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Banxico se queda sin balas y el gobierno enfrenta la prueba de fuego

Las finanzas públicas se vieron fortalecidas por los remanentes de Banxico, aunque ahora viene la prueba de fuego en la estrategia gubernamental.

05-09-2017, 6:30:08 AM
Fachada del Banco de México / Reuters.
Reuters. Fachada del Banco de México / Reuters.

Las finanzas públicas de México se comenzaron a deteriorar a mediados del gobierno de Felipe Calderón y empeoraron durante el de Enrique Peña Nieto, por lo menos hasta el año pasado. En todo este tiempo hubo un gran desperdicio de recursos, ya que el crecimiento de la deuda, el gasto y el déficit públicos no se tradujeron en un mejor desempeño de la economía.

Este año, sin embargo, parece que la cuenta pública comienza a mejorar. La situación no está para menos. La caída del precio del petróleo, los menores flujos de capital externo y el aumento de las tasas de interés, junto con las posibles repercusiones negativas de una eventual cancelación del Tratado de Libre Comercio por parte de Estados Unidos, no dejan margen de maniobra a nuestras autoridades.

Por ahora todos los indicadores son alentadores, si bien ayudó mucho el remanente de operación del Banco de México. Los ingresos crecieron y el gasto disminuyó, mientras que los requerimientos financieros del sector público presentaron un superávit que en algo alivia nuestra elevada deuda pública. Es importante destacar, también, que el balance primario (la diferencia de ingresos y gastos antes del pago de intereses) registró un superávit superior al de 2016. Esto último tendrá que ser la norma del comportamiento fiscal en los próximos lustros para corregir la fragilidad actual de nuestras finanzas públicas.

No obstante, es necesario señalar algunas salvedades sobre estos resultados fiscales. Primera, la estacionalidad del gasto público se concentra en la segunda mitad del año, por lo que la disciplina deberá redoblarse en los próximos meses, ya que entonces no habrá remanente del Banco de México por aplicar.

Segunda, parte importante de la mejora fiscal se fincó en ese remanente, que ha sido la tablita de salvación en 2016 y 2017. Dicho remanente corresponde, casi en su totalidad, a las utilidades realizadas y no realizadas que se obtuvieron por la depreciación de nuestra divisa, lo que elevó la valuación en pesos de las reservas internacionales.

La buena práctica internacional consiste en enviar al gobierno solo las utilidades realizadas para no comprometer el capital del banco central en caso de una revaluación de la moneda. Y esto es precisamente lo que ocurrió este año. Al tiempo que el gobierno registra un superávit, el Banco de México presenta ya un capital negativo, por las pérdidas significativas que le está ocasionando la apreciación del peso. En esas condiciones no habría remanente que enviar en 2018 y el gobierno tendría que agenciárselas sin ese ingreso.

Y esto me lleva a la tercera salvedad. El gobierno insiste en que planteará un presupuesto austero para el año próximo, no solo porque perderá los ingresos provenientes de Banxico, sino porque también se elevarán sus gastos financieros. El problema es que la propuesta de corrección de gasto se centra otra vez en el gasto de inversión, cuando el desorden fiscal se debe a una expansión irresponsable del gasto corriente.

La corrección a fondo de las finanzas públicas requiere de años de superávits primarios, que no serán posibles sin un recorte significativo del gasto corriente, puesto que reducir la inversión o asfixiar a particulares y empresas con más impuestos acabarían por atrofiar la economía.

Así fue como Banxico salvó las finanzas otra vez y logró el superávit

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