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¿Qué chiste tiene correr? 42 motivos para hacer un maratón

¿Qué hace tan especial el correr si a simple vista puede parecer inmensamente aburrido? Te escribo desde la línea de salida de un maratón, una distancia que ocuparé para darte mis razones.

25-08-2017, 4:18:37 PM
maraton ciudad de mexico

Nota del Editor: Este texto pertenece al blog Kilómetro 42.

¿Qué chiste tiene correr?, ¿qué lo hace tan especial si a simple vista puede parecer inmensamente aburrido?, y si ya corres, ¿para qué distancias tan largas? ¡QUÉ FLOJERA! Te escribo estas líneas a unas horas de mi sexto maratón, una distancia total de 42 kilómetros y 195 metros, que ocuparé para darte mis razones.

Antes de la carrera, comencemos con el calentamiento. Venga ¡uno, dos.. uno dos!

Hace un tiempo, tuve la oportunidad de platicar para Alto Nivel con la ultramaratonista Nahila Hernández San Juan. Ella comenzó después de los 30 años, tras haber dado a luz. Primero 10 kilómetros, luego más y más, hasta correr competencias de más de 200 kilómetros. En 2012, lo que era un hobby la llevó a ser la primera mujer de Iberoamérica en correr cuatro ultramaratones en un año en los desiertos más extremos del mundo.

El texto para el que la entrevisté tenía que ver con la forma en la que transmitía sus vivencias para dar cursos de liderazgo a directivos de varios países, pero también le pregunté si alguna vez había debatido con estos líderes que gustan de los deportes extremos ¿por qué correr? y ¿por qué correr en semejantes circunstancias?

Ella me dijo que una de las respuestas más frecuentes era que significaba un reto que solo una persona se puede imponer. Después de alcanzar el éxito en el ámbito profesional, varias personas suelen preguntarse, “¿y ahora qué hago?”, “¿qué sigue?”, y han encontrado una respuesta en las grandes distancias.

Yo creo que no he alcanzado mi pico profesional, sin embargo he de aceptar que el correr me llegó pasados mis 30 años. Mi primera carrera fueron 6 kilómetros en enero de 2014, que hice en un tiempo de 44 minutos. Los corredores sabrán que ese tiempo es de risa. El promedio cubre 6 kilómetros en menos de 35 minutos.

Sin embargo, yo me sentí Superman y una semana después de mi primera carrera me inscribí a un maratón. Tenía siete meses para prepararme. ¿Por qué lo hice? Fue esa razón que mencionaba Nahila. Correr un maratón era un reto que dependía solo de mí.

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Ahora comencemos a trotar… ¡No te detengas!

En medio de la preparación de la cobertura del Mundial de 2014 para otra empresa editorial, me preparé para mi propio Mundial. Leí cientos de blogs de runners, una amiga me dio mis primeras patadas en el running, y lo demás fue una especie de enamoramiento.

Cuando corro soy extrañamente feliz. Y digo extrañamente porque después de un tiempo me doy cuenta que no estoy pensando en nada. Solo sigo, y sigo, y sigo. Los problemas no existen, solo existe el camino hacia el frente, y a veces la música o a veces el sonido de mis tenis. Me aburre demasiado correr en gimnasio, pero en las calles puedo hacerlo donde sea. En una avenida, en la carretera, en explanadas, en campos, en callejones, puentes peatonales, y más.

Llegó el día del Maratón. Obvio, como cuando vas a salir por primera vez con la persona que te gusta, no pude dormir. En la Ciudad de México, el Maratón es una auténtica fiesta. Miles de personas apoyando en las calles, y ver a varios de mis amigos y familiares, hicieron que mi reto fuera alcanzable en 4 horas y 20 minutos.

¿Listo? ¡A correr se ha dicho!

Tengo contados con los dedos de mi mano los días que han cambiado mi vida. Mi primer maratón fue uno de ellos.

Si tienes una buena preparación, los primeros 20 kilómetros serán relativamente sencillos, pero a partir de ahí, las cosas comienzan a complicarse. Las carreras suelen comenzar a las 7:00 horas, así que el sol no será un problema las primeras horas, pero después, ¡vaya que lo será!

Los dolores también van en aumento: primero la espalda, las piernas, luego las rodillas –tengo una rodilla operada por una lesión jugando futbol a los 18 años-, y después los brazos. En el kilómetro 37 recuerdo ya no sentir dolor, solo sabía que existía, pero era imposible identificarlo.

“¿Qué estás haciendo?” fue el primer pensamiento negativo que se me atravesó. “Eres un ridículo, ¿a quién le importa si lo terminas o no?”, fue el segundo. “Mírate, aquí en el calor, corriendo de una forma que da lástima”, y “¡oh!, ahí va otro corredor que te rebasa y es mejor que tú”, fueron los que siguieron.

Nunca me había sentido tan débil, tan solo y con tanta negatividad. En los últimos tres kilómetros, en mi cabeza solo escuchaba una serie de gritos que me decían: “Ya párate y toma un taxi”. Pero no lo hice, aunque sea a una velocidad, que supongo que era más rápido ir caminando, yo seguía impulsando mis piernas hacia arriba, con zancadas muy pequeñas.

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A menos de un kilómetro vislumbré el Estadio de Ciudad Universitaria y si a eso añades los gritos de la gente y sus aplausos, fue una sensación capaz de convertir la suma de mis debilidades en fortaleza y mis piernas comenzaron a trotar de nuevo hasta cruzar la meta.

Y ahora… ¡Disfruta la meta!

A veces buscamos respuestas que le den sentido a nuestra vida, otras más buscamos caminos que llenen nuestros vacíos, y en algunas ocasiones estamos a la caza de experiencias que nos hagan continuar nuestro proceso de aprendizaje.

Correr largas distancias es mi respuesta a esos vacíos, es mi forma de entrar en diálogo con mi yo más profundo y retarlo. Correr es apropiarme de mi entorno, de mi cuerpo, de mi mente, y ejercer a plenitud mi derecho a ser libre. Es conocer de qué soy capaz. Es disfrutar a mis amigos: sufrir su ausencia y valorar su presencia.

Sé que las personas somos distintas, pero quería compartirte este ejercicio que me ha ayudado a encontrar respuestas y descubrir nuevas dudas, algo a lo que me hecho adicto, y que te invito a experimentar un día. Cuando lo hagas, verás que cada kilómetro se convertirá en una nueva razón para darle valor a tus metas.

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