México

El Estadio Azul: un hoyo que se volvió símbolo de la transformación

En unos meses, en los terrenos que conocemos como el Estadio Azul habrá un nuevo centro comercial. Te contamos la historia del estadio más antiguo de la Ciudad de México, que está muy ligada al desarrollo de la capital.

23-03-2018, 8:30:55 AM
estadio azul

México es el país con más centros comerciales en Latinoamérica, y dentro de unos meses tendrá uno más cuando se construya uno nuevo en el terreno que hoy ocupa el Estadio Azul, en la colonia Nochebuena del sur de la Ciudad de México.

El dueño del estadio que actualmente es la casa del equipo de futbol Cruz Azul, el hotelero Antonio Cosío Pando, director general de Grupo Brisas, anunció en 2017 que el 2 de julio próximo empezaría la demolición del inmueble que tiene más de 70 años de historia.

Javier Sordo Madeleno de Haro (nieto del arquitecto Juan Sordo Madaleno, creador de espacios como Plaza Satélite, Plaza Universidad y el Hotel Presidente Intercontinental de la Ciudad de México), anunció que su despacho, Sordo Madaleno Arquitectos, será el encargado de construir en ese lugar un nuevo centro comercial llamado “Artz Insurgentes Sur”, el cual será similar a otro que actualmente se construye en Periférico Sur.

artz insurgentes sur, estadio azul

Sin embargo, todo parece indicar que la fecha de inicios de los trabajos de demolición se aplazará algunos meses, y existen versiones que señalan que, al finalizar la actual temporada, el estadio se usará para eventos masivos, como conciertos y deportes.

Por lo pronto, versiones periodísticas señalan que la empresa Ocesa, encargada de operar el estadio, tiene programado salir de éste el 31 de mayo. Con su actual posición en la tabla general, el Cruz Azul no calificará a la liguilla, por lo que su último partido sería el 21 de abril, cuando enfrete al Morelia.

El anuncio de este proyecto, así como la posibilidad de que ya no se cierren las calles aledañas cada una o dos semanas cuando había evento en el estadio, ha provocado un incremento en los precios de las viviendas cercanas, así como las rentas, y se espera que aumenten más una vez que el centro comercial y el hotel estén terminados.

Mientras tanto, el Cruz Azul, que no era propietario de este estadio que ha sido su casa desde 1996, anunció que regresará a jugar al Estadio Azteca, propiedad de Grupo Televisa y que fuera sede de sus partidos de local durante aproximadamente 25 años (y donde levantó varias de las copas que ha ganado a lo largo de sus historia).

Hasta hace unos días, había versiones que aseguran que el Cruz Azul podría tener su propio estadio en alguna sede de la capital, como la que actualmente ocupa el Velódromo Olímpico en la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca, pero de acuerdo con Horacio de la Vega, director del Instituto del Deporte de la Ciudad de México, esa decisión depende del equipo, además de que, por ahora, las conversaciones entre la directiva del club y el gobierno local están suspendidas.

 Por su parte, Grupo Brisas y la familia Cosío seguirán siendo propietarios de la Plaza de Toros México y de otro importante espacio deportivo capitalino, el recién remodelado Frontón México.

Ante este panorama, vale la pena dar un repaso a la historia del Estadio Azul, la cual está muy ligada al desarrollo de la Ciudad de México.

Las ladrilleras

A finales del siglo 19 e inicios del 20, en el camino hacia las lejanas tierras de Mixcoac y San Ángel, al sur de la Ciudad de México, había ladrilleras que, a su vez, ayudaban a que se construyeran nuevas zonas residenciales en la capital y que cada vez estaban más alejadas del Centro.

Después de la Revolución, la ciudad aceleró su expansión y empezó a rebasar algunos de sus límites naturales, como el Río Piedad (donde hoy corre el Viaducto), y así, sobre un viejo camino rural, se trazó la parte sur de la Avenida de los Insurgentes donde, durante las siguientes décadas, nacieron a sus costados colonias como la Nápoles, Extremadura o Nochebuena.

Justamente este último nombre se debe a que en esos terrenos se localizaba la Compañía Ladrillera de la Nochebuena, la cual, además de tener amplias instalaciones como hornos y bodegas, se dedicaba a realizar profundas excavaciones con el fin de obtener la arcilla, que era una de las materias primas de los ladrillos que fabricaba.

