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Política cambiaria argentina, ¿un problema para todos?

Los nuevos controles cambiarios del país latino podrían afectar a ahorristas, exportadores e inversionistas, así como aumentar la inflación.

13-09-2012, 8:03:27 AM

Los cada vez más estrictos controles cambiarios en Argentina
han generado múltiples valores para la moneda local, lo que perjudica a los
ahorristas, no ayuda a los exportadores y podría ser contraproducente al
deprimir la inversión y avivar la ya alta inflación.

La presidenta Cristina Fernández está tratando de instalar
una imagen de estabilidad monetaria e intenta terminar con la obsesión de los
argentinos con el dólar, en un país con una larga historia de devaluaciones, la
más reciente en el 2002.

Pero los controles están distorsionando la economía.

El sistema de tipo de cambio múltiple, que el Gobierno no
reconoce, obliga a los ahorristas a pagar más para comprar dólares. Pero los
exportadores, que podrían beneficiarse de un peso más débil, deben liquidar las
divisas que cobran por sus ventas al tipo de cambio oficial, que es más bajo.

Un operador de comercio exterior de productos alimenticios
dijo que solía viajar al exterior 10 veces al año por negocios, pero que ha
recortado esos viajes a dos porque es muy difícil conseguir dólares a la tasa
oficial.

“La venta se hace viajando, no por mail”, dijo en
condición de anonimato por temor a represalias del Gobierno.

“Pero para las pequeñas empresas es muy difícil salir
afuera, primero porque no sabes si vas a poder vender tu producto porque no es
competitivo, y segundo porque tenés que comprar el dólar a siete (pesos por
dólar)” en el mercado informal, agregó.

El tipo de cambio oficial en la tercera economía de América
Latina ronda los 4.66 pesos por dólar. Pero la virtual prohibición a la compra
de moneda extranjera empujó los precios del mercado paralelo a unos 6.30 pesos
por dólar, marcando una brecha del 35 por ciento.

Algunas empresas pagan unos 6.50 pesos por dólar para comprar
acciones y bonos que pueden ser vendidos fuera del país para hacerse de
dólares. Y un nuevo impuesto del 15% sobre las compras con tarjeta de crédito y
débito en el exterior genera otro tipo de cambio, de alrededor de 5.37 pesos
por dólar.

El operador de comercio exterior dijo que algunos
exportadores se han mantenido a flote al asociarse con importadores, que deben
compensar sus compras con ventas en el exterior bajo las poco ortodoxas reglas
del gobierno centroizquierdista.

Para poder equilibrar su balanza, los importadores le pagan
a exportadores para vender en su nombre. Con esos ingresos extra compensan la
falta de competitividad del tipo de cambio.

Los vendedores de materias primas todavía operan en buenas
condiciones gracias a los altos precios de los granos, dijo el operador, pero
las ventas de bienes procesados están cayendo debido a la sobrevaluada moneda,
los crecientes costos y la anémica demanda asociada con la crisis de deuda de
Europa
.

Incertidumbre

Las medidas son similares a las aplicadas en la socialista
Venezuela y los economistas dicen que dañarán a la inversión y al crecimiento
al sembrar incertidumbre sobre el futuro de la política cambiaria.

También podrían empeorar una inflación que ya ronda el 25% anual si los precios de la economía se alinean con el dólar
paralelo.

Los controles además alientan a los argentinos a tomar
atajos ilegales a la hora de conseguir divisas, comprando bienes ficticios con
tarjeta de crédito a cambio de dólares en efectivo, o intercambiando divisas en
las escuelas de sus hijos o en tiendas.

Los exportadores dicen que la solución a esta situación
sería un tipo de cambio oficial más débil.

“El dólar tiene que estar a 6.50. Eso sería el dólar
competitivo que hoy necesitamos los exportadores”, dijo el comerciante de
alimentos.

“Los márgenes de rentabilidad hoy son muy bajos en la
exportación y creo que todos tenemos la expectativa de que esto se va a
modificar en los próximos meses. Esto no aguanta”, agregó.

Poder adquisitivo

Los argentinos están obsesionados por el dólar luego de
varias crisis económicas en las que sus ahorros en pesos se vieron diezmados,
como la debacle financiera del 2001-2002 cuando colapsó un esquema de tipo de
cambio fijo que había sido adoptado una década antes.

Ahorristas enfurecidos protestaron afuera de los bancos
cuando sus depósitos en la divisa estadounidense fueron congelados y
devaluados.

Desde el 2003, el Banco Central ha intervenido en el mercado
de cambios para evitar la volatilidad del peso y ha venido comprando dólares
como forma de incrementar sus reservas.

