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Agustín Carstens: ¿el caudillo de la economía o un mito monetario?

¿Quién es Agustín Carstens? Esta es la historia, desde el origen, del hombre que se convirtió en un reconocido funcionario y economista en el gobierno mexicano.

09-11-2017, 12:55:41 PM
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Si hay alguien que tiene claro lo que quiere y cómo conseguirlo es Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México (Banxico), quien en unas semanas dejará el cargo para ir a Basilea, Suiza, a liderar el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), el banco de los bancos centrales del mundo.

La historia comenzó a cristalizarse en la Universidad de Chicago, una de las más rigurosas y de la que pocos estudiantes salen avantes, pero la fama de la cruel Chicago, casa de más de dos docenas premios Nobel de Economía, nunca asustó a Carstens, quien desde antes de encararla ya tenía una estrategia.

“Él llegó dos años después que yo. Llegó con un plan muy certero y lo cumplió al pie de la letra. Tomó las especialidades y cursos que me dijo desde el primer día (…) Eso no la hace mucha gente, era una Universidad en la que cada año se daba de baja la mitad de los alumnos”, cuenta Carlos Hurtado colega de Carstens en Chicago y la Secretaría de Hacienda.

Carstens terminó en tres años y medio, un tiempo récord, la maestría y el doctorado y se título con la tesis A Study on the Mexican Peso Forward Exchange Market en 1985.

“Él siempre está viendo para adelante, siempre calculando, es muy inteligente, sabe el riesgo de las cosas y escoge un plan ambicioso convencido de que lo va a lograr”, dice Hurtado, ahora director ejecutivo en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Antes de graduarse con honores de la licenciatura de economía en el ITAM, Carstens ya trabajaba en el área de Operaciones Internacionales de Banxico como analista auxiliar, reclutado por Miguel Mancera Aguayo, director y luego gobernador de Banxico.

Una de las mayores características de Carstens, es su paciencia y buen carácter, cuenta Manuel Suárez-Mier, quien fuera funcionario de Banxico y profesor del ITAM en la época de estudiante de Carstens.

Suárez Mier fue clave para que el próximo banquero central del mundo ingresara a Chicago en 1982, pese a que no realizó el trámite de ingreso a su debido tiempo. Suárez-Mier llamó a su amigo Arnorld Harberger, director del Departamento de Economía, para que admitiera a Carstens. Harberger terminó por convertirse en uno de los mentores de Carstens.

Al pasar la prueba de fuego de Chicago, en 1986 Agustín Carstens regresó a Banxico como analista de mercado y a partir de ahí pasó por todos los puestos clave del banco central, en donde acumuló experiencia  para el manejo de la política monetaria.

En 1999 salió del banco central en donde ya ocupaba el cargo de director general de investigación económica para realizar una de sus mayores debilidades: los organismos internacionales.  Ese año llegó al FMI como director ejecutivo, aunque solo ocupó ese puesto por un año, ya que Francisco Gil Díaz lo contrató como subsecretario de Hacienda, cargo que ocuparía  por tres años para regresar al FMI como subdirector gerente.

Pero México llamó a su puerta una vez más y en 2006, regresó para unirse al equipo de transición del presidente Felipe Calderón, quien lo nombró secretario de Hacienda. Sus colegas y aprendices coinciden en que, como jefe, Carstens es exigente, siempre mantiene la calma aún en las peores crisis y además, tiene muy buen sentido del humor.

Mussa y las analogías

En la Secretaría de Hacienda, Carstens dejó ver su gusto por las analogías. La más recordada, fue cuando en febrero de 2008 en medio de temores de que en Estados Unidos se estaba formando una crisis, dijo que “cuando Estados Unidos tiene neumonía, México tiene solo un catarrito”.

En ese contexto, Agustín Carstens se unió al llamado que hizo Calderón al entonces gobernador de Banxico, Guillermo Ortiz, para que bajara la tasa de interés preferencial para apuntalar a la economía.

“El Gobierno Federal, el presidente Felipe Calderón y la Secretaría de Hacienda son completamente respetuosos de las decisiones que va a tomar (Banxico). Sin embargo, como ellos en diferentes ocasiones han opinado sobre la política fiscal u otras políticas del Gobierno, nosotros hemos expresado esta opinión”, dijo Carstens en ese entonces.

La petición de Calderón y Carstens fue criticada por el sector privado, ya que además de las distorsiones que podía generar en los precios, el banco central debía actuar sin injerencias de ningún orden de gobierno.

Para septiembre de ese año, el gigante financiero Lehman Brothers quebró y generó la peor crisis financiera del mundo desde la Gran Depresión. En 2009, la crisis le costó a la economía mexicana una caída de casi 5%, ajustes al gasto público y además Carstens tuvo que proponer un Paquete Económico que implicaba aumentar en 1% el IVA y el ISR.

