México

Así fue como se formó la alianza entre Marcelo Ebrard y AMLO

López Obrador propuso a Marcelo Ebrard como el próximo secretario de Relaciones Exteriores. Su alianza se remonta al año 2000.

05-07-2018, 8:43:00 AM
Marcelo Ebrard, AMLO

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) presentó a Marcelo Ebrard como su propuesta para ser Secretario de Relaciones Exteriores, en lugar de, Héctor Vasconcelos, a quien se lo había ofrecido en primera instancia.

Vasconcelos ganó un escaño en el Senado, desde donde buscará presidir la Comisión de Relaciones Exteriores, lo que dejó el camino libre a Ebrard para ocupar un lugar en el gabinete de López Obrador.

La relación entre AMLO y Ebrard comenzó en el año 2000, apenas unos meses antes de la elección para jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, en la que contendían ambos: uno por el PRD y el otro por el Partido del Centro Democrático (PCD) que había fundado con Manuel Camacho Solís (fallecido en 2015).

Apenas un intercambio de cartas, algunas reuniones y seguramente la oferta de formar parte de su gabinete, convencieron a Ebrard ese año para declinar como candidato en favor de AMLO, quien ya al frente de la administración capitalina pudo devolver la moneda al designarlo secretario de Seguridad Pública, arroparlo frente a la embestida federal luego del linchamiento de dos agentes de la Policía Federal Preventiva en Tláhuac, en 2004, y finalmente apuntalarlo como su sucesor en el gobierno de la Ciudad de México, por encima de otros militantes del PRD de larga trayectoria.

Intercambio de apoyos

La relación se fortaleció en 2005, cuando López Obrador respaldó a Ebrard para sucederlo. “No hay que olvidar que el triunfo de AMLO en el Ciudad de México tuvo mucho que ver con la declinación de Ebrard, porque el partido solo habría perdido aquella elección”, reconoció en su momento el perredista Gilberto Ensástiga, al repasar los hilos de la alianza.

Esa alianza, sin embargo, tuvo que modificarse en julio de 2006. La derrota de AMLO trastocó todo y modificó la geografía política para los dos. Vino el plantón en Reforma, la batalla electoral en tribunales y la inauguración del “gobierno legítimo” que exigió al PRD, sus aliados y simpatizantes desconocer a Felipe Calderón como presidente. La lealtad de los perredistas quedó a prueba.

Marcelo Ebrard respaldó a AMLO y evitó el trato con Calderón. Progresivamente, Ebrard abrió la distancia con su antecesor. Mientras AMLO recorría el país como “presidente legítimo”, el jefe de Gobierno iba imponiendo su estilo y su propia agenda en la ciudad.

El choque de aspiraciones

Marcelo Ebrard quiere ser Presidente, repetían sus más cercanos colaboradores en 2011, en las reuniones para promover sus aspiraciones y hacer el retrato de un político moderno, de ideas frescas y renovadoras, conciliador pero firme, culto y bien arropado académicamente. Un gobernante, insistían, que ha sabido conciliar la política social y el bienestar colectivo con los intereses privados.

Pero una preocupación rondaba siempre en las reuniones con distintos sectores: su relación con Andrés Manuel López Obrador. A nadie se le olvidaba que Ebrard, al menos durante los tres primeros años de su gobierno, respaldó al tabasqueño en su decisión de desconocer el gobierno de Calderón y evitó cualquier contacto con él, a menos que fuera obligado por el interés de la ciudad.

Ebrard ganó tanta fuerza e influencia al frente de la Ciudad de México, que a punto estuvo de arrebatarle a AMLO la candidatura presidencial del PRD y sus aliados en el proceso electoral de 2012. Ebrard incluso desplazó a López Obrador en las encuestas y en los espacios de influencia del PRD, en el cual se perfiló como “líder natural” en el lugar que ya no habitaban ni Cárdenas ni López Obrador.

Y el ganador es…

Para entonces, AMLO ya había fundado Morena como movimiento al margen del PRD. Pero ambos acordaron definir la candidatura por el método de encuesta, a propuesta del mismo Ebrard.

