México

Carlos Romero Deschamps, el hombre clave del sindicato petrolero

Carlos Romero Deschamps, líder del sindicato petrolero, es uno de los hombres más polémicos de México y figura central para entender la historia de Pemex

10-01-2019, 11:38:01 AM
Senado PRI

I. Chofer

“Era mi chofer. Nada más”. Así empieza la historia de Carlos Romero Deschamps, un hombre que en otro tiempo ha sido descrito como servicial y atento; hoy, el hombre clave en el sindicato de los petroleros.

Romero Deschamps tiene mirada severa todo el tiempo, también tiene poco cabello, es corpulento, los ojos un tanto desorbitados, una dentadura que no corresponde a su edad y una interminable colección de bienes materiales.

Nacido en Tampico, de cuna humilde, Romero Deschamps desempeñó varios oficios hasta que llegó a Salamanca, en donde, por azares del destino, conoció al entonces líder sindical, Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, quien, agradecido por el espíritu amable del joven, decidió integrarlo a su equipo de trabajo.

Muchos años después, en 2013, “La Quina”, en una de sus últimas entrevistas, lanzó sobre Romero Deschamps: “Era muy servil. Ha sido el peor enemigo. Era mi chofer, nada más”.

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II. EI Quinazo

La historia del ungimiento de Romero Deschamps bien cabría en una trama de serie de Netflix. Habría que evocar a su formador, Joaquín González Galicia, alias “La Quina”.

La Quina ocupó, a veces de facto y a veces por elección, el poder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), de 1961 a 1989.

Deshojó sexenios como margaritas y sobrevivió a 5 administraciones, hasta que llegó el turno de Carlos Salinas de Gortari.

En el camino, La Quina hacía y deshacía. Aprendió a perpetuarse al intercambiar votos y recursos de los trabajadores de la empresa más grande del país: Pemex.

En su época de gloria, Hernández Galicia era quien dictaba quién comía del pastel de la paraestatal y quién se beneficiaba del sindicato.

La llave interminable del dinero estaba abierta para sus protegidos, como el propio Carlos Romero Deschamps.

Éste, por su lado, entendió pronto que en la política mexicana el talento no hace carrera, sino las simpatías. De chofer pasó pronto a tener una sección sindical con el espaldarazo de “La Quina”.

Llegaron las campañas para la elección de 1988 y, mientras Hernández Galicia marcaba su distancia con el candidato del PRI, en Romero Deschamps la amabilidad se había convertido en ambición.

“La Quina” no sólo se opuso a la tendencia privatizadora de Salinas de Gortari, sino que apoyó a la oposición representada por Cuauhtémoc Cárdenas en esas elecciones, una afrenta que tuvo que pagar.

Cuarenta días después de haber tomado posesión, el Gobierno de Salinas de Gortari ordenó un operativo en el que se detuvo a Joaquín Hernández Galicia y que culminó con la aprehensión de más de 30 líderes petroleros. Era el 10 de enero de 1989.

A “La Quina” se le acusó de asesinato y posesión de armas de fuego, fue encarcelado y despojado de su poder.

El capítulo fue conocido como “El Quinazo”, y no fue tanto un acto de justicia como un castigo por desobediencia impuesto por el nuevo gobierno, quien a su vez ganaba legitimidad al desbancar a un líder cuya flexibilidad moral era reconocida e impresentable. Y ya que andaba en eso, también fue una forma de contestar a la pregunta “¿quién manda aquí?”, y que todo el país escuchara la respuesta.

La historia está aderezada con un cadáver de un agente federal encontrado en la vivienda de Hernández Galicia –por lo cual se le acusó de asesinato–, así como de una orden con la que se apagó, de un plumazo, la maquinaria que lideraba al sindicato en ese momento.

Romero Deschamps, sin embargo, quedó intacto, por lo que “La Quina” acusó traición de su pupilo. Así pasó, como si fuera una serie de Netflix.

Pemex

III. Riqueza

“Inexplicable” ha sido el adjetivo que la prensa ha usado con mayor regularidad para explicar la riqueza que acumula Romero Deschamps desde sus años al frente del sindicato petrolero.

A la caída de “La Quina” siguió el turno de Sebastián Guzmán Cabrera, quien dejó el cargo tras cuatro años debido a problemas de salud.

