”, comentó.

La vida en la colonia Condesa se vio alterada por completo debido a los derrumbes, algunos negocios de la colonia donaron material para rescate como fue el caso de una ferretería de la calle de Sonora. Restaurantes y negocios ubicados en Álvaro Obregón prestaron sus mesas y donaron alimentos.

Sabiendo que pronto llegaría la noche pero con pocos ánimos de subir a una planta alta por temor a posibles réplicas, otros decidieron quedarse afuera de sus edificios, mientras algunos negocios reconocidos de la zona, como el Rococó Café, anunciaron que mantendrían sus puertas abiertas toda la noche para atender a los voluntarios.

La Roma y la Condesa, una zona conocida por sus bares, restaurantes y cafés, ahora era una zona de albergues, que franqueaban edificios caídos, mientras equipos de rescate buscaban personas con vida.

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