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Derrames profundos, poca investigación

Las autoridades estadounidenses minimizaron los daños que podría provocar un derrame de este tipo, debido a la falta de investigación.

15-06-2010, 1:02:02 PM
15 de junio de 2010

Luego de una semana de la explosión del pozo petrolero mexicano Ixtoc en 1979, el peor derrame de la historia, Misterveel Rodríguez y otros pescadores de la zona sacaban con sus redes enormes bolas de brea en lugar de huachinangos.

Más de 530 millones de litros de petróleo fueron derramados en las aguas del Golfo de México, que eventualmente llegó a las playas de Texas, a miles de kilómetros de distancia. Esa cantidad es unas tres veces mayor a la que se fugó hasta ahora por el desastre del Deepwater Horizon.

Hasta antes de la explosión de la plataforma de perforación Deepwater Horizon de la empresa British Petroleum en el pozo Macondo en abril, Ixtoc era el único desastre petrolero en el mar que no había sido causado por un buque tanque o un sabotaje.

Aquella catástrofe dejó en claro qué podría salir mal en una perforación en aguas profundas. Después de todo, a la empresa petrolera estatal mexicana Pemex le tomó 297 días y la perforación de dos pozos de alivio, contener el derrame en Ixtoc, a 50 metros de profundidad.

Pero una revisión de cientos de páginas de documentos del Gobierno estadounidense sobre el derrame en Ixtoc, y entrevistas con varios expertos, demuestran que los reguladores minimizaron durante años la posibilidad de que ocurriera un incidente similar en Estados Unidos.

Macondo, escenario del derrame de BP, se ubica a 1,522 metros de profundidad, 30 veces mayor a la de Ixtoc, en las oscuras y heladas profundidades del Golfo.

El camino a Macondo

La perforación petrolera marina enfrentó poca oposición organizada en Estados Unidos hasta 1969, año en el que una plataforma explotó en aguas federales a las afueras de Santa Barbara, California, derramando 11.3 millones de litros en el océano durante cuatro semanas.

En 1982, Washington estableció una moratoria a las perforaciones en aguas federales, que fue renovada y expandida anualmente durante una década. Y en 1992 dejó fuera de los límites permitidos unas 187 millones de hectáreas de aguas federales.

Los costos de explotación en aguas profundas detuvieron a las petroleras de ir a costas abiertas de Texas y Lousiana.

Con la ayuda de Bill Clinton, la industria impulsó la reducción de aranceles a las producciones de gas y crudo, conocidas como regalías federales, para apoyar la perforación a mayores profundidades. En 1996 se reflejaron los resultados, pese a las preocupaciones de los ambientalistas.

Bajo la administración Clinton, el Servicio de Administración de Minerales (MMS, por sus siglas en inglés) trabajó de cerca a la industria petrolera. En agosto de 1997, la agencia anunció una relajación en los requerimientos de pruebas para equipos de prevención de fugas, con lo que las empresas petroleras ahorrarían hasta 46 mdd anuales, al permitirles acelerar los tiempos de perforación.

“Una preocupación en especial es la habilidad de detener un derrame (submarino) en aguas profundas”, escribió el MMS en un reporte en el 2000, sobre impacto ambiental de las perforaciones en el Golfo de México. Sin embargo, el mismo documento calificó un incidente de este tipo como “altamente improbable”.

Hasta el 2000, el MMS contabilizó sólo 7 explosiones por cada 1,000 perforaciones iniciales en el Golfo, de las cuales sólo 23% terminaron con crudo derramado, sin provocar accidentes de importancia.

Derrame profundo

En nueve años, de 1990 a 1999 la actividad en aguas profundas del Golfo de México aumentó 17 veces, gracias al desarrollo tecnológico.

El ritmo acelerado inquietó a algunos científicos y a la comunidad protectora del medioambiente. La inversión en investigación de derrames petroleros sufrió recortes desde 1980, y sólo después del derrame del Exxon Valdez se incrementó el presupuesto, pero para investigación de técnicas para enfrentar derrames en la superficie.

En el año 2000, un proyecto financiado por el MMS y 23 empresas petroleras denominado Deep Spill, investigó por primera vez el derrame de crudo en aguas profundas.

El estudio resaltó que el gas natural en el crudo mostró una evolución inesperada, y especuló que el petróleo en pequeñas gotas podría no emerger jamás a la superficie.

El crudo que brota de Macondo está más caliente que el punto de ebullición del agua, y está mezclado con gas natural que ha estado bajo altas presiones.

Algunos científicos ahora piensan que el petróleo podría quedar atrapado debajo de la superficie en largas columnas submarinas, pero reconocen que carecen del equipo necesario para medir y dar seguimiento al fenómeno.

El peor escenario

Después de la explosión de Macondo, el secretario del Interior estadounidense, Ken Salazar, ha prometido “cambios mayores” a las regulaciones y reorganizar al MMS para elevar su atención en la seguridad.

El Gobierno impuso un veto temporal a las perforaciones en aguas profundas y emitió nuevas reglas. Ahora los operadores en el Golfo están obligados a presentar un plan que demuestre que pueden lidiar con un derrame.

BP ha intentado una serie de soluciones improvisadas, que han arrojado diferentes niveles de efectividad. No obstante la fuga continúa y es poco probable que sea contenida antes de agosto, cuando se termine la perforación de los pozos de alivio.

De vuelta en los empobrecidos pueblos pesqueros en las costas de Tabasco en México, los habitantes, aunque acostumbrados a estos accidentes, se muestran preocupados por la posibilidad de que el crudo de Macondo los alcance.

(Traducido por Armando Tovar, editado en español por Damián Wroclavsky)

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