Romero Deschamps tomó su lugar en 1993.

“Encontró en el petróleo la manera de obtener lujos, financiar comodidades, emplear a su familia, encumbrarse a sí mismo. He allí, en la nómina de Pemex, a sus hermanos, sus primos, sus cuñados, sus sobrinos…”, escribió Denise Dresser en el semanario Proceso el 13 de agosto de 2013.

Un reportaje firmado por el periodista Rafael Cabrera en la revista Emeequis (marzo de 2013. “La mano negra de Romero Deschamps”) confirma que la fortuna del líder sindical es explicable a partir de los documentos que generó la Dirección Federal de Seguridad desde los años 70, la cual hizo un seguimiento cercano al entonces hombre de confianza de “La Quina”.

“Fue construyendo un imperio gracias al petróleo, haciendo uso de su mano negra: venta de plazas, desvío de fondos sindicales para campañas políticas, robo de combustible en pipas de doble fondo, secuestro, amenazas…”, se lee en la publicación.

Mientras en la nómina de Pemex Romero Deschamps no supera un sueldo de 30 mil pesos mensuales, en la realidad su derroche es comparable al de un magnate petrolero.

A mediados de este año, el periódico Reforma reportó que el líder sindical construía una casa en Acapulco, en la zona conocida como Las Brisas, cuyo costo estimado rondaría los 6 millones 400 mil dólares.

En años recientes no han sido pocos los registros de prensa que muestran los emprendimientos, actividades y regalos multimillonarios de este personaje y de su familia.

Se sabe, por ejemplo, que en 2013 el burócrata consintió a su hijo al regalarle un Enzo Ferrari de edición limitada con costo de 2 millones de dólares.

Como se esperaría, la hija del líder petrolero, Paulina Romero, tampoco es ajena al estilo de vida de la familia.

El periódico Reforma publicó en 2012 imágenes obtenidas de su cuenta de Facebook, en donde exhibe una vida de interminables lujos. La joven gusta de viajar en aviones privados y yates, disfrutar de vinos y cenas exclusivas, así como de fotografiar a sus tres perros de raza bulldogs ingleses, sus fieles compañías en estas excéntricas aventuras.

A esto habría que agregarle los gustos varios del líder sindical: relojes con incrustaciones de diamantes, yates de lujo, departamentos en zonas exclusivas de Miami, autos deportivos de marcas como Ferrari y Lamborghini, entre otros.

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Reuters.

IV Político

El líder petrolero ha ocupado en cinco ocasiones las sillas altas del país: diputado en 3 ocasiones (1979-’82, 1991-’94 y 2000-‘03) y senador en dos (1994-2000 y 2012-’18).

Los puestos públicos como moneda de cambio de fuero parecen ser la constante en el currículum del funcionario. De ahí que el Pemexgate, el escándalo más grande que ha tenido a Romero Deschamps como protagonista, no haya podido siquiera despeinar al líder sindical.

En el año 2000, tras la victoria de Vicente Fox y el primer capítulo de derrocamiento priista, se reveló una trama de corrupción proveniente de las arcas de Pemex, las cuales habrían financiado de forma ilegal la campaña del entonces candidato del PRI, Francisco Labastida, aportando alrededor de 500 millones de pesos. La investigación se cerró después de unos 10 años sin culpables.

El citado reportaje de Emeequis explica que el dinero no sólo no dejó de correr por las opacas cuentas del sindicato, sino que los números se inflaron: de 2005 a 2007 el STPRM habría recibido mil 408 millones de pesos.

Con la llegada de Morena y Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, el nombre de Romero Deschamps volvió a los reflectores. Durante la campaña electoral se sumó abiertamente al candidato priista, José Antonio Meade, y más recientemente su nombre ha sido utilizado por AMLO para exponer el charrismo sindical que busca extirpar.

Asimismo, el tema del huachicoleo (nombre con el que se conoce el robo de combustible de Pemex) ha llegado a un punto crítico, en el que ha quedado de manifiesto que el problema es principalmente originado al interior de la paraestatal.

Ante este contexto, Romero Deschamps parece jugar el papel de un viejo conocido, pero aún falta ver el desenlace.

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