Si no lo quieres… ¡Subástalo!

Todo tiene un valor y un comprador dispuesto a pagarlo, y las subastas pueden ser una opción para obtener una ganancia de un objeto que pensabas desechar.

23-05-2014, 8:11:31 AM

¿Cuántas veces te ha pasado que haces limpieza de un armario o en la cochera y te encuentras objetos que ni sabías que existían? La primera idea que te viene a la cabeza es tirar todo a la basura, porque en ese momento, lo más valioso para ti es el espacio que ganarás. Pero, ¡espera!, no sabes si eso que tienes en tus manos puede ser valioso para alguien más y está dispuesto a pagarte una buena cantidad con tal de obtenerlo.

Para encontrar a esa persona que está dispuesto a abrir su billetera por eso que quieres desechar, debes acudir a una casa de subastas.

“Aunque estos negocios se especializan en piezas de edición limitada, aquellas que los coleccionistas no puedan encontrar fácilmente, el 90% de las operaciones se hace con objetos comunes: todo lo que está en una casa o en una oficina, ya sea que se encuentre colgado en una pared o techo, que descanse en el piso o que esté guardado en un armario. ¡Todo se puede vender!”, afirma Luis López Morton, director general de la Casa de Subastas Morton.

La ventaja de acudir a una casa de subastas es que cuentan con un equipo de expertos y especialistas que se encargan otorgar un valor estimado, que es lo que aparece en el catálogo que es la guía de precios para el vendedor y el comprador.

Sin embargo, el precio final al que se venderá cada pieza es incierto, ya que en la subasta puede superar por mucho el precio inicial, puede venderse por debajo del precio propuesto o incluso puede no venderse.

¿Cómo se valúa? Documentos, la clave

Cuando llega una persona con una pintura u otro objeto del que resulta difícil establecer su valor de venta, la casa de subastas acude con un especialista que ayuda a determinarlo.

La documentación es la parte más importante para establecer el valor de una pieza. Para el caso de una pintura, escultura u otra pieza de arte, si se cuenta con algún certificado que avale su autenticidad, entones es fácil determinar su valor.

En caso de no contar con un documento que certifique su autenticidad, entonces se procede a hacer una investigación para confirmar que sea legítima.

Un buen punto de partida es la historia sobre cómo obtuviste la pieza, es decir, si la heredaste o la compraste en alguna galería o si ha permanecido en tu familia durante varias décadas, etcétera.

Hay ocasiones en las que hay que acudir con especialistas para que determinen el origen y la autenticidad de la pieza. Este proceso de investigación-valuación tiene un costo es muy variable, el cual puede ir de 2,000 a 8,000 pesos, o más.

Para el caso de otros objetos que no requieren de una autenticación, no se cobra nada por la valuación.

¿Quién da más?

Una vez que se ha hecho la valuación, el siguiente paso es que tú y la casa de subastas estén de acuerdo en el precio de reserva. Es posible que no estés de acuerdo con esta cantidad porque piensas que tu pieza puede valer más.

Aquí tú decides si sigues adelante con la subasta (con la esperanza de que alguien ofrezca más por tu pieza) o si prefieres llevártela de nuevo a tu casa y esperar a que incremente su valor con el tiempo.

Cabe señalar que el precio que se fija en la valuación es conforme a un mercado competitivo, pero el objetivo de una subasta es que se eleve durante la puja, por medio de la dinámica que establece el subastador y los interesados en obtener la pieza.

Si decides continuar con la subasta, firmas un contrato en donde se establece la comisión de la casa de subastas (que normalmente va de 10 a 15% sobre el precio final alcanzado), así como el monto del seguro sobre la reserva, y el costo de un estudio fotográfico para colocar la pieza en los catálogos y la publicidad, así como una cuota de manejo de obra.

Estos precios varían mucho dependiendo del objeto que deseas subastar. Si llevas una colección o un lote de varias piezas, los costos pueden reducirse.

Con la valuación también se fijan los precios estimados bajo y alto, los cuales se publican en el catálogo que sirve de referencia para los compradores.

Si quieres, puedes estar presente en la subasta o esperar a que te den el resultado.

Si tu pieza se vendió, la casa de subastas te notificará la fecha de pago, que generalmente es tres o cuatro semanas después de la subasta, y con la condición de que el comprador haya liquidado. El comprador también debe pagar una comisión de 20% sobre el precio final de la subasta, más 16% de IVA.

En caso de que la subasta no llegue al precio de reserva, entonces no se procede con la venta. En este punto debes decidir si quieres participar en una futura subasta, disminuyendo el precio de reserva y los estimados, o si prefieres recoger tu bien, cubriendo los gastos generados para su catalogación y custodia.

Oportunidades

López Morton comenta que todos los sábados, en su unidad de Moliere, en Polanco, se realiza una subasta de oportunidades, donde puedes vender (o también comprar) un sinfín de objetos de todo tipo y de todas las épocas: muebles retro, minimalistas, clásicos, de diseñador, vintage; consolas fonográficas, tocadiscos, modulares y discos de vinil; binoculares, telescopios y cámaras fotográficas; libros de arte, primeras ediciones y documentos históricos; pinturas y esculturas; piezas de porcelana, Limoges y Lladró; floreros, lámparas, vajillas, cubiertos, relojes, joyería… y un largo etcétera.

Para llevar tus objetos a consignación, debes acudir de lunes a viernes y ahí mismo te pueden dar la valuación. Aquí la comisión de la casa de subastas es de 15% y ya no hay que pagar otro tipo de gastos.

“Hace un par de meses remodelamos estas oficinas y en un clóset encontraron una caja de cartón que tenía un reloj de porcelana roto, que aún conservaba el mecanismo. Cuando lo iban a tirar a la basura, les dije que mejor lo enviaran a la subasta sin reserva. El mecanismo se vendió en 3,500 pesos, y aun cuando se hubiera vendido en $500 pesos o menos, era un buen negocio”, afirma López Morton.

Todo tiene un valor y todo tiene un comprador dispuesto a pagarlo. Así que si encuentras cosas olvidadas en un armario, puedes llevarlas a la casa de subastas y obtener una ganancia que ni siquiera habías contemplado.