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Plástico: el ingrediente invisible en tu comida

Se calcula que en la actualidad hay 150 millones de toneladas de plástico en los océanos, a las que se suman ocho millones de toneladas cada año

23-11-2018, 1:40:12 PM
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El consumo excesivo de plástico no solo afecta al medio ambiente sino al ser humano por igual

¿Qué pensarías si te dijeran que has comido el plástico que alguna vez tiraste a la basura? La cantidad de desechos que se generan a nivel mundial podrían regresarse a tu plato, sin que te des cuenta.

El doctor Gregorio Benítez Peralta, investigador del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la UNAM, advirtió que hemos llegado al punto de comernos nuestra propia basura, luego de analizar un estudio del investigador austriaco Philipp Schwabl, el cual confirma la presencia de micropartículas de plástico en las heces fecales de habitantes de Finlandia, Italia, Japón, Holanda, Polonia, Rusia, Reino Unido y Austria.

“Algo parecido se ha observado en animales como los chimpancés, pero este estudio es el primero realizado con humanos. Es prematuro aún suponer que lo observado en ocho personas se repetirá en los más de siete mil 700 millones de individuos del planeta, aunque esto es una señal de alerta que no deberíamos ignorar” comentó el investigador mexicano.

Tan solo en  México se generan 102, 895 toneladas de basura a diario,  un aproximado de 770 gramos por persona, de acuerdo con un estudio de la Semarnat, y esta dependencia prevé que para el 2020, el país habrá producido 500 mil millones de toneladas de plástico.

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El plástico es uno de los principales enemigos del medio ambiente.

Para Schwabl, especialista en  gastroenterología por parte de la Universidad Médica de Viena, no es secreto que desde los inicios de nuestra vida estamos en contacto con el plástico, puesto que, “al menos desde 1900 se venden chupones de plástico para el biberón y durante mucho tiempo alimentamos a los bebés con estos implementos, sin considerar que en ellos había bisfenol A (BPA), un potencial disruptor endocrino”.

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Tras descubrirse que el BPA podría afectar la cadena hormonal de los infantes la fórmula para fabricarlos se modificó, sin embargo Schwabl aclaró que “esto era ya un anuncio de cómo nos afecta este derivado del petróleo”.

Los resultados  de ambos estudios son significativos porque vuelven a poner los reflectores sobre el problema que representa este contaminante (BPA) para los ecosistemas y para la salud humana, y nos invita a reflexionar sobre el lugar que le hemos dado en nuestras vidas.

“Nuestra ropa es en gran parte poliéster y las bolsas que nos dan al hacer el supermercado, las cerdas de nuestros cepillos de dientes, los envoltorios de nuestra comida o las fibras de la alfombra que acabamos de pisar son de plástico, así que determinar en qué momento sus partículas llegan a nuestro organismo no es tarea fácil” comentó el académico de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El documento publicado en octubre de 2018 por la Universidad Médica de Viena sugiere que los individuos analizados ingirieron estos residuos microscópicos a través de alimentos provenientes del mar.

Y la explicación resulta razonable, porque en el mar Pacífico flota una isla de basura de 1.6 millones de kilómetros cuadrados, extensión que se asemeja peligrosamente a los 1.9 millones de kilómetros cuadrados que tiene México.

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La basura en las playas aumenta después de las temporadas vacacionales.

Plástico por doquier

A decir del profesor Benítez, esta misma masa de residuos, en su mayoría plásticos, se extiende por todo el orbe al grado de que en los hielos de la Antártida se observan ya estas micropartículas.

“Esto se debe a la práctica de quemar basura, ya que tras la incineración los residuos van a parar al suelo, donde son ingeridos por estos invertebrados. Se ha observado que dichos animales pierden peso o mueren si consumen cantidades muy altas del material, lo cual repercute en la fertilidad de las tierras, pero también existe el riesgo de que lleguen a los estómagos de criaturas que hurgan en el suelo en busca de alimento, como las gallinas o los animales de pastoreo que solemos incluir en nuestra dieta”.

Un estudio previo, realizado en octubre del 2017 por la doctora Huerta Lwanga quien ha detectado la presencia de plástico en las excretas de lombrices en el sureste mexicano, también advirtió del riesgo de transferencia de plástico a través de la cadena alimenticia, pues también se hallaron micropartículas de este material en mollejas de pollo destinadas al consumo humano.

Malas noticias

Si piensas que basta con dejar de comer carne, hay malas noticias, porque se han encontrado residuos de este contaminante en frutas como la uva, en pápalos de quelite, y se sospecha que pudiera estar muchos otros cultivos debido a la común práctica agrícola de regar los sembradíos con aguas residuales.

“Falta determinar si estas partículas sólo pasan por el sistema de la planta, como cuando nosotros inhalamos aire sucio y lo exhalamos, o si se quedan ahí, haciendo del vegetal un portador del plástico”.

Cambiar hábitos y pensar en el futuro

El doctor Philipp Schwabl dio a conocer los resultados de su estudio y señaló que los microplásticos, al llegar al sistema digestivo humano, son expulsados a través de las heces fecales; sin embargo, planteó que falta establecer si estos son eliminados total o parcialmente.

Sobre este punto, Benítez Peralta explica que si el contaminante sale limpiamente a través del excremento no representaría mayor complicación; no obstante, habría problemas si éste fuera absorbido por el intestino, filtrado al sistema circulatorio y de ahí pasara al hígado.

“Hasta el momento no existe evidencia alguna de que esto ocurra, pero debemos investigar”, detalló el profesor mexicano.

Schwabl encontró que los microplásticos más frecuentes en las deposiciones de los individuos de la muestra fueron el polipropileno y el tereftalato de polietileno (PET), los principales componentes de las botellas y las tapas de rosca.

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Uno de los ecosistemas más afectados por los polímeros del plástico es el marino.

El académico austriaco explica que ambos polímeros tienen el potencial de remodelar la mucosa del intestino delgado, interrumpir la absorción de hierro y alterar las funciones hepáticas.

Asimismo, el doctor Gregorio Benítez, precisó considerar también a las sustancias que pueden adherirse al plástico, como aceites, grasas u otro tipo de partículas, pues la capacidad de este material de comportarse como fómite y llevar al organismo elementos nocivos debería ser un aspecto más a tomarse en cuenta.

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Sin embargo, en vez de caer en el pesimismo, el académico sugiere profundizar en los estudios, en especial, en los desarrollados en México, porque es muy factible que las características genéticas y culturales de nuestra población den pie a escenarios únicos.

“No se trata de morir de inanición o de dejar de emplear nuestros utensilios diarios, sino de promover un cambio de hábitos a fin de hacer que la presencia del plástico sea cada vez menor. Lo más importante es aprender a manejar y reciclar nuestros residuos de mejor forma. También el optar por el vidrio en vez de las botellas de PET y vasos de unicel, preferir las bolsas de papel a las de polietileno o las prendas de algodón al poliéster pueden promover ciertos cambios. Debemos ir generando conciencia al respecto y, eso sí, jamás pensar que las cosas son así y simplemente resignarnos” concluyó el catedrático de la UNAM.

Con información de UNAM global

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