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Todo es bueno, pero con medida

31-05-2019, 8:00:15 AM Por:
alimentos

La preferencia de los consumidores en el sector agroalimentario

Existe una constante evolución del sector agroalimentario debido a múltiples factores como: el clima, la tecnología, la legislación, así como las principales variables macroeconómicas como el tipo de cambio, la tasa de inflación y la tasa de interés.

De igual manera existe una fuerza menos visible, pero poderosa que interactúa con todas las anteriores y que, en ocasiones, hasta las opaca, estamos hablando de las preferencias, usos y costumbres de los consumidores.

Desde contribuir a la preservación del medio ambiente, o considerar que son benéficos para la salud, muchas personas, sobre todo jóvenes de clase media o alta, pagan precios más elevados por alimentos que se ostentan de ser orgánicos; sin que, muchas veces exista evidencia científica que Una lechuga o una manzana orgánicos, pueden costar entre 2.5 y 4 veces más que el precio de un producto convencional; pero a los ojos de un consumidor preocupado por la contaminación del suelo y el agua, o por el calentamiento global, es un sobreprecio qué se justifica, por el esfuerzo adicional que supone al agricultor prescindir de insumos “químicos” en sus procesos de producción y reemplazarlos por productos de origen “natural”.

Es muy común encontrar subrayado o resaltado en las etiquetas de muchos alimentos leyendas como “libre de transgénicos” o “100% natural”, para deslindarlo de cualquier “contaminación con OGMs. Puede decirse que el consumidor está bajo persistentes influencias contradictorias respecto a la información que encuentra sobre los alimentos.

Un caso evidente, pero poco comprendido, de la contribución que hace la ingeniería genética a la ecología es el algodón genéticamente modificado. Con las semillas ordinarias de algodón, la planta requiere hasta 14 aplicaciones de agroquímicos, principalmente insecticidas, a lo largo de su ciclo productivo. Ahora, incorporando a los genes de la semilla de algodón un insecticida biológico que se llama Bacillus Turingensis, 4 aplicaciones de agroquímicos son suficientes para proteger a las plantas de algodón del ataque de insectos y malezas nocivas.

Por tal motivo, quizás, viviríamos más tranquilos haciendo caso omiso de lo mucho que se publica sobre nuestros alimentos, y apegándonos a aquel viejo refrán que dice: ”Todo es bueno, con medida”.

alimentación Deloitte
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