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Esto es lo que dice la guía ética del gobierno de AMLO

27-11-2020, 12:16:40 PM Por:
Guía Ética AMLO
© Presidencia de la República

Con un fuerte matiz antiempresarial, y basada en conceptos decimonónicos con respecto a la familia, el texto contradice el actuar cotidiano del presidente

Ya no es una Cartilla Moral como la publicada en 1944 por el escritor regiomontano Alfonso Reyes, aunque sí expresa en lo general una visión antigua y poco apegada a la realidad sobre lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador considera correcto. Es la “Guía ética para la transformación de México”, un texto de 34 páginas con un acentuado matiz antiempresarial, y que también muestra marcadas contradicciones con el actuar cotidiano de la actual administración.

Partiendo del supuesto de que en México imperó un “régimen neoliberal y oligárquico” entre los años ochenta del siglo pasado, y las dos primeras décadas del siglo XXI, en su presentación se asegura que en este lapso “se distorsionó y erosionó la ética que ha caracterizado al pueblo mexicano a lo largo de su historia y ello tuvo como consecuencia un declive moral generalizado en el país”.

Justo en esto radica el principal problema de la guía y del gobierno lopezobradorista: ¿Cuál es esa ética histórica del pueblo en México? ¿Será aquella de principios del siglo XX que negaba derechos políticos, sociales y económicos a las mujeres? ¿Esa que no le permitía divorciarse a las mexicanas, aunque sufrieran maltrato? ¿La que privó de la vida a estudiantes en 1968 y 1971?, ¿O aquella que establecía en sus leyes que el agresor sexual de una mujer, mayor o menor de edad, resarcía el daño casándose con la víctima?

Familia vs. sociedad

La “desintegración familiar”, concepto que en reiteradas ocasiones ha repetido López Obrador, se expresa en esta guía como uno de los problemas que se deben evitar. Tal y como el presidente lo cree a pie juntillas, pues de hecho considera que esa es una de las causas de la violencia que padece el país, la guía exalta “la cohesión familiar” y apunta que “la familia es la principal institución de seguridad social de México”.

Es decir, los parámetros teóricos usados para la elaboración de esta guía son los del presidente, aquellos que se estudiaban en la década de los años setenta como parte de la historia de las ideas políticas y sociales. La guía incluso retoma la teoría del organicismo sociológico, esbozada entre 1800 y 1850 por Augusto Comte y Herbert Spencer, al afirmar que “la familia es la célula básica de la sociedad”, lo que solo es cierto como frase para usarse en charlas de café.

Los análisis actuales, que no solo son académicos, sino que se aplican en las políticas públicas de países como Alemania, Noruega o Dinamarca, observan a la familia como un sistema que se genera y funciona a partir de otros sistemas, incluyendo en estos últimos los sistemas económicos, legales y culturales, entre otros.

No es extraño que la guía ética de López Obrador enfatice en el concepto de la “tradicional familia mexicana”, lamentablemente ese es uno de los principales matices con los que el mandatario gobierna. Por eso la perspectiva de género no es una de las cualidades de esta administración.

Prueba de ello son los exiguos recursos públicos que se le destinan en el presupuesto a solucionar los problemas de violencia, desigualdad e inequidad que las mujeres vivimos en México.

Maldad empresarial

La “Guía ética para la transformación de México” también carga en contra de los empresarios, tal y como sucede en las conferencias mañaneras del presidente.

En vez de verlos a estos como sujetos creadores de empleo y riqueza, considerando que, según datos del INEGI, las micro, pequeñas y medianas empresas generan más del 75% de todos los puestos laborales del país, el gobierno considera que su actividad “se contaminó de un pragmatismo extremo en el que toda consideración humana y todo interés nacional se desechaba en aras de la ganancia desmedida”.

El texto dice que, de parte de los empresarios, debe haber una “ganancia razonable”, pues quien “se arriesga y mantiene fuentes de trabajo, será reconocido por la sociedad como un empresario responsable con sentido social”.

En contraste, “quien pretende hacer negocios mediante el tráfico de influencias, los acuerdos inescrupulosos que afectan a la hacienda pública o mediante la mera especulación, se hará merecedor de la reprobación y el descrédito”.

Es decir, bajo la visión oficial, si se obtiene una ganancia que no es razonable, entonces se hacen negocios que formalmente son ilegales, como los que están mediados por el tráfico de influencias o aquellos que afectan al erario. Además, la guía no dice cómo se mide la razonabilidad de una ganancia, y tampoco menciona porqué -desde su perspectiva- la especulación merece ser reprobada.