A Ebrard le bastaron seis años de militancia perredista para consolidar su liderazgo en el partido y colocarlo en una posición estratégica entre las corrientes dominantes de ese partido, aún por encima de López Obrador.

Pero el 13 de noviembre de 2011, el pasado se repitió de otra manera. Ese domingo,Ebrard y López Obrador esperaban en la Ciudad de México los resultados de la encuesta que las empresas Nodo y Covarrubias habían aplicado a 6 mil personas para definir, de entre ellos, al próximo candidato de la izquierda a la Presidencia de la República.

Hacia el final de la tarde se despejó la incógnita: Marcelo Ebrard había perdido y de nuevo tenía que aplazar su futuro político para dejar mano en el juego electoral a AMLO. La historia se repetía como en el 2000, cuando declinó en favor de aquel como candidato a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

A pesar de la derrota, Ebrad ganó y se consolidó como un líder bien afincado en el PRD. Sólo dos semanas después de aquella conferencia en la que se anunciaron los resultados de las encuestas, Ebrard logró sentar a la mesa a los adversarios internos. Por un lado, López Obrador, el diputado federal Alejandro Encinas y Dolores Padierna, la secretaria general del PRD y líder de la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN). Por el otro, los antagonistas: Jesús Ortega y Jesús Zambrano, como representante de Nueva Izquierda. Todos juntos en una reunión privada y más tarde en conferencia de prensa en la que anunciaron la reconciliación y el fin de las hostilidades entre las dos corrientes perredistas más poderosas.

Esa victoria de unidad en el PRD, que se había anotado Ebrard, los observadores políticos la calificaron como un movimiento que lo colocaba como candidato natural para la Presidencia en 2018. Pero de nuevo el destino se interpuso cuando estalló el escándalo de la Línea 12 del Metro, cuya operación hubo que suspender por fallas atribuidas a la corrupción, a defectos técnicos y a una mala planeación de la obra más cara construida en la Ciudad de México.

Al frente de la emboscada contra Ebrard estuvieron nada menos que dos de sus hombres de confianza en el pasado: Miguel Angel Mancera, su procurador y a quien le había confiado la candidatura, para el gobierno de la Ciudad de México, y Joel Ortega, a quien había encumbrado como jefe de la policía en la capital y se desempeñaba con Mancera como director del Metro.

Desde todos los frentes hubo acusaciones de corrupción contra Ebrard y una andanada política que lo llevó al exilio en París durante más de 2 años.

Marcelo Ebrard y AMLO, de nuevo juntos

Marcelo Ebrard regresó al país durante las última campañas presidenciales, cuando AMLO le confió la coordinación de su campaña por la Presidencia. Después de ganar las elecciones, Ebrard ha aparecido en casi siempre cerca de López Obrador, que ahora lo ha colocado en un puesto clave, en el que se encargará de las negociaciones con el presidente Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos, así como de los temas de migración y seguridad.

Sergio Aguayo, profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colmex y presidente de Propuesta Cívica, recomienda buscar las pistas de la estrategia política de Marcelo Ebrard, en un artículo escrito en los setenta por Manuel Camacho, su maestro en El Colegio de México y en la política.

Aquel texto se titulaba “Los nudos históricos del sistema político mexicano”  y allí argumentaba que un pequeño grupo podía posicionarse siempre que tuviera cohesión e inteligencia, entre otras caracterísiticas.

“Camacho estaba pensando entonces en el grupo de Carlos Salinas de Gortari, pero el modelo es el mismo. Cuando fracasa en su intento de ser Presidente y crear un partido, mantiene esa estrategia. Y Marcelo, que fue su hombre de confianza de toda la vida, sigue la misma lógica”, explicó en su momento.

Hay quienes consideran que el mayor acierto de Ebrard fue declinar en el año 2000 por López Obrador y convertirse en un hombre cercano a él. Porque Ebrard tiene una debilidad política: las bases sociales, sobre las cuales está construida la fortaleza de AMLO.

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