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Carlos Slim y la decisión salomómica de la Corte en la tarifa cero

La Corte discutirá un amparo que permitiría a las compañías del empresario Carlos Slim cobrar la llamada tarifa de interconexión a sus rivales.

16-08-2017, 6:30:16 AM
Carlos Slim y la tarifa cero de interconexión.
DepositPhotos. Carlos Slim y la tarifa cero de interconexión.

Por Ángel Méndez*

Muy pronto se deberá tomar una decisión sobre tener que pagar una cuota por la interconexión en el uso de las redes de telecomunicación, o mantener la tarifa cero que es considerada por muchos, una ventaja competitiva y, para otros más, una situación de inconstitucionalidad.

Este miércoles 16 de agosto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) discutirá un amparo que permitiría a las compañías del empresario Carlos Slim cobrar la llamada tarifa de interconexión a sus rivales.

La tarifa de interconexión es el pago que hacían las compañías telefónicas por terminar las llamadas de sus usuarios en la red de un competidor.

América Móvil es un agente económico preponderante y, por ello, la tarifa cero permitía que las llamadas no tuvieran costo para AT&T, Axtel o Telefónica Movistar cuando terminaban en la red de América Móvil.

Sin embargo, las llamadas de Telmex y Telcel que terminan en la red de los competidores de Carlos Slim si debían ser pagadas por las firmas del magnate.

¿Qué es la tarifa cero y por qué Slim gana con su desaparición?

Al respecto los invito a reflexionar con el siguiente ejemplo: Imaginemos que somos expertos agricultores y que descubrimos un excelente lugar para sembrar, se  puede obtener una buena cosecha si le invertimos tiempo, dinero y esfuerzo, parece una gran idea, y las ganancias muy atractivas, pero para lograrlo, es necesario acondicionar el terreno, conseguir algunos permisos, adquirir tecnología, infraestructura de riego, comprar insumos, gente dispuesta a trabajar y capacitarla, pero sobre todo muchas ganas de hacer prosperar a la región.

Al paso del tiempo logramos superar las adversidades y todo está listo para generar una buena cosecha. Fue necesario invertir mucho dinero para encausar el rio y conseguir el agua, crear caminos para facilitar el transporte de la cosecha, instalar luz y servicios básicos necesarios y que además ayudan a la población, pero nos sentimos orgullosos y satisfechos por los logros obtenidos.

Sin embargo un día llegan algunos agricultores que quieren participar de los beneficios del lugar, después de todo ya hay infraestructura, invertir es relativamente fácil porque gran parte del trabajo ya lo hicimos nosotros, además las autoridades están dispuestas a otorgarles todas las concesiones necesarias, pues consideran que así pueden continuar con el desarrollo económico del lugar.

Y aquí viene lo interesante, ¿qué tanto estaríamos dispuestos como inversionistas a que alguien más llegara e hiciera uso de todos estos beneficios de forma gratuita?

Podrían considerarnos egoístas al negarnos, señalarnos como un obstáculo que frena el desarrollo económico, incluso acusarnos de actividades monopólicas y cosas peores, pero al final no es el caso, ya que estamos dispuestos a compartir todo lo construido y ganado a cambio de un precio justo de recuperación: sí, de recuperación, pues como buenos inversionistas que somos, todo lo desembolsado, lo debemos recuperar y además tenemos el derecho de participar de una ganancia, un simple juicio de razón lógica.

Sin embargo se determina que por ser los primeros en llegar al lugar, y que por ser los más grandes, importantes y preponderantes de la región, debemos dejar que los nuevos agricultores lleguen, se instalen, usen y gocen de lo ya trabajado de forma gratuita, con la intención de incentivar sus inversiones, ofreciéndoles ventajas competitivas que nosotros simplemente no tuvimos al llegar.

¿Qué pasaría entonces, si no fuéramos los primeros en llegar? Todos los demás tendrían que realizar fuertes inversiones para preparar el terreno y poder trabajar, y en realidad, ¿También estarían dispuestos a proporcionarnos todo lo logrado de forma gratuita?

Se trata entonces de ponernos en los zapatos ajenos y actuar de forma justa y razonada, como diría el buen Salomón, el personaje de la Biblia, pues recordemos que estamos en el mismo barco, y que los logros compartidos pueden fomentar un mejor desarrollo para todos, pues lo justo es que se debe participar de las ganancias, pero también de los costos, y que con una tarifa justa, bien estructurada y regulada, los nuevos inversionistas podrían hacer excelentes negocios con menores inversiones ya que el terreno está listo para trabajar.

La decisión a tomar deberá estar sustentada en el derecho constitucional, al buen juicio y a las buenas prácticas comerciales y empresariales, no se puede lograr el desarrollo económico sin bases justas de participación y compromiso de todos, debemos fomentar el equilibrio de las fuerzas de negocio que cada uno puede aportar, ya que al final, estamos hablando del crecimiento del país, y no de intereses de unos cuantos, se trata de ganar y competir, pues al final los beneficiados somos todos, y no de matar a la gallina de los huevos de oro, solo por ser la preponderante en el negocio.

* Ángel Méndez, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle, especialista en Finanzas y  Economía.

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