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Maduro gana en Venezuela entre abstencionismo y acusaciones de fraude

A pesar de las acusaciones de irregularidades durante la elección, los resultados de los comicios le dan la victoria a Nicolás Maduro para continuar al frente de la presidencia de Venezuela.

21-05-2018, 1:33:23 AM

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ganó el domingo un segundo mandato en una polémica victoria que llevó a sus contrincantes a pedir que se repitan las elecciones debido a las irregularidades que denunciaron.

Con 92.6 por ciento de los votos escrutados, Maduro tenía 5.8 millones de votos y su más cercano rival Henri Falcón, 1.8 millones, indicó la presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena.

“Quedó grogui”, dijo Maduro burlándose de Falcón desde un escenario junto al Palacio de Miraflores, ante miles de seguidores que ondeaban banderas, gritaban y se abrazaban mientras otros lanzaban cohetes. “Cuánto me han subestimado a mí”, agregó en un discurso tras declararse su victoria.

Un tercer candidato, Javier Bertucci, consiguió 925,000 votos, en una votación que tuvo una participación de menos del 50 por ciento, más baja que en comicios pasados en Venezuela. Según cálculos de la oposición, la afluencia habría sido menor al 30 por ciento.

Pese a su baja popularidad, el triunfo de Maduro, un exchofer de autobús de 55 años, se daba por descontado debido a su poderosa maquinaria electoral, la ausencia de los candidatos de la oposición más populares porque están presos o con prohibición para postularse y a que la coalición opositora llamó a abstenerse para no legitimar lo que dice es una “dictadura”.

Falcón desconoció los resultados de la jornada por irregularidades como la colocación de puestos del oficialismo para chequear la votación y pidió que se repitan los comicios en octubre. Bertucci, el candidato minoritario, también reclamó nuevas elecciones.

“Sin duda alguna, carece de legitimidad”, dijo Falcón.

Cerca de los lugares de votación en el país, el gobierno instaló “puntos rojos”, puestos en donde se escanearon los “carnet de la patria” que tienen muchos venezolanos, un documento con el cual reciben beneficios como cajas de alimentos subsidiados y bonos. La oposición dijo que se usaron para amedrentar a los que dependen de la ayuda para que voten por Maduro.

A media tarde, el presidente además ordenó facilitar transporte para llevar a votantes a que sufragaran.

Maduro dijo que pedirá a la autoridad electoral que se investiguen todas las denuncias de irregularidades con una auditoría.

“Vamos revisar todo. No podemos aceptar que se manche la vida institucional del país”, agregó el mandatario.

La promesa

Venezuela, la nación con mayores reservas petroleras del mundo, sufre una recesión, hiperinflación y escasez de todo tipo de productos que deterioraron el tejido social y empujaron a más de un millón de venezolanos a abandonar su país.

Maduro culpa de la situación a una “guerra económica” de la oposición con apoyo de Washington para desbancarlo, pero sus críticos dicen que el mal manejo económico y los controles sobre la economía sumado a la caída del precio internacional del crudo que Venezuela exporta han desencadenado la situación actual.

“Convoco a una jornada de diálogo nacional”, agregó. “Me dedicaré por entero a la recuperación del crecimiento económico”.

Antes de la votación, Maduro reconoció que había cosas por corregir en la economía, que dijo fue “contaminada por el capitalismo”.

“No podemos arrodillarnos a ningún imperio. No podemos ir al Fondo Monetario como en Argentina. Ahora que la oposición deje gobernar. Ellos son los culpables de lo que está pasando aquí”, dijo Ingrid Sequera, una voluntaria que trabajó en un “punto rojo” tras haber perdido hace poco su trabajo en el Ministerio de Agricultura.

Varios países han dicho que no reconocerán los resultados de las elecciones.

“Las elecciones en Venezuela no cumplen con estándares mínimos de una verdadera democracia”, escribió el presidente conservador de Chile, Sebastián Piñera, en Twitter. “No son elecciones limpias y legítimas y no representan la voluntad libre y soberana del pueblo venezolano. Chile, como la mayoría de países democráticos, no reconoce estas elecciones”.

Panamá el domingo por la noche se sumó a la condena.

Estados Unidos dijo el domingo que analiza sanciones petroleras para castigar al gobierno de Venezuela y no al pueblo, y que en una reunión del G20 en Buenos Aires se discutirá una respuesta a la situación en el país caribeño.

