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Capturar al INE con miras al 2024, el objetivo de la reforma electoral de AMLO

29-04-2022, 8:32:04 AM Por:
INE
© EFE

La iniciativa del mandatario también propone convertir a todos los diputados en plurinominales, y aumentar el financiamiento privado para los partidos.

Disminuir el número de diputados de 500 a 300, pero convertirlos a todos en plurinominales; cambiar el nombre del Instituto Nacional Electoral (INE) y elegir a sus consejeros mediante voto popular; centralizar los comicios estatales y municipales; limitar el número de regidurías en los Ayuntamientos; y aumentar el financiamiento privado para los partidos políticos, son los temas fundamentales de la iniciativa de reforma electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Se trata de una propuesta que acabaría con los mecanismos de representación directa en la Cámara de Diputados, ignorando la pluralidad política del país, pues se propone que estos sean electos mediante listas estatales en las que las curules corresponderían solo al partido que obtenga más votos.

Para el Senado se propone igualmente la reducción de 128 a 96 senadores, que serían electos como los diputados a través del sistema de listas en cada entidad federativa.

Asimismo, plantea que los partidos políticos se mantengan con recursos de particulares y solo reciban financiamiento público cuando vaya a haber elecciones, lo que abre la puerta a que sea el dinero de procedencia ilícita el que impere en el sostenimiento de esos institutos.

También propone que los consejeros del que sería llamado Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC) sean electos mediante el voto ciudadano, convirtiendo a quienes serán autoridad electoral en actores políticos que tendrán que salir a hacer campaña, luego de que para ello emita una convocatoria la Cámara de Diputados.

En síntesis, la iniciativa de reforma a 18 artículos de la Constitución tiene el objetivo de capturar al INE con miras a la elección presidencial de 2024, pues -por lo observado en los últimos comicios de 2021 y en el proceso de revocación de mandato- el presidente quiere una autoridad electoral dócil, y un Tribunal en la materia que no cuestione si desde el Estado se incumple con las reglas que establece hoy en día la Constitución.

Estamos ante una reforma que pretende cambiar por completo nuestro sistema de representación democrática, que crearía una mayoría hegemónica en el Congreso, acorde con los intereses del actual gobierno federal, y que a su vez intenta subvertir los avances político-electorales que se han alcanzado en México en los últimos 30 años.

La iniciativa no responde a la diversidad partidista que vive el país, y en vez de mejorar los aspectos que -efectivamente- deben ajustarse en el sistema electoral, proyecta regresarnos a los tiempos en los que los comicios se manejaban parcialmente, con la intervención de funcionarios gubernamentales.

Fin de la democracia

Lo que el presidente propone ya puede ser considerado como el fin de la incipiente democracia que hasta ahora conocemos en México, la cual se afianzó a partir del año 2000 con la llegada al poder del Partido Acción Nacional (PAN), cuando concluyó la era del hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó a nivel federal durante 71 años.

Pretender que los integrantes de la autoridad electoral sean electos mediante el voto de los ciudadanos no amplía la democracia, por el contrario, hace que sean las organizaciones partidistas, junto con las clientelas políticas creadas desde el gobierno federal, las que definan a los árbitros electorales.

No puede haber imparcialidad entre consejeros que harán campañas para llegar a ese puesto, empezando porque la promoción solo se enfocará a conseguir más votos mediante el carisma o el arrastre popular del futuro consejero o consejera, pues -por lo lógica- las campañas no pueden diferenciarse en propuestas toda vez que estos servidores públicos solo pueden hacer -ya en funciones- lo que les ordenan la ley y la Constitución.

En lo que se refiere a la integración de la Cámara de Diputados el escenario que propone la reforma tampoco mejora nuestro sistema democrático, sino que lo retrasa a los años sesenta, cuando no existían legisladores de los partidos de oposición.

Hegemonía vs. pluralidad

El sistema de listas con el que serían electos los 300 diputados, todos plurinominales, solo beneficia al partido actualmente en el poder, y en un remoto caso -de existir- al partido que domine en una entidad federativa, haciendo a un lado la pluralidad que se vive incluso al interior de las mismas entidades federativas.

Esto es así porque los 300 legisladores no serían electos en igual número de distritos, sino por una lista que cada partido elaborará con el número de curules que le correspondan a cada estado dependiendo de su población.

Hoy en día en cada estado hay varios distritos, los candidatos ganadores de cada distrito pueden ser de manera indistinta de cualquier partido político. Así, por ejemplo, en la Ciudad de México, hay distritos que gana el PAN, y otros en los que gana Morena; en Jalisco -por poner otro ejemplo- hay distritos en los que triunfa Movimiento Ciudadano, y otros en los que el diputado que llega a la Cámara baja es de Morena o del PRI.

En contraste, la reforma propone que ya no haya distritos, sino que -uniformemente- todos los electores de una entidad voten por los candidatos de un partido determinado. El número de candidatos dependerá de la población del estado.

En la propuesta se menciona que, de acuerdo con el número de habitantes, en Aguascalientes solo podrán elegirse a 3 diputados; mientras que en Chiapas serán 13, en la Ciudad de México 22; en el Estado de México 40; en Jalisco 20; en Guanajuato 15; en Nuevo León 14, etc. El número de curules se determinaría de acuerdo con la población general reportada en el Censo.

Siguiendo lo que dice la iniciativa, por ejemplo, cada partido político deberá hacer en Aguascalientes una lista de tres candidatos. En los comicios, los electores de esa entidad ya no votarían por distritos, sino que solo tendrían que elegir la lista de esos tres aspirantes ya sea de un partido o de otro, y así en todos los estados del país.

Con este sistema las oportunidades para que los partidos de la oposición alcancen una curul se reducen, y al mismo tiempo se crearía una mayoría partidista en la Cámara de Diputados que no reflejaría la pluralidad política de las entidades federativas, ergo lo que se intenta es crear nuevamente un partido hegemónico que domine en el Congreso.

Material discursivo

Esta iniciativa tiene muy pocas posibilidades de ser aprobada primero en la Cámara de Diputados y luego en el Senado, pues al tratarse de una reforma constitucional se requiere del voto de las dos terceras partes de los legisladores presentes en cada Cámara, más el aval de al menos 17 Congresos estatales. Morena no tiene esa mayoría en ninguna de las Cámaras.

El presidente lo sabe, y también está consciente que su propuesta puede tener la misma suerte que experimentó la reforma en materia eléctrica, que fue rechazada este mes en Diputados.

No obstante, las 66 páginas de la iniciativa le servirán al mandatario y a Morena para escalar su discurso en contra del INE y, sobre todo, para seguir dividiendo al país entre patriotas y traidores, entre quienes quieren al pueblo y aquellos que son egoístas, en vez de que -como jefe de Estado- gobierne democráticamente para todos.

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mm Periodista y abogada, especialista en análisis jurídico y de derechos humanos. Ha sido reportera, conductora de radio y editora.
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