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Así es como el gobierno malgasta el dinero de Banxico

El gobierno sigue actuando como si la actual situación no ameritara recortes del gasto gubernamental. La transferencia del remanente de Banxico le viene, por tanto, como anillo al dedo, ya que así puede sostener el crecimiento del gasto.

04-05-2017, 6:30:24 AM
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Fotoarte.

El Banco de México (Banxico) anunció el 11 de abril de 2016 que transfería 239,093.8 millones de pesos (mdp) como remanente de operación al Gobierno Federal. El 29 de marzo de este año, en un comunicado similar, determinó entregarle 321,653.3 mdp. Ambas operaciones son, como dice el banco, “en estricto apego a la Ley del Banco de México”, pero eso no significa que representan las mejores prácticas para un banco central, mucho menos cuando el gobierno aprovecha esos recursos para aumentar el gasto público y no disminuye su deuda.

Hay quienes aplauden esta medida, como si realmente representara un avance en el saneamiento de las finanzas públicas. Me temo, sin embargo, que esa es una interpretación errónea de la transferencia del remanente de Banxico y del uso que el gobierno hace del mismo. Cuando entramos en detalles, se pone al descubierto que en México existe una práctica inadecuada para definir el remanente distribuible, así como una falta de voluntad política para recortar el gasto público.

De hecho, el gobierno sigue actuando como si la situación de las finanzas públicas no ameritara recortes significativos del gasto gubernamental. La transferencia del remanente de Banxico le viene, por tanto, como anillo al dedo, ya que así puede sostener el crecimiento del gasto.

Los ingresos de Banxico

Las fuentes principales de ingresos, como las de cualquier banco central, son la emisión de circulante (señoreaje) y, en menor medida, las reservas bancarias no remuneradas. Ambos ofrecen la oportunidad de generar ingresos mediante la creación de pasivos sin costo o costo bajo, que luego puede invertirse en activos que generan intereses.

Existe, además, una fuente de ingresos por la administración de las reservas internacionales. La venta de reservas genera un ingreso a Banxico, mientras que los movimientos en el tipo de cambio afectan la valuación del acervo de reservas. Esto último puede dar lugar a una fuerte volatilidad en los ingresos reportados por Banxico o, para el caso, cualquier banco central en la misma situación, así como propiciar un desfase muy importante entre el momento en que se reconocen dichos ingresos y aquel en el que se realizan.

El remanente distribuible

El resultado neto del ejercicio lo calcula Banxico restando, a los ingresos mencionados, los gastos de la institución. Cuando el monto es positivo, se destina una cantidad a incrementar la reserva de capital y otra a la revaluación de activos. El saldo constituye el remanente de operación que se entrega al gobierno, el cual busca legítimamente una participación en las utilidades de Banxico.

Pero existe un serio problema en la definición del remanente. Consiste en que incluye las utilidades no realizadas por revaluación de activos. La mayor parte del remanente de Banxico en 2015 y 2016 está compuesto por ganancias en papel, por el efecto de la depreciación del peso. Mucha de esa utilidad no realizada no está, además, respaldada por los activos líquidos requeridos para permitir su distribución sin erosionar la solvencia y liquidez de Banxico. Por consiguiente, el instituto central tiene que aumentar su pasivo para trasladarle al Gobierno Federal esos recursos.

La práctica de reconocer los ingresos por revaluación de las reservas internacionales antes de que se realicen eleva el riesgo de que pudieran revertirse en el futuro. Los especialistas recomiendan que, para mantener un adecuado nivel de capital, las utilidades no realizadas se excluyan del cálculo del remanente y se utilicen para aumentar las reservas por revaluación.

Este mensaje se repitió en abril del año pasado en un estudio sobre las prácticas de 57 bancos centrales (incluido Banxico), publicado por personal del Banco Central Europeo. El documento lista  principios generales para la distribución de utilidades. Destaca que las ganancias no realizadas deben estar excluidas de distribución para asegurar un nivel de capitalización positivo del banco central y no vulnerar su independencia financiera e institucional. Este principio lo viola, sin duda, Banxico.

La vulnerabilidad a la que se refieren los estudios quedó expuesta en el primer trimestre de este año. El movimiento del tipo de cambio entre el 31 de diciembre de 2016 y el 31 de marzo de 2017 llevó a una pérdida por revaluación de las reservas internacionales de alrededor de 367,805 mdp que, para todo fin práctico, desaparece el capital de Banxico. Esta descapitalización podría ser peor si continúa el fortalecimiento relativo del peso.

El destino del remanente

La ley obliga al gobierno a aplicar cuando menos 70% del remanente a “la amortización de la deuda pública del Gobierno Federal contratada en ejercicios fiscales anteriores, o a la reducción del monto de financiamiento necesario para cubrir el déficit presupuestario… del ejercicio fiscal en que se entere el remanente”; y el monto restante “a fortalecer el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios o al incremento de activos que fortalezcan la posición financiera del Gobierno Federal.”

El gobierno viola, si no la letra, sí el espíritu de dicho ordenamiento legal. Por un lado, “cumple” la ley al reducir su pasivo con los recursos de Banxico, pero luego contrata más deuda para reponer la que acaba de liquidar. Esto se comprueba al ver los movimientos en el total de la deuda interna bruta. El saldo al 31 de diciembre de 2015 fue de 5’074,023.1 mdp. El Congreso puso un techo al endeudamiento neto de 535,000 mdp para 2016, de manera que el saldo de la deuda a fin del año alcanzará 5’609,023.1 mdp. El 70% del remanente que envió Banxico en 2016 equivale a 167,366 mdp, que habrían llevado la deuda bruta a un total de 5’452,979.4 mdp. El saldo reportado, sin embargo, fue de 5’620,345.4 mdp.

¿Qué sucedió? El gobierno redujo su deuda con los recursos de Banxico, pero la volvió a contratar en los mercados financieros. A final de cuentas, acabó cumpliendo con el nivel de endeudamiento  total aprobado por el Congreso, pero con una capacidad de gasto mayor gracias al incremento en el pasivo del instituto central.

La deuda total del gobierno registró, además, un incremento importante, ya que la deuda pública denominada en moneda extranjera subió por la depreciación del peso en un monto superior al de la transferencia de recursos de Banxico, lo que no tomó en consideración el Gobierno Federal.

Sin duda, el Gobierno Federal vive de prestado y no tenía la intención, hasta el cierre de 2016, de corregir su desbalance. Este año, Banxico le transfirió un remanente superior al del año pasado y está por verse qué harán con él. Lo sensato, desde el punto de vista económico, es que ante las amenazas del entorno externo y el desequilibrio fiscal interno, se aplique en su totalidad a la disminución de deuda, sin luego volver a contratarla, y que también se disminuya el gasto público.

El tiempo pasa y pronto será muy tarde para evitar una situación bastante más grave que una mera depreciación del peso. Salir de ella requeriría de medidas mucho más dolorosas.

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