“Al propio imperio yo le digo, en serio, bájale dos; imperio gringo, bájale dos”, sostuvo Maduro en su discurso. “Ya basta de tanto ataque y amenaza”.

Maduro reta al mundo

Bromeando, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, suele decir que tiene un parecido con el dictador soviético Iósif Stalin.

“Hay gente que me ve a mí como el Stalin del Caribe. Y me parezco, miren el perfil”, dijo el año pasado en su programa de televisión dominical entre carcajadas de los asistentes. “Yo a veces me veo en el espejo y me parezco a Stalin”.

Lejos de reírse, muchos críticos lo acusan de autoritarismo y de liderar un régimen dictatorial.

Pero pese a su baja popularidad y la crisis que sufre Venezuela, Maduro ganó los cuestionados comicios del domingo para gobernar por otros seis años, en medio de denuncias de irregularidades de sus contrincantes y tras la decisión de la coalición opositora de no presentarse y llamar a la abstención por considerarlas una “farsa”.

Cuando su fallecido mentor, el carismático y ya enfermo líder Hugo Chávez, pidió a sus seguidores que votaran por Maduro y más tarde el excanciller ganó por estrecho margen, pocos creían que pudiera mantenerse en el cargo más de unos meses ante una oposición fortalecida y en medio de un desplome del precio internacional del crudo que auguraba problemas.

“Lo digo con humildad, me han tirado con todo y después de cinco años dándome, dándome, dándome, mira dónde estoy, estoy aquí parado”, dijo en febrero a corresponsales extranjeros

Maduro ha prometido acabar con la “guerra económica” a la que culpa de la recesión, hiperinflación y escasez que sufre la otrora próspera nación.

“Tenemos dos años libres de elecciones para dedicarnos a trabajar por la economía productiva”, dijo el domingo en su discurso de victoria.

Estados Unidos, países europeos y de América Latina han fustigado las elecciones en el país caribeño, y dijeron que no las reconocerán.

Enderezar la regulada economía es la principal asignatura pendiente de Maduro, un exchofer de autobús de 55 años sin carrera universitaria que llegó al poder siendo uno de los hombres de confianza de Chávez, a quien se plegó tras su fallido golpe militar de 1992, cuando era un joven sindicalista.

En ese grupo conoció a su mujer, la primera dama Cilia Flores, una izquierdista de línea dura que fue procuradora general y diputada, y cuyos sobrinos el año pasado fueron condenados por cargos relacionados a narcotráfico en Estados Unidos.

Pero, la pareja presidencial no tiene hijos. Cada uno de ellos tuvo descendencia en relaciones anteriores.

El presidente tiene un solo hijo, de 27 años, con su mismo nombre, y lo acompaña en cada acto de campaña.

La infancia y adolescencia de Maduro es un misterio. Pocas veces habla de sus padres y dice que ambos han fallecido. Incluso algunos dicen que nació en Colombia, pero nadie ha presentado pruebas.

La otra cara

Desde la oposición acusan a Maduro de violar los derechos humanos, de no permitir la libre participación en los comicios con prohibiciones electorales sobre populares candidatos, y de mantener en prisión a políticos opositores.

Pero su entorno coincide en que es un hombre sensible, sencillo, risueño que suele estar de buen humor, es bastante metódico y le gusta trabajar de noche.

“Uno lo observa, anda con esas ojeras. Uno a veces se pone en el papel de él y dice: qué duro le ha tocado al presidente Nicolás Maduro durante estos años que han sido inclementes”, dijo a Reuters Freddy Bernal, ministro de Agricultura Urbana y amigo de Maduro desde hace dos décadas.

Y el propio presidente lo dice.

“A mí me ha tocado dura, yo creo que es la presidencia de la república más dura de la historia de 200 años”, dijo hace unos meses.

Una exfuncionaria que estuvo en el gabinete de Chávez junto a Maduro cuando era canciller dijo que jamás pensó que Venezuela se deterioraría tanto, al punto que la crisis ha expulsado a millones de venezolanos del país y muchos de los que se quedaron buscan algo que comer entre los desperdicios.

“Me sorprende que el presidente a veces parezca como ajeno a la situación”, dijo la exministra de Ambiente y exviceministra de Salud, Ana Elisa Osorio. “Vivo cerca del centro (Caracas) y todos los días veo gente comiendo de la basura (…) Pareciera que tiene una desconexión con la realidad”.

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