Cuando esa y otras empresas, como la Compañía Ladrillera de Mixcoac, se fueron del lugar, dejaron grandes hoyos que en los años 30 y 40 se aprovecharon para crear tres de los lugares más icónicos de esa parte de la Ciudad de México: el Parque Hundido, la Plaza México y el entonces Estadio Olímpico de Ciudad de los Deportes (el actual Estadio Azul).

La Ciudad de los Deportes

Impulsada por personajes como Miguel Ángel de Quevedo, la ciudad tenía una especie de obsesión por los árboles a inicios del siglo 20, y a lo largo de lo que hoy es Insurgentes Sur se sembraron cientos de árboles, la mayoría de los cuales todavía existen en el lugar.

Pero la nueva ciudad también necesitaba parques, por lo que en uno de los grandes hoyos de las ladrilleras se desarrolló el “Parque Luis G. Urbina”, que es el verdadero nombre del que todos los capitalinos conocen como “Parque Hundido”.

Unos años después, el empresario yucateco de origen libanés Neguib Simón Jalife, que se dedicaba a la fabricación de navajas de rasurar y focos, además de haber sido diputado, senador y ocupado otros cargos públicos en ese estado, inició un proyecto en el entonces Distrito Federal: “La Ciudad de los Deportes”.

Se trataba de un ambicioso proyecto que incluiría todo tipo de instalaciones deportivas en una amplia extensión de más de un millón de metros cuadrados de lo que hoy es parte de la colonia Nochebuena. Tendría albercas, auditorios, canchas de tenis, frontón y un boliche, además de una zona comercial y otra residencial.

Todo estaría en una ubicación privilegiada a un costado de la nueva y elegante Avenida de los Insurgentes, delimitado por las actuales calles de Holbein, Pensilvania y San Antonio.

Pero las obras más importantes serían la plaza de toros más grande del mundo y un estadio de concreto que representaría todo un avance arquitectónico en esa época, cuando las tribunas de ese tipo de foros todavía solían ser construidas con madera.

Ambas obras aprovecharon dos hoyos más que habían dejado ahí las ladrilleras, por lo que tanto el ruedo como la cancha están varios metros por debajo del nivel actual de la calle resolviendo así un problema que enfrentaron otros estadios, como el Azteca, cuya construcción requirió que se dinamitaran varios metros del pedregal de la zona de Coapa, también al sur de la Ciudad de México.

En 1946 se inauguraron tanto la Monumental Plaza de Toros México como el “Estadio Olímpico” como parte de la primera fase de este megaproyecto.

El cambio

Durante esos años se avanzó en la construcción de otras instalaciones que finalmente quedaría inconclusas, como el boliche (en cuyo lugar hoy se encuentra un Superama) y el estacionamiento (en donde hoy se encuentra un Suburbia y la bahía es usada como base del Metrobús).

La Ciudad de los Deportes nunca se terminó debido a que Neguib Simón Jalife se vio envuelto en deudas y otros problemas, por lo que fue obligado a vender todo al empresario algodonero Moisés Cosío en el mismo año de 1946.

En los siguientes años, el proyecto deportivo fue olvidado y los terrenos, que cada vez valían más, fueron fraccionados y vendidos para desarrollar las nuevas colonias de clase media y alta que empezaban a construirse en la Ciudad de México para recibir a los beneficiados de la bonanza económica de la época del Desarrollo Estabilizador.

La Plaza México y el Estadio Azul quedaron en manos de la familia Cosío durante tres generaciones, desde el abuelo Moisés, pasando por los hijos Moisés y Antonio, hasta el nieto Antonio Cosío Pando, que es el actual director general de Grupo Brisas, grupo hotelero fundado en 2001 con presencia en gran parte del país y que opera más de 2,500 habitaciones.

El Estadio Azul

Al no terminarse el proyecto y al optar por fraccionar los terrenos aledaños, el estadio y la plaza de toros quedaron prácticamente en medio de la colonia y sin lugar para estacionamiento, por lo que se han vuelto parte de la vida cotidiana de los vecinos.

Pero ahora la zona se transformará con la demolición del Estadio Azul, el más antiguo de la Ciudad de México, con capacidad para 35 mil espectadores y que ha sido casa de prácticamente todos los equipos de futbol que han jugado en la capital.

Sin embargo, en los años 40 el futbol americano era más popular, por lo que ese era el deporte principal para el que se pensó este estadio y las dimensiones de su cancha se trazaron para tener un emparrillado.