La entidad ha permitido que el peso se deprecie gradualmente
en términos nominales, pero la alta inflación hizo que los costos locales
medidos en dólares ya no sean baratos.

Bajo el Gobierno del fallecido marido de Fernández y
predecesor en la presidencia, Néstor Kirchner, mantener un tipo de cambio
competitivo para alentar las exportaciones fue uno de los pilares económicos.

Pero Fernández está más preocupada por sostener el mercado
doméstico en momentos en que un enfriamiento de la economía amenaza con
terminar con un auge de casi nueve años.

Según datos privados, está previsto que las exportaciones
caigan en el 2012 al 17% del Producto Interno Bruto (PIB), contra el
22% del 2005.

Inmediatamente después de ganar la reelección en octubre por
un amplio margen, Fernández impuso los nuevos controles de cambios para frenar
la salida de capitales y resguardar las reservas del Banco Central, que el Gobierno
usa para pagar deuda.

“Necesitamos un tipo de cambio de equilibrio que no
haga perder poder adquisitivo a los trabajadores”, dijo Fernández la
semana pasada.

“Los dólares que obtenemos de nuestro intercambio
comercial
son los dólares que tenemos que utilizar para pagar a nuestras
importaciones (…) y, al mismo tiempo, la deuda”, agregó.

La confianza de consumidores y empresas ha caído desde que
el Gobierno comenzó a limitar la compra de dólares y a frenar las importaciones
para incrementar el superávit comercial, una de las pocas fuentes de moneda
extranjera.

La tasa de aprobación de Fernández también ha caído. Una
encuesta del mes pasado realizada por la consultora local Management & Fit
mostró a un 72 por ciento de los encuestados en desacuerdo con el manejo
oficial de la economía.

Pero el analista político Roberto Bacman dijo que la
popularidad de Fernández no ha sido muy dañada por las restricciones al mercado
de cambios, dado que los electores tienden a tener una visión más amplia de la
economía.

“Esto no ha generado protestas, no ha generado
problemas, aunque mucha gente se queja”, dijo Bacman. “En ese
sentido, fue una exitosa maniobra del gobierno argentino”, agregó.

Impacto económico

Desde una perspectiva económica, el sistema de facto de
múltiples tipos de cambio es fundamentalmente ineficiente, dijo Daniel Oks, un
ex economista del Banco Mundial.

“Genera un montón de ventanas posibles para burlar los
controles. La subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de
importaciones son los mecanismos tradicionales de huida de capitales cuando hay
control de cambio”, sostuvo Oks.

“El costo de esta política es que hay menos oferta y
hay menos inversión (…) y, a la larga, menos empleo”, agregó.

Las restricciones sobre la moneda extranjera ya dañaron las
ventas en el mercado inmobiliario, donde históricamente las propiedades fueron
compradas y vendidas en dólares.

Y el sobrevaluado peso oficial ha golpeado a las
exportaciones de todo tipo, desde manzanas hasta aceite de oliva, mientras que
desalienta la inversión en industrias como la plástica, electrónica y
autopartista.

El lucrativo sector de exportación de granos de Argentina
permanece competitivo y su sector automotriz está protegido por acuerdos
comerciales ventajosos con Brasil.

Sin embargo, el caos en el sistema cambiario afecta a
empresas e inversores por igual.

“Los actores económicos suponen que están ante un
escenario de inestabilidad cambiaria, por lo tanto retraen muchas decisiones de
largo plazo esperando que haya un ajuste del tipo de cambio”, dijo Marcelo
Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales
(DNI).

El Banco Central ha estado permitiendo que el peso oficial
se deprecie a un ritmo más rápido. La moneda ya se debilitó un 7.7 por ciento
contra el dólar en lo que va del año, superando la devaluación del 7.6 por
ciento de todo el 2011.

Pero, los analistas están divididos respecto de si el
Gobierno permitirá una devaluación mayor. El banco de inversiones Nomura espera
que el peso se ubique en 5,65 por dólar para fines del 2013, mientras que
Morgan Stanley prevé que esté a 7.

Fernández podría tomarse su tiempo para evitar alinear a los
electores de cara a los comicios legislativos de octubre del año que viene.

“Cuando se devalúa, el que pierde es
siempre el asalariado y ese es el fuerte de la base electoral de ellos.
Entonces tratan de evitar una devaluación a toda costa, y van a seguir haciendo
esto por lo menos hasta las elecciones”, dijo una fuente del mercado
cambiario.

¿Qué opinas de las últimas medidas económicas que ha
impuesto Argentina?

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