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Cuánto cuesta poner un helipuerto y cuánto rentar un helicóptero

La construcción de helipuertos y la venta de helicópteros en México han crecido de manera importante en los últimos 15 años. Hoy existen más de 500 helipuertos y una flota de 350 aeronaves privadas.

23-11-2017, 1:41:22 PM
helipuerto, helicoptero

Por Ulises Navarro y Sergio Castañeda

A pesar de ser un negocio de notable complejidad, con pocos participantes y muy regulado, la construcción de helipuertos y la venta de helicópteros en México ha crecido de manera importante en los últimos 15 años, sobre todo en los sectores público (Semar, Sedena, Policía Federal, CFE, Pemex, IMSS e ISSSTE), financiero (bancos), salud (hospitales privados) e inmobiliario (constructoras de edificios).

Hoy existen en el país poco más de 500 helipuertos, de los cuales el 80% se encuentra en Ciudad de México y el resto está repartido entre Monterrey, Guadalajara, Puebla, Estado de México y Morelos, mercados con el mayor potencial de crecimiento.

Por su parte, la flota de helicópteros supera las 350 aeronaves, sin contar los aparatos del gobierno federal y los estatales, que la colocan como una de las más grandes del mundo y que ha dado lugar a otro negocio en ciernes: el servicio de traslado aéreo, que ya es ofrecido a través de plataformas digitales, como Cabify.  Se espera que este boom continúe, impulsado por la reforma energética, que atrajo a 31 empresas extranjeras y sus proveedores, que requerirán helipuertos, aeronaves y mantenimiento para sus operaciones en tierra y mar, en la zona del Golfo de México, sin contar a la paraestatal Pemex, que actualmente es uno de los grandes clientes de esta industria, junto con la Marina, que se encuentra renovando y construyendo nuevos helipuertos en todo el país.

Otro sector que será clave para este negocio es el inmobiliario. Desde hace algunos años, desarrolladores de edificios de oficinas en México contemplan la construcción de helipuertos en sus proyectos arquitectónicos, para darles una mayor plusvalía y rentabilidad.

Y para muestra, un botón. Un aterrizaje o “toque” en un helipuerto privado puede costar hasta 500 dólares, casi 10,000 pesos, según Ricardo Cancino, socio fundador de Cancino Ayuso Abogados, despacho que cuenta con una amplia experiencia en la obtención de licencias aeronáuticas, certificaciones y toda clase de regulaciones relacionas con la materia; así como en la representación de compradores, arrendadores, arrendatarios, prestamistas y acreedores en las transacciones de financiamiento de aeronaves.

Sobre este punto, Jorge Miracle, director de Proyectos de Filotek Aerospace, la empresa de construcción, operación y mantenimiento de helipuertos más importante del país, dice que cada vez es más común la renta de estos aeródromos a compañías que se dedican al traslado aéreo y a firmas o empresarios que tienen aeronaves, para que puedan aterrizar en diferentes sitios.

El llamado mercado VIP, conformado por empresarios y directivos de importantes firmas nacionales y trasnacionales, es otro nicho que crece rápidamente en el país, debido a cuestiones de seguridad, placer (viajar a sus casas de campo, torneos de golf, entre otros) o trabajo (juntas, negociaciones, firma de contratos), ya que el ahorro de tiempo en los traslados es vital para sus actividades.

Un riesgo costoso

No obstante, construir y operar un helipuerto, tener una empresa de transporte aéreo o adquirir un helicóptero, no es tarea sencilla; por el contrario, es un negocio complejo y nada barato.

“La aviación es una actividad millonaria y riesgosa. Una compañía o empresario que no conozcan de aviación pueden gastar y perder mucho dinero si se toma una mal decisión o si no se asesoran con un experto en el tema. En el medio se dice que los que participan en este negocio son millonarios, pero antes fueron billonarios”, asegura Cancino.

En el caso de los helipuertos, el primer obstáculo es la ubicación. No se puede construir un helipuerto en cualquier lugar, a menos que seas el gobierno. No importa que tengas el mejor proyecto,  que se trate del edificio más moderno, si hay restricciones aéreas, como estar cerca de un aeropuerto, una zona militar o si hay helipuertos cercanos que ya utilicen las trayectorias, no hay nada que hacer. “Lo primero que se debe realizar es un estudio delimitador de obstáculos alrededor del proyecto o edificio donde se pretenda construir un helipuerto. Si es factible, se presenta el proyecto a la autoridad para que esta otorgue el permiso. Muchas empresas, sobre todo constructoras, creen que pueden construir un aeródromo y después sacar el permiso, pero no es así”, explica Miracle.

El segundo paso es la construcción del helipuerto, su equipamiento (sistemas de aproximación, de iluminación, extinción de incendios y señalización de obstrucciones), operación, mantenimiento y certificación. Si una empresa quiere un helipuerto en un edificio construido, hay que revisar la estructura del inmueble y si el peso de la plataforma y la operación (aterrizaje y despegue de aeronaves) no compromete su estructura. Si no es el caso, se puede edificar, aunque lo ideal y más recomendable es que se realice en un edificio nuevo, desde el proyecto inicial.