Si realmente nos guiáramos por estos preceptos, en México no existiría la Bolsa de Valores, en tanto que cualquier instrumento financiero o de inversión, desde el más sencillo pagaré bancario, hasta los sofisticados futuros y los bonos de deuda, estarían proscritos.

Prédica sin ejemplo

A pesar de que en los casi 24 meses que lleva la actual administración decenas de contratos signados por el Estado mexicano con particulares, nacionales o extranjeros, han sido desconocidos y anulados de manera ilegal, la guía apunta en uno de sus apartados que “los compromisos se cumplen”. En ese tenor, cuando aborda el tema la de “la riqueza y la economía” el texto asegura que “no es más rico el que tiene más sino el más generoso”.

Según el opúsculo, “es lícito poseer y acrecentar bienes materiales por medio de actividades industriales, comerciales, financieras, profesionales o de servicios, siempre y cuando se haga con respeto a las leyes y con la conciencia de que la riqueza debe ser distribuida”.

Nuevamente estamos ante una frase que, analizada lógicamente, nos muestra cómo se gobierna hoy el país: Se reprocha el hacer negocios lícitos si no se tiene la conciencia de que la riqueza debe distribuirse. ¿Qué no se supone que para eso son los impuestos que recibe el Estado? Con o sin conciencia de la necesaria distribución de la riqueza, la generación de esta no es reprochable mientras se haga de acuerdo con la ley.

Y si este gobierno ya está consciente de que hay una mala distribución de la riqueza ¿por qué entonces no propone una reforma fiscal?, ¿por qué se les niega a por lo menos 10 gobiernos estatales la posibilidad de replantear los mecanismos de distribución de los recursos públicos?

Otro aspecto de la guía que es importante destacar es el relativo al ejercicio del poder, el cual, apunta el texto, “sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”.

Más allá de esta frase de campaña, se explica que “mantener una actitud participativa, crítica y vigilante sobre tus gobernantes es la esencia de la democracia y la mejor manera de preservar la libertad, el bienestar y la paz”. Sin duda, esto es cierto, el problema es que Andrés Manuel López Obrador califica a sus críticos como conservadores, corruptos, egoístas y privilegiados, entre otros epítetos que cotidianamente expresa el mandatario.

De igual forma, mostrando que en la administración actual no se predica con el ejemplo, sobre el tema de las leyes y la justicia se enfatiza la ya trillada y contradictoria frase de que en México no hay nada “al margen de la ley”, sino que todo debe ser “por la razón y el derecho; nada, por la fuerza”.

Habría que informarle al presidente y a Enrique Galván Ochoa, Pedro Miguel, José Agustín Ortiz Pinchetti, Jesús Ramírez Cuevas, Margarita Valdés González Salas y Verónica Velasco Aranda, los autores de la guía, que el derecho es un instrumento coercitivo, ergo, sirve para forzar a las personas a actuar de una determinada manera. El derecho y la razón no son compatibles, porque la razón es múltiple y diversa como el número de individuos en una sociedad.

El derecho está para obedecerse, de lo contrario, nos guste o no, este nos forzará a comportarnos tal y como se expresa en las normas, al menos ese es el ideal que prevalece en los Estados democráticos de derecho.

En cuanto a la justicia, la guía argumenta que esta es “la conciliación civilizada de los derechos de dos o más actores sociales con base en el derecho (sic)”, nada más alejado de la realidad. Si se tiene que aplicar el derecho en una controversia, una de las partes necesariamente tendrá que ceder -a la fuerza- en sus pretensiones, pues así es como funciona el derecho.

No es lo mismo conciliar o resolver un conflicto con medios alternativos de solución de controversias, que aplicar la ley o pretender justicia. De hecho, la justicia no necesariamente se encuentra en los preceptos legales, pues este es un concepto que, igual que la razón, es multifacético y depende de cada persona.

Esta diversidad, que precisamente es la que nos caracteriza como sociedad en México, no está considerada en la guía, y lo que en esta se dice tampoco se aplica en el mismo gobierno que ahora promueve estos preceptos como el faro que debe seguir el país.

No obstante, hay algo en el texto que sí debemos tomar en cuenta para nuestro futuro inmediato: “Una persona miente cuando tergiversa o deforma los hechos en forma deliberada, aun sabiendo que lo que expone es parcial o totalmente falso. Esa conducta deteriora rápidamente las relaciones sociales y a la larga termina por afectar al mentiroso”. En esto la guía sí tiene razón.

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mm Periodista y abogada, especialista en análisis jurídico y de derechos humanos. Ha sido reportera, conductora de radio y editora.
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