Así, el Estadio Olímpico de Ciudad de los Deportes se inauguró el 6 de octubre de 1946 con un partido de futbol americano disputado entre los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México y los Aguiluchos del Heroico Colegio Militar, el cual finalizó con ventaja para los universitarios con marcador de 16-14.

Por cierto, hay quien piensa que el nombre de “olímpico” se debía a que serviría para recibir los Juegos Olímpicos de 1968; sin embargo, en 1946 ni siquiera se había propuesto el tema de que México presentara una candidatura. El mote más bien se refería a que era un estadio moderno y en el cual se podían llevar a cabo diferentes eventos. Tampoco fue sede de nada en México 68.

El primer partido de futbol de este estadio se llevó a cabo tres meses después, en enero de 1947, con un encuentro entre el Veracruz y el club argentino Racing de Avellaneda.

En los años siguientes, fue la casa del Atlante y el América, pero a mediados de los 50, ambos equipos se mudaron a Ciudad Universitaria. En esa época, el Necaxa también jugó como local en este estadio.

A finales de los 60 y durante la década de los 70, con la inauguración del Estadio Azteca y un desprestigio del futbol americano en la Ciudad de México, el Estadio de Ciudad de los Deportes prácticamente cayó en desuso.

Pero en 1983, el Atlante, que jugaba de local en el Azteca, decidió mudarse a Ciudad de los Deportes, por lo que remodeló el estadio (por ejemplo, retiró las torres de iluminación que estaban muy cerca del terreno de juego) y le cambio el nombre a “Estadio Azulgrana”, en referencia a los colores de ese club.

Ese mismo año, México obtuvo la sede del Mundial de 1986 tras el retiro de Colombia, por lo que este estadio fue considerado en primera instancia; sin embargo, al final no fue sede de ningún partido de México 86.

En 1989, el Atlante se fue a jugar a Querétaro (al estadio Corregidora, que precisamente fue construido para la Copa del Mundo del 86) y descendió a Segunda División. Por lo que el estadio volvió a estar subutilizado.

En 1993, en medio de un conflicto entre quienes entonces manejaban a la Selección Mexicana y las televisoras, el Tricolor (durante la etapa del Director Técnico César Luis Menotti) no jugó en el Estadio Azteca la primera fase de la eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 94, por lo que usó al todavía llamado Estadio Azulgrana para sus partidos de local.

En 1996, el Cruz Azul también abandonó el Estadio Azteca y se mudó de manera definitiva al estadio de Ciudad de los Deportes, el cual se volvió a remodelar y cambió su nombre a Estadio Azul, el cual ha sido su casa desde entonces y lo será hasta el final del presente torneo.

Entre 2000 y 2002, el Atlante volvió a jugar de local en este estadio, y lo compartió con el Cruz Azul. Por cierto, los cementeros han jugado ahí partidos de final de ida y vuelta, pero nunca han sido campeones en esa cancha.

Otros eventos

A lo largo de su historia, el actual Estadio Azul ha sido sede de todo tipo de eventos, desde conciertos masivos con artistas como Juan Gabriel, hasta mítines políticos (algunos de no muy gratos recuerdos para el partido político que los organizó), pasando por festivales dedicados a albañiles ofrecidos por la cementera propietaria del Cruz Azul. También ha sido locación para filmar escenas de futbol americano de películas de la Época de Oro del Cine Mexicano, como “Juventud sin Dios”, protagonizada por Joaquín Cordero.

Inclusive, el 5 de agosto de 1978, fue sede del primer juego de la NFL realizado fuera de Estados Unidos, entre los Santos de Nueva Orleans y las Águilas de Filadelfia, que terminó con marcador de 14-7.

El último partido de futbol americano estudiantil que se jugó en su cancha tuvo lugar en 1990, cuando los Pumas de la UNAM se enfrentaron a los Burros Blancos del Poli, imponiéndose con marcador de 27-23.

Desde el año pasado, el Estadio Azul también es la casa del equipo femenil del Cruz Azul.

Toda esta historia terminará dentro de unas semanas tal y como empezó: con un emparrillado pintado en su cancha, ya que el próximo 22 de abril se celebrará ahí el Tazón México III de la Liga de Futbol Americano.

¡Ah!, y también pasará a la historia como el lugar en el que el Cruz Azul jugó de local y nunca pudo ser campeón.

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