El gusto por las analogías parece haberlo heredado de Michael Mussa, su mentor en la Universidad de Chicago y uno de sus economistas más admirados. “La economía por supuesto, no es solo una ciencia, también es un arte. Algunos dirían que un arte negro”, es una de las frases de Mussa y una de las favoritas de Agustín Carstens.

Tras sus casi 20 años en Banxico, cuatro en el FMI y seis en Hacienda, el presidente Calderón postuló a Agustín Carstens a finales de 2009 como gobernador del banco central.

Inflación, el enemigo

Agustín Carstens recibió una inflación de 3.57% a su llegada a Banxico, para el cierre de ese año era de 4.40%. El mandato de Banxico es mantener el poder adquisitivo de la moneda y su meta es mantener la inflación alrededor de un objetivo establecido, que es de 3% anual, con un intervalo de variabilidad de +/- 1%.

La inflación cerró el 2013 en 3.97%, en un contexto en donde las expectativas positivas inundaban a México con el llamado Mexican Moment, que ocupó las portadas del medios internacionales como el semanario británico The Economist. El gobierno federal preveía que las reformas estructurales aprobadas apoyarían el crecimiento sostenido de la economía por arriba del 5% en el largo plazo, casi el doble del promedio de los últimos 20 años. Para este año se estima un crecimiento de 2.5%

Aún así, el 2015 fue el año de oro para Carstens, la inflación cerró en un mínimo histórico de 2.13%, derivado de una caída en los precios de las telecomunicaciones y el manejo de las expectativas inflacionarias.

Una de las decisiones más cuestionadas de Banxico, es que la Junta de Gobierno, integrada por el gobernador y cuatro subgobernadores, mantuvo su tasa de interés referencial desde mediados de 2014 en un mínimo histórico de 3%, pese a la caída acelerada del peso frente al dólar.

“Bajas tasas de interés usualmente contribuyen a mantener un tipo de cambio más depreciado y a través de ese mecanismo a una mayor inflación. Por otro lado, contribuyen también a estimular la economía, lo que fue importante en México sobre todo a raíz del menor ingreso petrolero consecuencia de menores precios internacionales y de menor producción doméstica de petróleo”, indicó el economista en jefe para México y Canadá de BofAML, Carlos Capistrán.

Las bajas tasas fueron aprovechadas por la Secretaría de Hacienda, entonces comandada por Luis Videgaray, para aumentar el nivel de endeudamiento, lo que buscaba impulsar el crecimiento económico.

“Hubo un relajamiento fiscal que se sincronizó con una política monetaria expansiva, eso genero un incentivo para que el gobierno se endeudara más. La política monetaria bajo la dirección de Agustín Carstens sufrió de dominancia fiscal”, dice el director general de Moody’s Analytics para América Latina, Alfredo Coutiño.

A pesar del cierre histórico de la inflación en 2015, los precios al productor se aceleraban al doble de esa tasa, pues los productores contenían los precios finales a la espera de que el peso se recuperara frente al dólar, lo cual no sucedió.

En 2016, las elecciones presidenciales de Estados Unidos y el triunfo de Donald Trump asestaron un golpe a la moneda mexicana que acumuló una pérdida de 37% desde mediados de 2014. El detonante para la que la inflación se saliera de control fue la liberalización de los precios de la gasolina y el diesel a inicios del 2017.

En julio de 2017, la inflación alcanzó 6.44%, un máximo de casi nueve años y el consenso de los analistas espera que cierre el año alrededor del 6.23%.

“En México nos encanta crear personas súper poderosas que resuelvan todo, siempre necesitamos un caudillo, un líder. Carstens es un buen economista, pero es un personaje humano que ha cometido errores. Sí fue un buen banquero central y sí se le puede sustituir. No va a pasar nada porque se vaya”, dice Joel Martínez, director general de la firma Visor Financiero.

Carstens,  se muestra confiado de que  la inflación regrese a la meta del banco central en 2018, pese a que México enfrenta un contexto complicado con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que podría empalmarse con las elecciones presidenciales.

“México lleva más de 20 años pretendiendo controlar la inflación y se ha logrado domesticar el aumento de la tasa, pero no ha disminuido la variabilidad de los precios, aún es muy alta”, agregó Coutiño.

Mientras tanto, el economista de 59 años se prepara para hacer realidad una de sus metas, encabezar un organismo internacional, luego de que en 2011 perdió la batalla contra la francesa Christine Lagarde por la dirección del FMI.

Por lo pronto, en medio de las amenazas de Donald Trump, la debilidad del peso mexicano y el avance de precios, tal vez resulte recordar una de las frases que Carstens dijo en plena crisis financiera del 2009: “En estos tiempos de crisis, es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.

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