En promedio, un helipuerto tiene un costo de entre 2 y 8 millones de pesos (mdp). Un helipuerto de superficie (en tierra) diurno (operación solo de día), puede costar 2 mdp; si se quiere un aeródromo equipado nocturno tiene un precio de entre 3 y 4 mdp; si es elevado (en un edificio), el costo es mayor, ya que requiere pilares y otras estructuras, por lo que puede ir de los 5 a los 8 mdp.

Estos precios no incluyen su operación (se requiere personal especializado para apoyar en el aterrizaje y despegue de la aeronave) y mantenimiento de la plataforma. Además, la Dirección General de Aeronáutica Civil, que depende de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), solicita regularmente a los dueños de helipuertos diversos cambios, algunos de ellos innecesarios, como cambiar el color de las luces del perímetro, lo que hace difícil que los helipuertos estén al día siempre y representa un gasto extra. Hace 15 años, las luces eran de color ámbar, después cambiaron a verde y ahora son blancas. Sin embargo, son pocas las empresas en el país que tienen la capacidad técnica y económica para ofrecer un proyecto llave en mano, es decir, que ofrezcan asesoría, realicen todos los trámites (permisos de operación y certificaciones), diseño arquitectónico, la construcción, el equipamiento y el mantenimiento del helipuerto.

De hecho, menciona Alejandro Miracle, director general de Filotek Aeroespace, solo hay tres empresas grandes en México, y la que representa es la única que ofrece proyectos de este tipo, integrales, pues tiene alianzas con firmas especializadas, así como licencias de exclusividad para comercializar en el país diversos productos y equipos de marcas líderes estadounidenses.  Las otras dos, subraya el presidente de la firma mexicana, por lo regular prometen mucho y al final subcontratan a otras compañías para hacer el trabajo, por lo que los costos se disparan al cielo y la calidad no siempre es la mejor.

De ahí que solo el 10% de los helipuertos que existen en el país cuenten con una certificación, que es necesaria en caso de un accidente para poder cobrar el seguro. “La gente cree lo que ve en las películas de acción, que un helicóptero puede aterrizar y despegar en cualquier lugar y no es así. Tiene que haber un permiso por parte de la autoridad, hay que bajar en un helipuerto certificado, tiene que haber gente especializada (bomberos, personal de rescate y paramédicos) esperándote en el aeródromo, un capitán que prenda y apague los equipos, que lleve un registro de todo. No se puede aterrizar en una H dibujada en el techo o en el piso”, explica Jorge Miracle.

El principal problema en México, agrega, es la ignorancia o desconocimiento de las constructoras y empresarios en la materia.

Ricardo Cancino, de Cancino Ayuso Abogados, indica que en los últimos años la autoridad ha hecho esfuerzos para certificar helipuertos, regularlos y cancelar la operación de aquellos que no cumplen con la norma.

Para millonarios

En lo que respecta a la compra y renta de helicópteros, Cancino asegura que es una actividad compleja, muy regulada y en la que solo participan millonarios, debido a los altos costos de las aeronaves, su operación y mantenimiento.

Un helicóptero usado puede costar 1 millón de dólares y uno nuevo hasta 65 mdd. Si el piloto no sabe manejar cierto modelo, el entrenamiento cuesta entre 25,000 y 40,000 dólares. A esto hay que sumar el mantenimiento, que es más caro que el de un avión, debido a todas sus partes móviles. Es necesario contar con un stock de refacciones y eso significa mucho dinero. Tan solo las cuatro palas (hélices) de un helicóptero nuevo o de reciente modelo valen 2 mdd.

En México, los modelos que más utilizados para la aviación privada son: el EC145, de Airbus; el Augusta West Land 109 y 139, y el Bell 429.

Una aeronave mal administrada puede costarle muchísimo al dueño; de ahí la importancia de contar con la asesoría de un despacho de abogados especializado en temas de aviación. Es un medio pequeño, tanto de fabricantes como de financieras y operadores. Los que entran a este negocio tienen que saber de la operación, temas fiscales, regulatorios, adquisiciones gubernamentales; es un negocio muy complejo. Además, en esta industria hay pilotos y talleres que abusan de la ignorancia de los dueños.

Por esa razón surgieron los taxis aéreos. “Tener en tierra por mucho tiempo un helicóptero o avión significa dinero perdido, por lo que algunos dueños de aeronaves han optado por rentarlas; crean una empresa o lo hacen a través de operadores nacionales o extranjeros, aunque estos tienen que ser profesionales, ya que se han dado casos de mercado negro de partes, donde participan pilotos y mecánicos”, subraya Cancino.

También se pueden adquirir paquetes de horas de vuelo (10, 20 o 30 horas al año). El cliente puede disponer de esas horas en el momento que lo requiera.

Hoy, varias de empresas de taxis aéreos trabajan con plataformas digitales, como Cabify, que ofrece traslados aéreos para el mercado corporativo, cuyos precios van de los 1,100 hasta los 7,000 dólares la hora, dependiendo del modelo del helicóptero, la ruta, el lugar del despegue y aterrizaje. “No es lo mismo aterrizar en el St. Regis que en el helipuerto de la Cruz Roja de Polanco. Son demasiadas las variables, pero es un mercado con gran potencial”, comenta Alejandro Sisniega, director de Cabify México.

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